España se ha convertido en el país europeo que más se acerca a un reparto equilibrado de los permisos parentales entre madres y padres. Sin embargo, alcanzar una corresponsabilidad plena sigue dependiendo menos de los cambios culturales que del propio diseño de la legislación. Esa es la principal conclusión de una investigación del Instituto de Estudios Fiscales, con participación de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) a través de la profesora de Economía Aplicada, Cristina Castellanos Serrano.

El estudio, titulado ¿Por qué el uso de los permisos parentales sigue siendo tan desigual?, firmado por Adela Recio Alcaide, María Pazos Morán y Cristina Castellanos Serrano, analiza la evolución de los permisos por nacimiento en 31 países europeos entre 1983 y 2023 y concluye que la igualdad en los cuidados depende, sobre todo, de cómo se diseñan las políticas públicas.
España, el único país europeo que se acerca a la corresponsabilidad
Los resultados muestran que, en cuatro décadas, la participación masculina en los permisos por nacimiento apenas ha pasado del 0 % al 9 % del tiempo total utilizado por ambos progenitores en el conjunto de Europa. Las madres siguen concentrando el 91 % de las semanas disfrutadas.
España constituye la gran excepción. Según la investigación, es el único país europeo que entra en el intervalo de la corresponsabilidad, con los padres utilizando el 42 % del total de semanas disfrutadas por ambos progenitores. Las investigadoras atribuyen este resultado a un modelo basado en permisos de igual duración, intransferibles y remunerados al 100 %.
Para medir esta realidad, las autoras desarrollaron el indicador PLEI-LFS, elaborado a partir de microdatos de la Encuesta de Población Activa europea, que compara el porcentaje de semanas utilizadas por los padres respecto al total disfrutado por ambos progenitores y lo contrasta con un índice teórico basado en la legislación de cada país.
El diseño legal pesa más que el cambio cultural
La investigación concluye que el comportamiento de madres y padres está fuertemente condicionado por la regulación de los permisos. Cristina Castellanos explica que utilizar el permiso en solitario constituye una muestra clara de implicación en el cuidado cotidiano del bebé y advierte de que esa posibilidad disminuye cuando la legislación no protege suficientemente a quienes la ejercen.
«Si el uso del permiso puede traer consecuencias negativas para la situación laboral o el desarrollo profesional, será menos utilizado por los varones».
Los 17 factores que mantienen la desigualdad en los cuidados
El estudio identifica 17 mecanismos normativos que dificultan una distribución equilibrada de los cuidados. Entre ellos destacan la mayor duración del permiso materno, la posibilidad de transferir semanas entre progenitores, una remuneración insuficiente, la obligación de disfrutar parte del permiso simultáneamente, la necesidad de obtener autorización de la empresa para organizarlo o la posibilidad de aplazar semanas durante años tras el nacimiento.
A partir del análisis comparado de los 31 países, las investigadoras concluyen que un sistema realmente igualitario debe ofrecer permisos de igual duración, intransferibles y remunerados al 100 % para ambos progenitores, permitir su disfrute de forma flexible durante el primer año de vida sin depender de la autorización empresarial y complementarse con una red suficiente de educación infantil de 0 a 3 años.
Por qué es importante que el padre cuide solo al bebé
El trabajo dedica un apartado específico a explicar por qué ambos progenitores deberían disfrutar del permiso en momentos distintos. Según Cristina Castellanos, la primera razón es que el papel de padre cuidador principal se consolida cuando este permanece varias semanas como único responsable del bebé, una experiencia que puede transformar su implicación futura.
La segunda es que la presencia de dos figuras cuidadoras desde los primeros meses contribuye a normalizar el reparto de responsabilidades y reducir los estereotipos de género.
La tercera ventaja consiste en facilitar la reincorporación laboral de la madre, que puede volver al trabajo sabiendo que el bebé continúa siendo atendido por el otro progenitor.
Por último, en un contexto donde las plazas de educación infantil de 0 a 3 años siguen siendo insuficientes, este reparto ayuda a reducir la presión sobre el sistema durante el primer año de vida.
El reto pendiente del modelo español
Pese a situarse como referencia europea en permisos parentales, la investigación advierte de que muchos padres siguen disfrutando el permiso al mismo tiempo que la madre. Las autoras consideran que la corresponsabilidad aumenta cuando el padre permanece solo al cuidado del bebé tras la reincorporación laboral de la madre, ya que esa experiencia favorece un reparto más equilibrado de las tareas de cuidado.
El estudio también cuestiona uno de los cambios introducidos por la reforma española de 2025, que permite utilizar dos semanas del permiso hasta que el menor cumple ocho años. Según las investigadoras, la experiencia de países como Suecia y Noruega indica que esa flexibilidad suele emplearse mayoritariamente en etapas posteriores, mientras las madres siguen concentrando el cuidado durante el primer año, reforzando el modelo tradicional.
Castellanos considera que España todavía puede perfeccionar su sistema. «Podría dar pasos decididos y convertirse en pionera en este campo sin incrementar el gasto presupuestario, únicamente con pequeños cambios legislativos».
La investigadora concluye con una reflexión sobre la evolución de la corresponsabilidad: «En un siglo, puede que resulte casi incomprensible que los padres no fueran considerados cuidadores principales».













