¿Se puede enseñar pensamiento computacional sin encender un ordenador? Un equipo científico de la Universidad de Málaga (UMA) ha demostrado que sí. Su investigación, realizada con alumnado de 9 y 10 años de colegios de la provincia de Málaga, muestra que los niños pueden desarrollar habilidades propias de la programación y diseñar algoritmos mediante tareas ‘desenchufadas’, utilizando materiales físicos y manipulativos en lugar de dispositivos digitales.
El estudio, publicado en la revista International Journal of Science and Mathematics Education, analiza cómo estas actividades permiten trabajar el pensamiento computacional dentro de las matemáticas y, al mismo tiempo, reforzar capacidades como el razonamiento, la resolución de problemas y la toma de decisiones.
Los alumnos no necesitan escribir código para enfrentarse a problemas que requieren una forma de pensar similar a la que utilizan los programadores. Analizan información, dividen un problema en partes, plantean soluciones, anticipan resultados, comprueban sus propuestas y corrigen los errores.
“Los estudiantes analizan información, descomponen problemas, construyen soluciones, anticipan qué ocurrirá, las ponen a prueba y corrigen errores”, explica la profesora Cristina Ayala-Altamirano, una de las autoras del trabajo.
Pensar como un programador sin tocar un ordenador
El concepto de pensamiento computacional suele asociarse a la informática y a la programación. Sin embargo, sus principales habilidades pueden desarrollarse sin utilizar dispositivos electrónicos.
Eso es precisamente lo que plantea la investigación de la UMA. A través de las denominadas tareas desenchufadas, los estudiantes trabajan con actividades físicas que les obligan a seguir procesos de predicción, creación y optimización.
En otras palabras, primero tienen que imaginar qué puede ocurrir, después construir una solución y finalmente comprobar si funciona. Si se equivocan, deben identificar el problema y modificar su propuesta.
Este proceso convierte el error en una parte del aprendizaje, en lugar de considerarlo simplemente como el resultado de haber dado una respuesta incorrecta.
Probar, fallar y volver a intentarlo también enseña matemáticas
El planteamiento permite además presentar las matemáticas de una manera diferente a la tradicional. En lugar de limitarse a calcular o aplicar procedimientos aprendidos previamente, los alumnos tienen que explorar, razonar y tomar decisiones.
“La matemática se presenta, así, no solo como cálculo y aplicación de procedimientos, sino como una oportunidad para explorar, razonar, tomar decisiones, comprobar y aprender de los errores, sin que para ello sea imprescindible utilizar un ordenador”, señala Ayala-Altamirano.
Esta forma de trabajar conecta las matemáticas con situaciones en las que no existe necesariamente una única ruta evidente hacia la solución. El estudiante debe probar estrategias, comprobar sus resultados y decidir cómo mejorar el procedimiento.
Para los investigadores, este tipo de aprendizaje puede contribuir a preparar al alumnado para enfrentarse a problemas y situaciones nuevas, una capacidad que resulta relevante más allá de la propia asignatura de Matemáticas.

Alan Turing y Joan Clarke también entran en el aula
El proyecto incorpora además una dimensión que va más allá de las habilidades matemáticas y computacionales. Los investigadores han introducido una perspectiva socioafectiva mediante las figuras de los matemáticos Alan Turing y Joan Clarke.
El objetivo es utilizar sus historias para trabajar aspectos relacionados con el trabajo en equipo, la valoración de la ciencia y la superación de barreras sociales.
De este modo, las actividades no se centran únicamente en conseguir que los alumnos resuelvan correctamente un problema. También pretenden mostrar que la ciencia y las matemáticas son actividades humanas que se desarrollan mediante la colaboración y que han estado condicionadas históricamente por diferentes barreras sociales.
Un cuaderno para llevar las actividades a las aulas
Los resultados del trabajo no se han quedado en el ámbito de la investigación. El equipo de la UMA ha puesto a disposición de los centros educativos un cuaderno de trabajo con tareas aplicadas y validadas para desarrollar esta metodología.
El material forma parte del proyecto Iniciación al pensamiento computacional desde una perspectiva socioafectiva en educación matemática mediante recursos manipulativos, desarrollado por investigadores de la Facultad de Ciencias de la Educación, el Instituto Universitario de Investigación en Formación de Profesionales de la Educación (IFE) y el Área de Didáctica de la Matemática.
El proyecto está financiado por el Plan Propio de Investigación, Transferencia y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga. Comenzó en 2024 y continuará hasta diciembre de 2027.
La siguiente fase contempla ampliar la propuesta a Educación Secundaria y a otros niveles educativos, con el objetivo de comprobar cómo puede trasladarse este enfoque a distintas etapas de la formación.
La investigación plantea así una alternativa a una idea cada vez más extendida: que para desarrollar competencias digitales hay que pasar necesariamente más tiempo delante de una pantalla. En este caso, los niños pueden aprender a pensar como un ordenador sin utilizar uno, utilizando las matemáticas, objetos físicos y, sobre todo, la capacidad de probar una solución, detectar un error y volver a intentarlo.













