La UJA vuelve a una necrópolis ibera de Alcaudete excavada hace 50 años con herramientas que entonces no existían

Hace más de medio siglo, los arqueólogos excavaron la necrópolis ibera de La Bobadilla, en Alcaudete. Aquellos trabajos fueron fundamentales para dar a conocer uno de los enclaves arqueológicos más importantes del Alto Guadalquivir. Pero la arqueología ha cambiado mucho desde entonces. Hoy es posible analizar los restos humanos, los sedimentos y hasta los suelos a escala microscópica para obtener información que hace décadas era imposible detectar.

Con ese objetivo, el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén (IAI-UJA) iniciará en octubre una nueva fase de investigaciones en La Bobadilla, en la que excavará tanto la antigua necrópolis como el oppidum ibero. El propósito es reconstruir con mayor precisión cómo vivía, se organizaba y enterraba a sus muertos la comunidad que ocupó este territorio durante más de cinco siglos.

Los trabajos realizados hasta ahora mediante prospecciones arqueológicas y técnicas geofísicas, entre ellas el georradar, han confirmado la presencia ibérica tanto en el asentamiento como en el área funeraria y han permitido conocer mejor su extensión, organización y estado de conservación.

Las primeras evidencias apuntan a una ocupación del oppidum desde el siglo V a. n. e. hasta el siglo I d. n. e., una prolongada presencia que convierte a La Bobadilla en un enclave clave para comprender la organización del territorio durante la época ibérica.

Dos caras de una misma comunidad

La nueva campaña permitirá dar un salto desde la prospección a la excavación. Los investigadores podrán documentar directamente estructuras, depósitos, enterramientos y diferentes niveles arqueológicos para reconstruir la evolución del asentamiento.

La particularidad del proyecto está en que no estudiará de forma aislada el poblado y la necrópolis. Ambos espacios serán analizados como dos partes de una misma comunidad: uno refleja la vida cotidiana, las actividades domésticas y productivas; el otro, las prácticas funerarias, la memoria y la representación social.

“Las investigaciones desarrolladas en la década de 1970 fueron decisivas para dar a conocer La Bobadilla y situarla en el mapa de la arqueología ibérica, pero la arqueología dispone hoy de herramientas capaces de extraer información que entonces no podía registrarse o analizarse”, explica Juan Pedro Bellón, director del Instituto de Arqueología Ibérica de la UJA.

Volver ahora al yacimiento permitirá, según Bellón, conectar aquella documentación histórica con nuevos datos obtenidos directamente sobre el terreno y plantear preguntas sobre la vida cotidiana, la estructura social, las prácticas funerarias, la relación entre las personas y su entorno y la transformación del asentamiento a lo largo del tiempo.

Arqueología para descubrir lo que antes no podía verse

La excavación incorporará técnicas que permiten analizar el yacimiento desde diferentes escalas. El equipo combinará el trabajo arqueológico de campo con estudios antropológicos de las personas enterradas, análisis físico-químicos de los sedimentos y técnicas de micromorfología de suelos, capaces de estudiar estos materiales a escala microscópica.

El proyecto incorporará además la perspectiva de género como una herramienta transversal para interpretar el registro arqueológico y tratar de comprender de una manera más completa las relaciones sociales de las comunidades iberas.

La responsable del proyecto, la investigadora Isabel Moreno, señala que los trabajos permitirán “profundizar la sobre la secuencia de ocupación y la organización interna del oppidum y la necrópolis de estos dos espacios emblemáticos de la arqueología ibérica”.

La combinación de estas técnicas puede proporcionar información que no se limita a identificar edificios o enterramientos. Los investigadores podrán estudiar cómo se utilizaban los espacios, qué actividades se desarrollaban en ellos, cómo cambiaron a lo largo de los siglos y qué diferencias sociales pueden quedar reflejadas en las prácticas funerarias.

Un yacimiento con más de 500 años de historia

La Bobadilla ofrece además una oportunidad excepcional por la duración de su ocupación. Las evidencias disponibles sitúan la presencia ibérica desde el siglo V a. n. e. hasta el siglo I d. n. e., más de quinientos años durante los cuales el asentamiento experimentó transformaciones y desempeñó un papel relevante en la organización del territorio.

La investigación tratará precisamente de reconstruir esos cambios y relacionarlos con la evolución de las comunidades que ocuparon el enclave.

Para Manuel La Torre Aranda, alcalde de la E.L.A. de La Bobadilla, el inicio de esta nueva campaña supone “un punto de inflexión muy importante para la localidad, para la provincia y para el conocimiento de las sociedades íberas”.

La arqueología sale del laboratorio

El proyecto no se limitará a excavar. Desde el inicio de los trabajos se han organizado conferencias abiertas, encuentros con vecinos, visitas al yacimiento y actividades de divulgación con el objetivo de acercar la investigación a la población.

La iniciativa está financiada por la E.L.A. de La Bobadilla y el Ayuntamiento de Alcaudete y pretende convertir el yacimiento en un espacio de encuentro entre investigación, patrimonio y ciudadanía.

Después de más de medio siglo desde las primeras excavaciones de la necrópolis, La Bobadilla vuelve a ser objeto de investigación. La diferencia es que esta vez los arqueólogos cuentan con herramientas capaces de leer el pasado con un nivel de detalle que aquellos primeros investigadores no tenían.

Y esa es precisamente una de las claves del proyecto: no se trata solo de volver a excavar lo que ya se excavó, sino de volver a mirar un yacimiento antiguo con preguntas y tecnologías nuevas.