Un equipo de investigadores de la Universidad de Alicante ha desarrollado una guía con una serie de recomendaciones para mitigar la subsidencia del suelo, el hundimiento del terreno, un fenómeno asociado a la sobrexplotación de acuíferos que amenaza a zonas como el Valle del Guadalentín, donde el nivel del suelo baja a un ritmo de diez centímetros al año.

Hace años comenzó a manifestarse un fenómeno preocupante en el Valle del Guadalentín, en la provincia Murcia. Este entorno es conocido por su intensa actividad agrícola y por ser el lugar donde se produjo el fatídico terremoto de Lorca en 2011, que causó nueve víctimas mortales y dañó más de la mitad de las edificaciones. Pero también es famoso por ser el lugar con mayor subsidencia de Europa.
El terreno en torno al río Guadalentín, donde se encuentran poblaciones tan importantes como Alhama de Murcia, Totana, Lorca y Puerto Lumbreras, se hunde a una velocidad de unos diez centímetros al año, una auténtica barbaridad. Este fenómeno puede observarse a simple vista en algunas localidades, donde se aprecia la diferencia de nivel y se han tenido que ‘calzar’ edificaciones.
El hundimiento del terreno pone en jaque a las infraestructuras; también incrementa el riesgo de inundación, algo a tener muy en cuenta en esta zona de la Península Ibérica, recurrentemente amenazada por lluvias torrenciales; y en las zonas más cercanas a la costa, multiplica los problemas asociados a la subida del nivel del mar.
Guía para mitigar el hundimiento del terreno
Para mitigar los efectos de la subsidencia del terreno, un equipo del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Alicante, en el marco del proyecto europeo RESERVOIR, ha elaborado una guía de apoyo para la toma de decisiones, donde vienen definidas las acciones a tomar para desacelerar un proceso que pone en jaque a la población.
Todas las medidas están relacionadas con la gestión de los recursos hídricos subterráneos y con la conservación de los acuíferos, no ya solo como reservas de agua fundamentales, sino también como elementos estructurales del terreno.

Causas de la subsidencia del suelo
El hundimiento del terreno está íntimamente relacionado con la explotación de los acuíferos. La extracción de recursos hídricos subterráneos a un ritmo mayor que el de recarga hace que baje el nivel de la reserva y, de paso, el efecto de sostén que ejerce el agua sobre el terreno.
«La subsidencia del terreno en el Alto Guadalentín se debe a la extracción de agua de manera descontrolada», explica la investigadora de la Universidad de Alicante, Concepción Pla. «El agua ejerce una serie de fuerzas sobre la estructura del suelo y funciona como soporte; en el momento en que el agua se extrae con elevadas tasas, se pierde el soporte que ejerce sobre las capas superiores del subsuelo y el terreno se hunde», aclara la investigadora.
La lista de recomendaciones para actuar ante el hundimiento del suelo ha sido resultado del estudio de zonas de Italia, donde el ritmo de hundimiento es de un centímetro al año; de Jordania, cuyo terreno cae unos cuatro centímetros; de Turquía, con un subsidencia de unos seis centímetros anuales; y el Valle del Guadalentín, que tiene el triste honor de ser la que se hunde a un ritmo más elevado: nada menos que diez centímetros al año.
Consecuencias del hundimiento del terreno
«En los cascos urbanos de poblaciones del Alto Guadalentín se detecta que este hundimiento del terreno ha repercutido en las estructuras y en las viviendas; se observan grietas que se pueden asociar a este fenómeno», afirma Concepción Pla.
El problema del hundimiento del suelo va más allá que una serie grietas en edificaciones, hasta el punto de que puede afectar a estructuras estratégicas, como hospitales, vías de comunicación principales, estaciones de bomberos y policía, así como a las vías de transporte de suministros básicos como energía y agua. Por este motivo, en una de las líneas de trabajo de este proyecto europeo se elaboró un listado con las estructuras críticas que podrían verse afectadas.
Es más, el hundimiento del terreno y el vaciado de los acuíferos incide sobre la tipología de terremotos, tal y como publicó, en 2012, un equipo de investigación del Instituto de Geociencias del CSIC, liderado por José Fernández. En este estudio se demostró que «una variación del peso sobre la corteza terrestre, en este caso, debido a una disminución de carga por la extracción de agua subterránea en la cuenca del Alto Guadalentín, que registra una tasa de hundimiento de 10 centímetros al año, puede controlar las características de un terremoto tectónico».

Acciones para frenar la caída del suelo
En todas las regiones analizadas la composición de las rocas es diferente, sin embargo, se repite un patrón común: en todas ellas se encuentran acuíferos sometidos a unos niveles de extracción insostenibles. Entonces, las actuaciones de mitigación se dirigen a conservar los acuíferos y reducir el nivel de explotación de las reservas subterráneas. Sin embargo, no siempre es posible aplicar esta solución drástica, hay que buscar vías intermedias.
Una de las primeras medidas a poner en marcha consiste en mejorar toda la infraestructura de suministro, para reducir las pérdidas de agua. Una segunda medida va dirigida al control legal de las extracciones de agua, de manera que e acabe con los pozos ilegales y se conozca realmente la cantidad de agua que sacada del acuífero cada año, ya que con una información fiable se pueden aplicar políticas de gestión adecuadas.
Llegado el momento, se puede pensar en reestructurar los sectores más demandantes de agua, que en el caso del Guadalentín es la agricultura, de forma que incremente el uso de agua desalada y regenerada, aunque esta medida tampoco es sencilla, por el coste elevado de estos recursos. Además, también se puede recurrir. la recarga de acuíferos con agua trasvasada de otras cuencas.
El hundimiento del suelo avanza en silencio pero a un ritmo acelerado por el cambio climático. Y si no se actúa pronto, el socavón no solo se llevará edificaciones, sino todo un modelo social económico de éxito.













