Lo que durante más de tres décadas fue considerado un vestigio de época romana ha resultado ser una pieza clave para comprender las redes comerciales y militares del Mediterráneo bajomedieval. Una investigación liderada por la Universidad de Alicante (UA) ha reinterpretado uno de los hallazgos arqueológicos más singulares encontrados en aguas españolas: los 43 cascos descubiertos en 1990 en el yacimiento subacuático de Piedras de la Barbada, frente a la costa de Benicarló.

El estudio, publicado en la revista científica Antiquity, de la Universidad de Cambridge, ha sido desarrollado por un equipo internacional coordinado desde la Universidad de Alicante y encabezado por Manuel Frallicciardi, doctorando en cotutela entre la UA y la Universidad de Salerno. Los resultados sitúan el origen de estas piezas entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, desmontando definitivamente la atribución romana que acompañó al hallazgo desde su recuperación.
El mayor conjunto de cascos medievales hallado en el Mediterráneo occidental
La historia comenzó de forma accidental cuando unos pescadores extrajeron con sus redes dos grandes bloques metálicos compactados por la corrosión marina. En su interior apareció un conjunto excepcional de yelmos de hierro cuyo alcance solo ahora empieza a comprenderse.
Los investigadores consideran que la concentración de 43 cascos medievales corresponde a una parte de un cargamento que originalmente pudo ser mucho mayor. Aun así, el número de piezas recuperadas convierte este descubrimiento en el mayor lote de armamento defensivo medieval documentado hasta la fecha en el Mediterráneo occidental.
Según explica Raimon Graells, profesor de la Universidad de Alicante, codirector del proyecto doctoral y coautor del trabajo, el hallazgo trasciende el interés arqueológico. “Estamos ante una evidencia directa del comercio de armamento a gran escala. Este descubrimiento revela una red de intercambios y comunicaciones mucho más compleja de lo que se pensaba hasta ahora”.
Una ruta comercial que conectaba la costa valenciana con Génova
La investigación apunta a la existencia de circuitos comerciales consolidados entre la costa de la actual Comunidad Valenciana y algunos de los grandes centros mercantiles de la época, especialmente Génova, una de las grandes potencias económicas del Mediterráneo medieval.
La presencia de un cargamento tan numeroso de equipamiento militar sugiere que el transporte de armas formaba parte de redes logísticas perfectamente estructuradas, capaces de abastecer a territorios alejados mediante rutas marítimas especializadas.
Este hallazgo aporta nuevas evidencias sobre la circulación de mercancías estratégicas en una etapa marcada por conflictos políticos, amenazas corsarias y una creciente demanda de equipamiento defensivo.
La metodología de la Universidad de Alicante que resolvió el misterio
Uno de los aspectos más innovadores del estudio ha sido la aplicación de una metodología desarrollada por investigadores de la Universidad de Alicante. Aunque este sistema de análisis ya se utilizaba en otros contextos arqueológicos, nunca se había empleado para examinar armamento medieval de estas características.
La combinación de este enfoque con las dataciones por radiocarbono (carbono 14) realizadas sobre restos textiles conservados en el interior de varios cascos permitió establecer una cronología mucho más precisa.
Frallicciardi recuerda las dificultades iniciales para identificar las piezas. “Al principio era complicado situarlos en una época concreta porque presentaban rasgos que recordaban tanto a modelos tardorromanos como a posibles ejemplares medievales inspirados en la tradición clásica”.
Los análisis científicos demostraron finalmente que la tipología de los cascos no encajaba con ninguna de las catalogadas hasta ahora. “Cuando inicié la investigación me resultó increíble comprobar que prácticamente no existían paralelos conocidos”.
El investigador localizó algunas representaciones iconográficas similares en Inglaterra durante el siglo XIV, aunque sin equivalencias exactas. Los resultados del carbono 14 confirmaron que se trataba de una forma de casco escasamente documentada y perteneciente a una etapa de transición tecnológica que no tuvo continuidad posterior.
Un accidente marítimo conservó intacto el cargamento durante siglos
Los especialistas consideran que todas las piezas formaban parte de una única remesa transportada por vía marítima. La hipótesis más plausible apunta a que el cargamento estaba embalado cuando se produjo algún incidente durante las operaciones de carga o descarga.
El conjunto apareció a apenas seis metros de profundidad, junto a una zona utilizada históricamente como embarcadero. Según Raimon Graells, parte de la mercancía habría quedado atrapada bajo la arena sin posibilidad de ser recuperada en aquel momento.
Ese accidente fortuito permitió que los cascos permanecieran ocultos durante siglos, protegidos por los sedimentos marinos.
Los tejidos conservados en el interior fueron clave para la investigación
La excepcional conservación de las piezas se debe a la acción conjunta de las concreciones marinas y los sedimentos acumulados durante siglos. En varios ejemplares, estos depósitos sellaron los tejidos que recubrían el interior de los cascos, generando microambientes estables capaces de preservar materiales orgánicos que normalmente desaparecen con el paso del tiempo.
Precisamente esos fragmentos textiles se convirtieron en una evidencia fundamental para reconstruir la historia del conjunto y fechar con precisión el momento en que el cargamento llegó al fondo marino.
Un Mediterráneo marcado por la piratería y la militarización
Los investigadores sitúan el hundimiento en una etapa especialmente convulsa para el Mediterráneo occidental. Durante el siglo XIV, la expansión de la piratería islámica sobre las costas valencianas y la creciente militarización del litoral impulsaron la demanda de armamento defensivo.
En ese contexto, el cargamento podría haber estado destinado a milicias locales, tropas del Reino de Valencia o compañías armadas encargadas de proteger la frontera marítima.
Más allá de la singularidad arqueológica del hallazgo, el estudio aporta una nueva perspectiva sobre el comercio de armas, las conexiones internacionales y las necesidades defensivas de las sociedades mediterráneas medievales. Los 43 cascos de Benicarló ya no son una curiosidad arqueológica atribuida a Roma, sino una prueba excepcional de cómo circulaban personas, mercancías y tecnología militar en el Mediterráneo de finales de la Edad Media.














