¿Por qué hay bulos que se propagan en cuestión de horas mientras otros desaparecen sin apenas llamar la atención? La respuesta podría estar menos en el contenido falso en sí que en la forma en la que está construido.

Una investigación desarrollada por verificadores de Newtral y especialistas del Centro de Investigación de Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada ha identificado un patrón psicológico que aparece de forma repetida en los mensajes que alcanzan una mayor difusión en redes sociales. Los investigadores lo han denominado «paquete retórico», una combinación de mecanismos que favorece la viralidad de la desinformación y alimenta el prejuicio.
El estudio analizó cerca de 290.000 publicaciones relacionadas con los disturbios ocurridos en Torre-Pacheco (Murcia) durante julio de 2025, utilizando ese episodio como caso de estudio para comprender cómo se construyen y propagan los mensajes virales.
El patrón que comparten los bulos que más se difunden
El principal hallazgo es que los mensajes más eficaces para propagarse no utilizan un único recurso, sino una combinación muy estable de varios mecanismos psicológicos.
Los investigadores comprobaron que estos elementos aparecen conjuntamente entre el 86 % y el 99 % de las ocasiones, independientemente de si el contenido se publica en X, TikTok o Telegram.
Ese «paquete retórico» está formado por cuatro ingredientes que se refuerzan mutuamente.
El primero consiste en crear una identidad grupal, contraponiendo continuamente un «nosotros» frente a un «ellos». A ello se suma una presentación distorsionada de los hechos, seleccionando únicamente la información que encaja con una narrativa previa.
El tercer componente son las inferencias causales injustificadas, que atribuyen la responsabilidad a un supuesto culpable o recurren a explicaciones conspirativas simplificadas.
El cuarto ingrediente es el uso de emociones intensas, especialmente la ira, el miedo o el asco, capaces de aumentar la implicación emocional del receptor y favorecer que el mensaje se comparta.
Según el estudio, la repetición de este patrón en plataformas muy distintas indica que no se trata de un fenómeno casual, sino de una estructura comunicativa que favorece sistemáticamente la viralidad.
El insulto suele preceder a las llamadas a la acción
La investigación también identifica un patrón especialmente llamativo en los mensajes más agresivos. Las publicaciones que incluyen llamamientos a actuar aparecen prácticamente siempre acompañadas de descalificaciones, insultos o representaciones peyorativas dirigidas tanto a otros usuarios como a colectivos sociales.
Los datos muestran una correlación de entre el 99 % y el 100 % entre las llamadas a la acción violenta y este tipo de lenguaje despectivo en todas las plataformas analizadas.
En la práctica, esto significa que la movilización no suele construirse únicamente mediante una petición de actuar, sino también a través de la deshumanización o desacreditación previa del supuesto adversario.
Invocar una autoridad multiplica el alcance del mensaje
Otro de los resultados más relevantes tiene que ver con el papel de la credibilidad aparente. Los investigadores comprobaron que los mensajes que apelan a una supuesta autoridad o presentan argumentos destinados a reforzar su credibilidad consiguen mucha más difusión que el resto.
En X, este tipo de publicaciones puede alcanzar hasta cinco veces más interacción que la media de la plataforma, lo que convierte la apelación a la autoridad en uno de los elementos que más potencia la viralidad de la desinformación.
La mayoría del contenido tóxico no procede de la mayoría de usuarios
El estudio también desmonta una idea muy extendida: que estos discursos surgen de forma espontánea entre grandes masas de usuarios. Los datos muestran justamente lo contrario.
En X, únicamente el 12,4 % de las cuentas que participaron en la conversación sobre Torre-Pacheco generó la mitad de los mensajes con interacciones despectivas hacia otros usuarios o colectivos.
La concentración es todavía mayor en Telegram, donde solo 14 canales fueron responsables del 50 % de todo el contenido tóxico detectado durante el periodo analizado.
Estos resultados apuntan a que la difusión de este tipo de mensajes depende en gran medida de un reducido número de emisores especialmente activos, más que de una participación masiva de la comunidad.
Lo que revela esta investigación sobre la propagación de la desinformación
Más allá del caso concreto de Torre-Pacheco, el trabajo sugiere que los bulos más virales siguen patrones psicológicos reconocibles y repetitivos. Comprender esos mecanismos puede ser clave para diseñar mejores estrategias de alfabetización mediática, detectar campañas coordinadas y limitar la difusión de la desinformación antes de que alcance una gran escala.













