Artículo de Teresa Valcarce y Juan M. Muñoz. Creadores de una edición limitada de Reales de a Ocho.
En 1584 el Rey Felipe II intentó fundar una ciudad permanente en el Estrecho de Magallanes para para frenar a los piratas y a los hijos de Gran Bretaña que querían cruzar este estratégico paso. Encargó el asunto a Pedro Sarmiento de Gamboa, que lideró la misión. En 1584 fundó la ciudad con unos 300 colonos. Pero el clima tan hostil acabó haciendo fracasar el proyecto. Hoy una moneda de aquel imperio «donde no se ponía el sol» ha servido como testigo para encontrar su ubicación exacta

Hace muchos muchos años en un reino junto al mar…
… el Rey Felipe II tuvo una idea loca. Mandó poner una ciudad en un paso muy duro, al sur del mundo, en el Estrecho de Magallanes. Era un sitio frío, con viento sin fin y mar bravo. Ese paso era clave para frenar a los piratas y a los hijos de Gran Bretaña que querían cruzar el Estrecho.
Encargó el asunto a Pedro Sarmiento de Gamboa, que lideró la misión. En 1584 fundó la ciudad con unos 300 colonos. No eran solo soldados. Había familias, curas y gente de muchos oficios. Iban con ganas y con fe en una vida nueva.
Al llegar se dieron cuenta de que aquello no era el Mar Caribe. El frío calaba hasta los huesos. El viento no paraba. No había comida. La tierra no daba casi nada. El mar no siempre ayudaba.
Al principio lucharon. Levantaron chozas, hicieron fuego, trataron de sembrar. Pero el tiempo jugó en su contra. No llegaron más barcos con ayuda. Quedaron aislados.
Poco a poco el hambre les ganó. La ciudad se quedó en silencio.
Nadie quedó con vida. La ciudad murió con ellos.
Se le llamó Puerto del Hambre.
440 Años después, hace unos días, han halado sus ruinas. La pista clave fue una moneda de plata.
Durante la fundación de la ciudad, Sarmiento colocó la primera piedra de la iglesia del asentamiento. Como parte del ritual enterró una moneda sobre esa piedra.
El hallazgo tuvo su gracia. El equipo había leído los escritos del marino español. Peinaron la zona con geolocalización de alta precisión y detector de metales. Iban midiendo la fuerza de las señales y qué profundas estaban. Así dieron con un punto que marcaba más de lo normal. No sabían qué era, fijaron el sitio se pusieron a cavar. Y ahí, justo ahí, salió la moneda.
Lo más gracioso es que la pieza estaba en su posición original. Sobre la misma piedra. ¿Qué moneda era?. Un duro que pocos hispanos conocen: un duro de peso, de 27 gramos de plata.
Comprátelo antes de que se acaben. Porque se van a acabar. Desearás verlo en tu salón y contarles a tus hijos lo que fue. Lo que fuimos.













