Más de la mitad de los mayores sufren algún grado de soledad no deseada

La soledad no deseada se consolida como uno de los grandes desafíos asociados al envejecimiento de la población. Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) revela que más de la mitad de las personas mayores analizadas en la provincia experimentan algún grado de aislamiento emocional, una situación vinculada a problemas de salud física y mental y que ya se considera una cuestión de salud pública.

La investigación, realizada sobre una muestra de 377 personas mayores de 60 años de distintos municipios jiennenses, concluye que el 44% presenta niveles moderados de soledad no deseada, mientras que un 13% sufre niveles severos, lo que significa que cerca de seis de cada diez participantes conviven con algún grado de este fenómeno.

La soledad se relaciona con la depresión y una menor red de apoyo

El estudio, titulado Escuchando el silencio: soledad no deseada en adultos mayores a través de un análisis de riesgos y factores protectores en la provincia de Jaén, muestra una estrecha relación entre la soledad no deseada, la depresión y la percepción de falta de apoyo social.

Los resultados indican que las personas con mayores niveles de aislamiento emocional presentan también mayores índices de sintomatología depresiva y menores niveles de resiliencia personal.

Estas conclusiones refuerzan las advertencias de la comunidad científica sobre el impacto que la soledad tiene sobre la salud. Diversas investigaciones han asociado este fenómeno con un peor estado general, alteraciones del sueño, menor satisfacción vital e incluso pensamientos suicidas.

El riesgo no depende de tener hijos o vivir acompañado

Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo es que la soledad no deseada no está necesariamente relacionada con factores que habitualmente se consideran determinantes.

Los investigadores comprobaron que variables como el sexo, el hecho de tener hijos, convivir con otras personas, disponer de mascotas o acudir con frecuencia al médico no explican por sí mismas los niveles de soledad detectados.

Este resultado desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre el aislamiento en las personas mayores y apunta hacia factores mucho más complejos.

Las residencias, la viudedad y la brecha digital aumentan el riesgo

El estudio identifica varios perfiles especialmente vulnerables frente a la soledad no deseada.

Los mayores índices de aislamiento aparecen entre personas que viven en residencias de mayores, aquellas que se encuentran en situación de viudedad, quienes presentan alguna discapacidad física, utilizan medicación para dormir o cuentan con un bajo nivel educativo.

Otro de los factores que más influye es la denominada brecha digital. Las personas que no utilizan las nuevas tecnologías para comunicarse o para actividades de ocio muestran niveles de soledad significativamente más elevados.

Los investigadores consideran que este hallazgo refuerza la necesidad de impulsar programas de alfabetización digital dirigidos específicamente a la población mayor.

Un problema de salud pública y de justicia social

La investigación sostiene que la soledad no deseada no puede entenderse como un problema individual ni como una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Los datos obtenidos en Jaén respaldan la idea de que se trata de un fenómeno estrechamente vinculado a factores sociales, económicos y territoriales.

El estudio concluye que las situaciones de aislamiento se concentran especialmente en personas que acumulan condiciones de vulnerabilidad relacionadas con la salud, la educación, el acceso a recursos o la integración comunitaria.

Esta visión coincide con las líneas de actuación recogidas en el nuevo Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026-2030, que considera la soledad una cuestión de justicia social y no únicamente un problema personal.

Jaén, laboratorio para entender el envejecimiento de la población

La investigación ha sido desarrollada por las profesoras María Auxiliadora Robles Bello, Nieves Valencia Naranjo y María Eva Martín Puga, de la Universidad de Jaén, en colaboración con el Área de Igualdad, Políticas Sociales y Juventud de la Diputación Provincial.

La muestra estuvo integrada por 180 hombres y 197 mujeres, con edades comprendidas entre los 60 y los 101 años, procedentes tanto de entornos rurales como urbanos de la provincia.

Las evaluaciones se realizaron de forma presencial, voluntaria y anónima, bajo la aprobación de la Comisión de Ética de la Universidad de Jaén.

La evidencia científica apunta a políticas de proximidad

Más allá del diagnóstico, los investigadores consideran que los resultados deben servir para diseñar estrategias de intervención más eficaces.

El estudio señala que combatir la soledad no deseada exige políticas públicas basadas en evidencias científicas y adaptadas a las características de cada territorio.

En una provincia especialmente afectada por el envejecimiento demográfico como Jaén, los autores defienden la necesidad de impulsar medidas de proximidad, fortalecer las redes de apoyo comunitario y reducir la brecha digital para prevenir situaciones de aislamiento.

La investigación sitúa así a la provincia como un referente en el análisis científico de uno de los grandes desafíos sociales de las próximas décadas: garantizar el bienestar emocional y la calidad de vida de una población cada vez más longeva.