¿Y si el próximo cambio de la inteligencia artificial no fuera cómo buscamos información, sino quién decide qué información recibimos?

Por Manuel Palomar. Director del Centro de Inteligencia Digital de la Provincia de Alicante (CENID)

El CENID viene manteniendo encuentros con los sectores productivos para analizar cómo la Inteligencia Artificial puede ayudarles a ganar músculo y aumentar su productividad. Uno de esos encuentros lo mantuvimos el pasado lunes con Asociación Provincial de Hoteles y Alojamientos Turísticos de Alicante (APHA), y como parte de la reunión preparatoria leía una noticia sobre cómo la inteligencia artificial está transformando el sector turístico y hotelero.

Según datos de Lighthouse, el 1,4 % del tráfico hacia los hoteles que analiza procede ya directamente de herramientas de IA. Puede parecer poco, pero es el doble que hace apenas seis meses.

Y hay otro dato especialmente significativo: en una encuesta de Amadeus, el 74 % de los viajeros estadounidenses afirma haber utilizado inteligencia artificial para planificar algún viaje.

Pero creo que lo verdaderamente importante no son los porcentajes. Es el cambio que se está produciendo en nuestra forma de relacionarnos con la información y con los servicios. Hasta ahora, cuando buscábamos un hotel, consultábamos diferentes páginas web, comparábamos precios, revisábamos opiniones y tomábamos una decisión. Ahora podemos explicar a un asistente inteligente qué necesitamos y recibir una recomendación personalizada. Y pronto estos sistemas podrán encargarse también de buena parte de las gestiones posteriores.

Esto plantea un desafío extraordinario para las empresas. Porque ya no se trata únicamente de aparecer en los resultados de un buscador. Se trata de conseguir que los sistemas de inteligencia artificial conozcan, comprendan y utilicen correctamente la información de nuestra organización.

Y aquí es donde la investigación en IA tiene mucho que aportar. Los modelos de lenguaje, las técnicas de recuperación aumentada de información (RAG) y los sistemas de agentes inteligentes permiten desarrollar soluciones capaces de trabajar con el conocimiento específico de cada organización.

Pero también plantean nuevos retos: garantizar la fiabilidad de las respuestas, proteger los datos, mantener la trazabilidad de la información y evitar que las empresas pierdan el control de su relación con los clientes.

Desde CENID estamos trabajando precisamente en aplicaciones de inteligencia artificial para el sector hotelero, explorando cómo estas tecnologías pueden contribuir a mejorar sus procesos y servicios.

Y cada vez tengo más claro que el verdadero valor de la IA no estará solamente en disponer de modelos cada vez más potentes, sino en nuestra capacidad para conectarlos con el conocimiento y las necesidades reales de cada EMPRESA.

Pero quizá su mayor impacto esté en cómo va a transformar la relación entre las organizaciones y las personas.

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