El sureste de la península ibérica alberga algunas de las áreas más importantes del Mediterráneo para tiburones, rayas y quimeras. Sin embargo, todavía se conoce poco sobre cómo influyen las distintas modalidades de pesca en estas especies y en sus hábitats. Para responder a esa pregunta, personal del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) ha puesto en marcha TIRRAQUI 2, un proyecto que analizará el impacto de la actividad pesquera en espacios marinos de alto valor ecológico de Murcia y Alicante.

La iniciativa da continuidad a un proyecto anterior que confirmó la importancia del sureste ibérico para numerosas especies de condrictios y la necesidad de profundizar en el conocimiento de su interacción con las pesquerías. En esta nueva fase, los investigadores estudiarán la relación entre las flotas de arrastre de fondo y de artes menores con las poblaciones presentes en espacios de la Red Natura 2000, tanto en Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) y Zonas Especiales de Conservación (ZEC).
El objetivo es generar conocimiento que permita compatibilizar la conservación de la biodiversidad marina con una actividad pesquera sostenible.
Identificar las zonas donde tiburones y pesca coinciden
Uno de los principales retos del proyecto será conocer cómo cambian en el espacio y en el tiempo las capturas de tiburones y rayas asociadas a las diferentes modalidades de pesca.
Para ello, el equipo analizará información obtenida entre los 10 y los 800 metros de profundidad, lo que permitirá estudiar tanto especies costeras como especies de aguas profundas.
Los investigadores también comprobarán si las áreas de puesta, concentración de reproductores y presencia de ejemplares juveniles identificadas en la primera fase del proyecto mantienen su importancia con el paso del tiempo. Además, estudiarán la conectividad entre las zonas ocupadas por individuos maduros e inmaduros, un aspecto clave para comprender cómo puede afectar la presión pesquera al ciclo de vida de estas especies.
«TIRRAQUI 2 nos permitirá ir un paso más allá de la identificación de las zonas de presencia y de interacción con las pesquerías, para evaluar de forma más precisa el riesgo al que se enfrentan las distintas especies y aportar información que pueda ser útil para establecer medidas de gestión», explica Elena Barcala, investigadora del IEO-CSIC y responsable del proyecto.
Miles de datos para mejorar la gestión marina
El estudio aprovechará el amplio volumen de información disponible en las bases de datos del IEO-CSIC, procedente de programas de observadores a bordo, muestreos en lonja del Programa Nacional de Recopilación, Gestión y Utilización de Datos del Sector Pesquero (PNDB), la campaña científica MEDITS y los proyectos de seguimiento de las reservas marinas de la Región de Murcia.
La integración de estas fuentes permitirá combinar información sobre capturas, distribución y abundancia de las especies con datos de actividad pesquera y características del hábitat. A partir de estos datos se estimará el riesgo asociado a cada modalidad de pesca y se desarrollarán propuestas de gestión, incluyendo posibles actuaciones de zonificación y medidas para reducir las interacciones con las especies más vulnerables.
Ciencia y pescadores para proteger la biodiversidad
El proyecto incorpora un importante componente de ciencia participativa y transferencia de conocimiento, con la implicación del sector pesquero, administraciones públicas y entidades dedicadas a la conservación marina.
Participan las cofradías de pescadores de San Pedro del Pinatar, Cartagena, Águilas, Santa Pola, Villajoyosa y Jávea, además de GALP La Marina, GALPEMUR, Fundación Marilles, la Dirección General de Producción Agrícola, Ganadera y Pesquera de la Región de Murcia y la Consejería de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana.
Durante el desarrollo del proyecto también se llevarán a cabo actividades de divulgación dirigidas al sector pesquero y a la sociedad para poner en valor la importancia ecológica de estos espacios y promover una gestión compatible con la conservación de los condrictios.
«La conservación de tiburones, rayas y quimeras requiere conocer dónde se encuentran, qué áreas son importantes para su ciclo vital y cómo interactúan con las actividades humanas. Pero también necesitamos que ese conocimiento pueda traducirse en medidas de gestión viables y compartidas con el sector pesquero», concluye Elena Barcala.













