En la región colombiana conocida como Refugio, a más de 4.700 metros de altitud, y en algunos puntos cerca de los 5.000, han aparecido suelos volcánicos del Nevado del Ruiz que revelan una sorprendente variabilidad fisicoquímica en propiedades como el pH, la conductividad eléctrica y el contenido de nutrientes. Estas condiciones convierte a este entorno en el primer análogo marciano localizado en Colombia.

Con frío extremo, ausencia de vegetación y un silencio casi absoluto, las condiciones del lugar evocan un escenario marciano y hacen que llegar allí sea un reto logístico, pues el volcán permanece en alerta y la altura provoca síntomas de mal de montaña. Estos contrastes permiten identificar microambientes extremos que, aunque inhóspitos para la mayoría de los organismos, resultan comparables con los que se podrían hallar en Marte.
El primer análogo de Marte localizado en Colombia
La caracterización química de los piroclastos para identificar elementos y compuestos presentes (análisis geoquímico) mostró además diferencias y similitudes notables con muestras de análogos de Marte conservadas en la International Space Analogue Rockstore (ISAR), especialmente en los contenidos de manganeso, hierro y sílice. El retroceso del glaciar del Nevado del Ruiz, acelerado por el deshielo, expone materiales antes cubiertos de hielo y lo convierte en un escenario privilegiado para observar cómo interactúan la geología, el clima y la vida en condiciones extremas.
La inquietud nació hace casi 10 años, cuando el equipo se preguntó qué tan lejos llegarían en Colombia los extremófilos, microorganismos capaces de vivir en condiciones extremas de frío, calor, acidez o radiación.
“Si en la Antártida se han hallado bacterias capaces de sobrevivir en condiciones extremas de frío y radiación, ¿por qué no buscarlas en nuestros volcanes glaciados, es decir, aquellos que combinan actividad volcánica con la presencia de glaciares en sus cimas?”, recuerda la investigadora María Angélica Leal, estudiante del Doctorado en Ciencias – Biología de la UNAL, y en Investigación Espacial y Astrobiología de la Universidad de Alcalá de Henares (España), coautora del artículo.
Así, con su combinación de hielo, suelos volcánicos jóvenes y ambientes hostiles, el Nevado del Ruiz apareció como el escenario ideal para poner a prueba la hipótesis de que también podía ser un análogo de Marte.

Entre hallazgos y sorpresas
La primera campaña de campo, en la que se generaron los datos de esta primera publicación, se realizó en 2017. “Subimos hasta el Refugio cargando palas esterilizadas y bolsas especiales para recolectar muestras de piroclastos en un patrón en Z, una técnica diseñada para capturar la mayor variabilidad posible en términos microbiológicos”, relata el geólogo David Tovar, estudiante del Doctorado en Ciencias – Geociencias de la UNAL, y de Investigación Espacial y Astrobiología de la Universidad de Alcalá de Henares (España), coautor del artículo.
Se recogieron 6 muestras: 5 en zonas poco intervenidas y una de control, en un área transitada por investigadores.
En el laboratorio, cada muestra se sometió a un riguroso proceso. Primero se tomaron secciones delgadas para observar bajo microscopio los minerales presentes y compararlos con información del instrumento CRISM, a bordo del orbitador Mars Reconnaissance Orbiter, que captura imágenes de Marte en decenas de longitudes de onda y permite reconocer minerales a partir de su “huella digital” espectral.
Luego se aplicaron técnicas de fluorescencia de rayos X para precisar la composición química y contrastarla con bases internacionales de análogos marcianos. Paralelamente se cultivaron microorganismos en medios pobres en nutrientes y a distintas temperaturas, entre 4 y 37 °C, para identificar aquellos capaces de sobrevivir al frío extremo, además de fijar nitrógeno y solubilizar fosfato, propiedades determinantes para imaginar escenarios de vida en Marte, incluso para la sostenibilidad humana.

Minerales semejantes a los detectados en Marte
“El hallazgo más emocionante fue confirmar la presencia de minerales como hornblenda y plagioclasa, característicos de las rocas andesíticas del Nevado del Ruiz y semejantes a los detectados en Mawrth Vallis, una región de Marte considerada como estratégica por la evidencia de agua en su pasado”, señala la bióloga Leal.
Para los investigadores, la gran sorpresa fue aislar bacterias vivas en un ambiente tan hostil: Klebsiella spallanzanii y Bacillus cereus, capaces de fijar nitrógeno y solubilizar fósforo. “Encontrar microorganismos que en esas condiciones no solo sobreviven, sino que además fijan nitrógeno y solubilizan fosfato —procesos fundamentales para el sostenimiento de la vida— fue un descubrimiento fascinante”, afirman.
Nada de esto fue sencillo. El volcán, a casi 5.000 metros, impuso sus bajas temperaturas, mal de altura y terrenos inestables. “La primera vez que subí me dio un mareo tremendo; uno cree que es solo cuestión de condición física, pero el cuerpo siente la falta de oxígeno”, recuerda entre risas el geólogo Tovar. A ello se sumaron las restricciones por la actividad volcánica y los largos trámites para legalizar las cepas bacterianas, un proceso que se recién concretó con la Ley 1955 de 2019.
El artículo publicado en Icarus no es solo un paso académico: marca el momento en que la comunidad científica internacional reconoce al Nevado del Ruiz como un verdadero análogo de Marte, bajo criterios comparables a los aplicados en otros lugares del mundo. “Publicar en esta revista, referente en geología y ciencias planetarias, es poner a Colombia en el escenario internacional para el desarrollo de la investigación en análogos. El logro no se queda en un título honorífico, sino que abre la puerta a nuevas publicaciones y a consolidar al volcán colombiano en la red global de escenarios para la exploración planetaria”, explica la investigadora Leal.
Hasta ahora los sitios latinoamericanos reconocidos como análogos marcianos eran el Desierto de Atacama (Chile), la Puna de Atacama (Argentina-Chile), las Pampas de la Joya (Perú) y la Laguna Negra (Argentina).














