El aumento de las temperaturas durante el verano no solo incrementa las molestias del síndrome de ojo seco, sino que también puede llegar a dañar la superficie ocular y favorecer la aparición de lesiones como la queratitis. Así lo advierte el oftalmólogo, Carlos de Astica, quien alerta de que el calor, la baja humedad y otros factores propios de esta época aceleran la evaporación de la lágrima, dejando al ojo sin su principal mecanismo de protección.

«El calor y los cambios ambientales propios de la época estival aceleran la evaporación de la película lagrimal. Al perder esta hidratación, el ojo se queda sin su principal barrera de defensa, lo que incrementa la sequedad y eleva el riesgo de daño en los tejidos superficiales», explica el especialista.
«Las partículas de polvo actúan como un microabrasivo. En un ojo con déficit de lágrima, el simple acto de parpadear genera una fricción mecánica constante que erosiona e irrita la superficie ocular», señala el doctor.
Por qué el verano empeora el ojo seco
Durante los meses estivales coinciden varios factores que favorecen la evaporación de la película lagrimal y aumentan el riesgo de irritación ocular.
El uso continuado del aire acondicionado, la exposición prolongada al sol, el viento, la arena, el cloro de las piscinas o el salitre, junto con los cambios de rutina propios de las vacaciones y un uso más intensivo de las lentes de contacto, someten a la córnea y la conjuntiva a un estrés constante que puede desencadenar problemas oculares.
Cuando el ojo seco provoca lesiones en la córnea
El especialista advierte de que el síndrome de ojo seco no debe considerarse únicamente una molestia pasajera. Cuando no se controla adecuadamente puede provocar microlesiones en la córnea, inflamación persistente de la superficie ocular y una pérdida progresiva de la calidad visual.
«Si la lágrima es inestable, las células epiteliales del ojo sufren estrés por desecación. Esto desencadena una respuesta inflamatoria celular que no solo genera molestias continuas, sino que puede alterar la calidad visual de forma permanente si no se frena a tiempo», detalla el Dr. de Astica.
Entre los síntomas más habituales se encuentran la sensación de arenilla o cuerpo extraño, el picor, el ardor, el enrojecimiento ocular, la fotofobia, la fatiga visual y una visión borrosa o fluctuante que suele mejorar tras varios parpadeos.
Cómo proteger los ojos del calor y prevenir el ojo seco
Para reducir el riesgo de sufrir lesiones en la superficie ocular durante el verano, el oftalmólogo recomienda proteger los ojos con gafas de sol homologadas y de diseño envolvente, evitar la exposición directa al aire de ventiladores o sistemas de climatización y limitar el uso de lentes de contacto, especialmente durante el baño en piscinas o en el mar.
También aconseja utilizar lágrimas artificiales sin conservantes de forma habitual en personas con tendencia al ojo seco y reducir, siempre que sea posible, las actividades al aire libre durante los episodios intensos de calima.
El peligro de automedicarse ante un ojo rojo
El especialista insiste en que uno de los errores más frecuentes consiste en recurrir a colirios sin conocer el origen del problema.
«Un error grave es utilizar colirios blanqueadores, con corticoides o antibióticos ante un ojo rojo cuya causa se desconoce. Un tratamiento inadecuado puede enmascarar un problema ocular grave o puede incluso producir una hipertensión intraocular», advierte.
Por ello, recomienda acudir al oftalmólogo cuando las molestias persistan para realizar un estudio de la superficie ocular y establecer el tratamiento más adecuado en función de cada paciente.













