
Artículo de
María Eva Martin Puga, Auxiliadrora Robles Bello y Nieves Valencia Naranjo.
Departamento de Psicología de la Universidad de Jaén.
Investigadoras principales del proyecto Escuchando el silencio: soledad no deseada en adultos mayores a través de un análisis de riesgos y factores protectores en la provincia de Jaén (Proyecto IEG_2025).
El envejecimiento de la población se ha convertido en uno de los grandes cambios sociales de nuestro tiempo. En las próximas décadas, el número de personas mayores crecerá de forma muy significativa en todo el mundo, hasta el punto de que para 2050 una de cada cinco personas tendrá más de 60 años (Organización Mundial de la Salud, 2025). En España, esta transformación será aún más visible, se estima que en 2055 casi un tercio de la población superará los 65 años (Instituto Nacional de Estadística, 2024).
La vejez y la soledad no deseada
La vejez es una etapa vital en la que las personas resignifican sus vínculos, contemplan su legado y aprenden a valorar la vida en los pequeños momentos cotidianos. Es un periodo marcado por la gratitud y la nostalgia, por recuerdos felices y también por pérdidas y cambios emocionales.
Sin embargo, estar rodeado de familiares o amistades no siempre garantiza sentirse acompañado, ya que es posible experimentar una profunda sensación de vacío incluso en presencia de otros. En este contexto, la soledad no deseada no implica únicamente estar solo, sino sentirse solo. A diferencia del aislamiento social, que hace referencia a la ausencia objetiva de contactos o interacciones sociales, la soledad constituye una experiencia subjetiva y emocional que surge cuando la persona percibe que sus relaciones sociales no satisfacen sus necesidades afectivas, de apoyo o de compañía.
Tipos de soledad e impacto en la salud
Los especialistas diferencian principalmente dos tipos de soledad. Por un lado, la soledad social, relacionada con la falta de una red amplia de amistades, apoyo o participación social. Por otro, la soledad emocional, que surge cuando falta una relación cercana, íntima o de confianza con la que compartir emociones y experiencias personales.
La soledad no deseada emerge como uno de los principales desafíos de salud pública, debido a su impacto sobre la salud física, el bienestar emocional y la calidad de vida de las personas mayores. Se ha encontrado, además que la soledad no deseada mantiene una relación bidireccional y crítica con la depresión geriátrica. Niveles altos de soledad no solo predicen la aparición de síntomas depresivos, sino que también se asocian con mayor estrés, alteraciones del sueño, deterioro cognitivo e incluso ideación e intentos suicida.
Factores de riesgo de la soledad no deseada
La evidencia científica ha identificado diversos factores de riesgo que aumentan el riesgo de experimentar soledad no deseada en la vejez. Aunque cualquier persona puede sentirse sola, existen determinadas circunstancias personales, sociales y de salud que incrementan esta vulnerabilidad.
Las personas mayores que viven en centros residenciales suelen presentar niveles de soledad más elevados que aquellas que permanecen en sus hogares, especialmente cuando perciben una pérdida de autonomía o una disminución de sus vínculos sociales habituales. La viudez constituye otro de los principales predictores de soledad, ya que la pérdida de la pareja implica no solo la ausencia de compañía diaria, sino también la desaparición de un vínculo emocional significativo. Del mismo modo, vivir solo puede favorecer la cronificación de este sentimiento. Las personas con menor nivel educativo suelen disponer de menos recursos sociales y oportunidades de participación comunitaria, lo que puede dificultar el mantenimiento de redes de apoyo.
La presencia de enfermedades crónicas, discapacidades, limitaciones en la movilidad o una mayor dependencia sanitaria se asocian con mayores niveles de aislamiento y malestar emocional. Asimismo, el consumo de medicación para dormir y el aumento de las visitas médicas se han relacionado con una mayor vulnerabilidad psicológica.
La brecha digital, también, se ha convertido en un factor de riesgo cada vez más relevante. La falta de acceso o de habilidades para utilizar tecnologías de comunicación, como teléfonos inteligentes, videollamadas o redes sociales, puede dificultar el contacto con familiares y amistades, incrementando la sensación de desconexión social en una sociedad cada vez más digitalizada.
Factores protectores frente a la soledad
Conocer qué ayuda a proteger a las personas mayores frente a la soledad es fundamental para promover un envejecimiento saludable y una mejor calidad de vida. Uno de los factores más importantes es sentirse apoyado y acompañado por la familia, las amistades y las personas cercanas. Saber que se cuenta con alguien con quien hablar, compartir momentos o pedir ayuda genera seguridad emocional y bienestar. Cultivar la resiliencia, como esa capacidad de afrontar las dificultades y adaptarse a los cambios de la vida es un valor añadido que, si va unido además de unas buenas habilidades sociales, que permitan una expresión de sus emociones y la posibilidad de pedir apoyo cuando lo necesitan mejora los sentimientos de soledad.
Otro elemento protector es la participación social. Mantenerse activo, participar en actividades, relacionarse con otras personas y sentirse útil dentro de la comunidad favorece un envejecimiento más positivo y satisfactorio. Además, para muchas personas, la espiritualidad o la religión representan una fuente de apoyo emocional. Estas prácticas pueden ayudar a afrontar el estrés, dar sentido a las experiencias difíciles y facilitar el contacto con redes sociales y comunitarias.
Prevención e intervención desde la comunidad
Para combatir este fenómeno, es fundamental que las políticas públicas vayan más allá del ámbito sanitario y adopten un enfoque social y comunitario. Resulta necesario promover la alfabetización digital de las personas mayores, mejorar los programas de acompañamiento y fortalecer las redes de apoyo y participación social dentro de la comunidad.
La soledad no deseada no debe entenderse como una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino como un desafío social que requiere la construcción de entornos más inclusivos, accesibles y conectados. En esta línea, desde la Universidad de Jaén se desarrolla el proyecto “Escuchando el silencio: soledad no deseada en adultos mayores a través de un análisis de riesgos y factores protectores en la provincia de Jaén” (Proyecto IEG_2025), subvencionado por la Diputación Provincial de Jaén, una iniciativa orientada a comprender mejor este problema y a identificar estrategias de prevención e intervención que favorezcan el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores.














