La Universidad de Málaga ha cerrado el curso 2025/2026 con dos indicadores que marcan su evolución reciente: un importante crecimiento de la financiación para investigación y una reducción del déficit estructural cercana al 80 %, aunque la institución advierte de que su situación financiera continúa siendo delicada por la infrafinanciación que arrastra respecto al resto del sistema universitario andaluz.

Durante la reunión del Claustro Universitario, el rector, Teodomiro López, realizó un balance del curso en el que destacó tanto los avances científicos como los principales retos económicos de la institución.
Casi 17,3 millones para impulsar la investigación
Uno de los datos más destacados del balance corresponde a la actividad científica. La Universidad de Málaga ha obtenido 9,6 millones de euros en la convocatoria 2025 del Plan Nacional de I+D+i, destinados a financiar 68 proyectos de investigación, a los que se suman 7,73 millones de euros del Programa Estatal para la I+D y el Desarrollo Experimental, situándose como la segunda universidad andaluza con mayor financiación en esta convocatoria.
A estos resultados se une la incorporación de nuevas infraestructuras estratégicas, entre ellas un sistema de computación cuántica en el Centro de Supercomputación y Bioinnovación (SCBI), ubicado en Málaga TechPark, y un equipo de secuenciación genómica de altas prestaciones para los Servicios Centrales de Apoyo a la Investigación.
El rector también destacó que el instituto IHSM La Mayora ha alcanzado la máxima calificación en la convocatoria andaluza de Unidades de Excelencia.
Un déficit mucho menor, pero una financiación aún insuficiente
En el plano económico, la gerente de la Universidad de Málaga, Rosario Gómez, explicó que el déficit estructural ha pasado de 27 millones de euros en 2023 a 5,5 millones en 2025, una reducción muy significativa lograda tras la aplicación del plan de ajuste aprobado el pasado año.
Sin embargo, advirtió de que la universidad continúa en una situación financiera «muy delicada». Según los datos presentados al Claustro, la financiación por estudiante sigue siendo 485 euros inferior a la media andaluza, lo que supone un desfase de ingresos cercano a 18 millones de euros. A ello se suma una deuda de aproximadamente 4 millones de euros pendiente de abono por parte de la Junta de Andalucía correspondiente a gastos de personal de 2025.
Más alumnos y una empleabilidad superior al 71 %
El curso también deja cifras positivas en materia académica. La convocatoria ordinaria de la PAU 2026 reunió a 9.326 estudiantes, un 6,44 % más que el año anterior. De quienes realizaron la fase de acceso, el 91,61 % superó las pruebas.
En cuanto a la inserción laboral, la Universidad de Málaga informó de que la empleabilidad de sus titulados alcanza el 71,3 % un año después de finalizar sus estudios, porcentaje que aumenta hasta el 74,01 % a los dos años de graduarse.
Además, cerca de 3.000 estudiantes recibieron becas o ayudas al estudio durante el curso.

Un curso marcado también por la innovación y la sostenibilidad
Entre los principales hitos del año, el rector destacó la transformación de la estructura de gobierno de la universidad para reforzar áreas como la innovación tecnológica, la estrategia digital y la transferencia de conocimiento.
También repasó avances como el desarrollo del nuevo modelo energético basado en autoconsumo renovable, la creación del Centro de Formación Permanente, la firma de 762 convenios de cooperación educativa, la organización del I Campeonato del Mundo Universitario de Pádel y la presencia de la UMA en destacados eventos culturales.
En el ámbito de la innovación, la universidad obtuvo el Premio a la Mejor Patente de la Oficina Española de Patentes y Marcas por un biosensor fotónico y recibió reconocimientos por proyectos como Vivir en Casa, Málaga Racing Team y UMA InTech.
Inteligencia artificial y convivencia universitaria
Durante el Claustro también intervino el Defensor de la Comunidad Universitaria, Pedro Farias, quien presentó el balance anual de la Defensoría.
El órgano gestionó 222 actuaciones, más de un 30 % que el curso anterior, y destacó la necesidad de adaptar la normativa universitaria a la irrupción de la inteligencia artificial.
Farias defendió que el uso de estas herramientas debe abordarse con «reglas claras, garantías y proporcionalidad», evitando tanto la banalización del fraude académico como la sospecha automática sobre el estudiantado.













