Pineros, la conexión entre Cazorla y Triana

Pineros, la conexión entre Cazorla y Triana

Antiguos pineros de la Sierra de Cazorla.

Antiguos pineros de la Sierra de Cazorla.

El Guadalquivir y el Segura se convirtieron en las vías para llevar la madera de las sierras de Cazorla y Segura a los astilleros de Sevilla y Cartagena. Los pineros, una profesión ahora desaparecida, se encargaban de guiar la madera por el río. 

La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla es el edificio industrial más importante de los levantados en la España del siglo XVIII y solamente superado en tamaño por el monasterio de El Escorial.

Pineros guían madera por el río.

Pineros, llevaban madera desde la sierra de Cazorla hasta Sevilla y Cartagena

Esta magna construcción, levantada entre 1728 y 1770, es baluarte de la arquitectura barroca española y dio cabida a una más que rentable industria del tabaco. Sin lugar a dudas, la construcción de la Fábrica de Tabacos, hoy día Rectorado de la Universidad de Sevilla, supuso un punto de inflexión en la economía de la ciudad andaluza.

Y también en lugares situados en la cabecera del Guadalquivir, como la sierra de Cazorla y Segura, donde la demanda de madera para la construcción de este magno edificio significó el nacimiento de una actividad maderera que se prolongó hasta mediados del siglo XX.

La actividad maderera tuvo a unos protagonistas que han quedado olvidados con el paso del tiempo: los pineros, los trabajadores encargados de bajar la madera del monte y transportarla por el río hasta la ciudad de Sevilla, en unas travesías que llegaban a durar hasta un año y en las que tenían que superar todo tipo de penalidades.

De los pineros solo quedan infraestructuras olvidadas

De estos pineros de las sierras de Segura y Cazorla apenas queda nada, ni tan siquiera las fiestas que recuerdan esta actividad como ocurre en Navarra y encalves del Pirineo. Solamente se conservan un conjunto de infraestructuras olvidadas, que han quedado como testigo de una actividad que llenó de vida la sierra y que desapareció con la misma rapidez con la que comenzó a mediados del siglo XVIII.

La historia de los pineros de la sierra de Cazorla empezó en 1733, cuando se bajó la primera maderada para la construcción de la Fábrica de Tabacos de Sevilla. El Ministerio de Hacienda de la época envió a una serie de técnicos a la sierra jiennense para evaluar la madera de la zona y comprobar si reunía las características necesarias para la construcción de este gran edificio.

Era una manera de recuperar una actividad que se inició con los árabes y de aprovechar una autovía fluvial como el río Guadalquivir, que se convirtió en la vía por la que discurrieron toneladas y toneladas de pinos.

Infraestructura empleada por los pineros.

De la Sierra de Cazorla hasta el barrio de Triana

En los albores de esta actividad, la madera llegaba hasta el propio barrio de Triana, donde era almacenada y recibía los tratamientos necesarios para incorporarse a las obras. Y eran los propios pineros de la sierra de Cazorla y Segura los que acompañaban a los troncos por la orilla del río, en unas travesías penosas, que llegaban a durar hasta un año entero.

Los pineros tenían una pericia enorme en su trabajo y una capacidad de aguante difícil de imaginar en nuestros días. Había veces que tenían que meterse en los ríos para guiar los troncos, otras en las que arriesgaban sus vidas para salvar la maderada de las corrientes.

Incluso, cuando el nivel del agua bajaba mucho, tenían que sacar la madera del agua y empujarla por la ribera del río hasta llegar a un punto con la corriente y el nivel suficiente como para continuar el camino por el río.

Las condiciones laborales de los pineros eran penosas

“Las condiciones laborales eran penosas, pero aún así eran mejores que las de cualquier otro jornalero. Es cierto que era muy duro, había más tiempo de trabajo y también mucho más peligro, y eso se pagaba. Su modo de vida era muy penoso, y eso hacía que mucha gente no quisiera participar en esta actividad. Porque, por ejemplo, no todo el mundo estaba dispuesto a meterse en los ríos en pleno invierno…”, explica el director del grupo de investigación Territorio y Política Regional de la Universidad de Jaén, Eduardo Araque, que analiza esta actividad en su libro Los últimos pineros, editado por la Universidad de Jaén y en el que reconstruye la historia del transporte fluvial de madera desde las sierras de Segura y Cazorla hasta 1950.

La actividad maderera en esta sierra fue enorme y se convirtió en el principal motor económico de la zona, que se convirtió en el “principal proveedor de madera del país”.

Madera para los astilleros

El uso naval fue el destino principal de la madera que bajaba de la sierra de Cazorla y Segura, y surtía a los astilleros de Sevilla, a donde llegaba a través del Guadalquivir; y Cartagena, que aprovechaba el curso del río Segura para transportar los troncos que servían para construir los barcos que salían de su puerto.

Todo cambió con la llegada del ferrocarril, a mediados del siglo XIX. Las autovías fluviales que llegaban hasta Sevilla y Cartagena se cambiaron por el tren, y la actividad de los pineros consistía el bajar la madera desde las sierras hasta los lugares cercanos al paso del tren.

La actividad de los pineros estuvo ligada al ferrocarril.

Irrupción del ferrocarril en la actividad de los pineros

En el alto Guadalquivir, los troncos se bajaban hasta la localidad de Mengíbar, lugar de paso de la línea Madrid-Cádiz. En la provincia de Jaén también se bajaban hasta Baeza, a través del río Guadalimar y ahí eran transportados en el ferrocarril Linares-Baeza.

En la zona del río Segura, la madera bajaba por el agua hasta la Estación de Minas, en la línea que va desde Albacete a Alicante, y que está muy cercana a la desembocadura del Río Mundo.

La llegada del ferrocarril significó también una diversificación de los usos de la madera sacada de las sierras de Cazorla y Segura, que además de para fabricar barcos, se empleó para la construcción de las traviesas empleadas en las líneas férreas.

Madera para las vías férreas

De hecho, Renfe se convirtió en una de las principales demandantes de madera, sobre todo en la última etapa de esta actividad económica, en torno a la mitad del siglo pasado.

En esta época, según estudios de Eduardo Araque, llegaron trabajar hasta 2.000 pineros en cada una de las conducciones madereras que se realizaron entre 1943 y 1950, una cifra que sirve para hacerse una idea de la cantidad de madera que bajó de la sierra, para la construcción de traviesas, y muy superior a las cuadrillas de 100 ó 150 hombres que empleaban en las maderadas de años precedentes.

La actividad maderera generó toda una industria en estas sierras, con empresas especializadas en todos los trabajos con la extracción y tratamiento de los troncos. Sin embargo, el cese de la actividad se llevó por delante a todas estas empresas que habían supuesto un soplo de vida a una zona castigada desde el punto de vista económico.

Ahora apenas queda nada de los pineros, si bien el recuerdo de los más mayores de la zona y de investigaciones como la realizada por Eduardo Araque, que trae a nuestros días una actividad imprescindible para el desarrollo naval de nuestro país y que conectó la sierra alta con sus dos vertientes a través del Guadalquivir y del Segura.

Reportaje en memoria de Eduardo Araque, recientemente fallecido. D.E.P.

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