«El patrimonio portuario es fácil de perder porque no suele estar protegido»

El patrimonio portuario constituye una parte esencial de la memoria de las ciudades, pero también uno de sus elementos más vulnerables. Así lo advierte la arquitecta e investigadora de la Universidad de Málaga (UMA) M.ª José Andrade, que reclama una mayor protección para los antiguos espacios industriales vinculados a los puertos y defiende su reutilización como herramienta para impulsar un desarrollo urbano más sostenible.

«El patrimonio portuario es fácil de perder porque no suele estar protegido; un ejemplo claro de ello es la pérdida de la lonja«, afirma Andrade, codirectora del encuentro El puerto de Málaga en 360º, organizado dentro de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA).

Reutilizar el patrimonio para atraer talento y revitalizar la ciudad

Para la investigadora, conservar estos espacios no responde únicamente a una cuestión histórica o cultural. Su recuperación puede convertirse en un motor de innovación y desarrollo económico.

«Este patrimonio tiene un papel crucial en la identidad colectiva y significa una relación importante de las personas con la ciudad«, explica.

Andrade sostiene que la reutilización adaptativa de edificios y espacios portuarios permite proteger este legado y, al mismo tiempo, recuperar áreas degradadas o infrautilizadas.

En su opinión, estos enclaves pueden convertirse en espacios donde desarrollar nuevas actividades económicas gracias a que suelen ofrecer costes de implantación inferiores y favorecen la llegada de empresas innovadoras.

La arquitecta considera que esta estrategia permite «reactivar zonas que son complicadas para vivir o trabajar» y contribuir a «atraer talento y nuevas tecnologías«.

Los cruceros deben mejorar la ciudad, no saturarla

Otro de los grandes retos que analiza la investigadora es el crecimiento del turismo de cruceros y su impacto sobre la habitabilidad urbana.

Lejos de plantear un rechazo frontal a esta actividad, Andrade apuesta por una gestión equilibrada.

«Han venido para quedarse y son beneficiosos siempre y cuando no obstaculicen el funcionamiento de la propia ciudad ni minimicen el resto de las industrias«, sostiene.

A su juicio, el verdadero desafío consiste en aprovechar la actividad económica que generan los cruceros para transformar los espacios portuarios y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

La experta defiende «aprovechar la fuerza del turismo para mejorar la calidad de vida urbana» mediante la creación de nuevos espacios públicos y una mejor integración entre el puerto y la ciudad.

La integración puerto-ciudad requiere una visión multidisciplinar

Para Andrade, comprender la relación entre un puerto y su entorno urbano exige analizar simultáneamente factores económicos, ambientales, sociales y de movilidad.

Por ese motivo, considera que la planificación debe abordarse desde diferentes disciplinas.

«Se requiere un equipo multidisciplinar que trabaje capa por capa. Si se analiza de forma aislada, no se llega a un buen puerto«, explica.

Una «interfaz verde» para el puerto del futuro

La investigadora sitúa la Agenda 2030 como uno de los marcos de referencia para el futuro de los espacios portuarios.

En este contexto, considera prioritario «proteger la horizontalidad y el espacio público del puerto, evitando colmatarlo de construcciones«.

Como alternativa propone desarrollar el concepto de Green Interface, una interfaz urbana verde capaz de integrar el puerto con la ciudad.

Según explica, este modelo busca «oxigenar la contaminación, aportar sombra y ofrecer un espacio público de calidad para contemplar tanto la actividad portuaria como el frente marítimo y el mar abierto«.

Para Andrade, el futuro de los puertos pasa por encontrar un equilibrio entre actividad económica, conservación del patrimonio, sostenibilidad ambiental y calidad de vida urbana, transformando estos espacios en lugares más abiertos, resilientes e integrados en la ciudad.