El número de grandes aves desciende a la mitad: es el resultado de un estudio español realizado en Sudáfrica

La mitad de las especies de rapaces y grandes aves terrestres del centro de Sudáfrica han sufrido declives significativos, muchos de ellos superiores al 50%, en los últimos 16 años. Así de contundentes son los resultados de un estudio internacional en el que participa el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN‑CSIC).

La investigación, publicada en Biological Conservation se basa en el análisis de 391.789 kilómetros de transectos entre 2009 y 2025, uno de los esfuerzos de monitoreo más extensos realizados en el continente hasta la fecha. Al comparar los datos con las estimaciones del atlas ornitológico africano de ciencia ciudadana SABAP2, que se ha convertido en una importante herramienta de referencia para el seguimiento de la avifauna en África, solo la mitad de los resultados coinciden. Por lo tanto, se demuestra que la fiabilidad de las estimaciones obtenidas a partir de datos basados en ciencia ciudadana es limitada.

Un declive alarmante y oculto

El análisis muestra que 13 de las 26 especies estudiadas, 10 de ellas rapaces, presentan descensos significativos. Entre las especies más afectadas se encuentran el cernícalo primilla, Falco naumanni, el halcón de Amur, Falco amurensis, el busardo chacal, Buteo rufofuscus, la avutarda de Ludwig, Neotis ludwigii, o la grulla azul, Anthropoides paradiseus. Hasta ahora, varias de las cuales estaban categorizadas como no amenazadas a nivel local y global. En contraste, solo tres especies mostraron tendencias positivas claras: el cernícalo mayor, Falco rupicoloides, el buitre dorsiblanco africano, Gyps africanus, y el cuervo de cuello blanco, Corvus albicollis

Los niveles de declive que hemos encontrado son profundamente preocupantes; en varias especies superan reducciones del 50% en poco más de una década. Algunas poblaciones de rapaces que se creían estables podrían estar en realidad en alto riesgo de extinción si no actuamos pronto”, alerta Santiago Zuluaga Castañeda, investigador del MNCN.

Al comparar los resultados con estimaciones derivadas del proyecto ciudadano SABAP2, el contraste reveló un dato clave: solo la mitad de las tendencias coincidían entre ambos métodos. “En la mayoría de las discrepancias, las especies que decrecían claramente en nuestros conteos parecían estar aumentando según los datos atlas. SABAP2 es una herramienta extraordinaria para entender la distribución de las aves, pero subestima los cambios reales en sus poblaciones”, contextualiza el investigador Arjun Amar del Instituto FitzPatrick de Ornitología Africana en la Universidad de Ciudad del Cabo.

Medidas urgentes para la conservación

Los autores advierten de que los declives detectados podrían estar ligados a presiones humanas, como efectos a largo plazo de los cambios en el uso del suelo, los conflictos con ganaderos, el despliegue de algunas infraestructuras peligrosas como parques eólicos o los efectos del cambio climático.

“Si no contamos con sistemas de monitoreo fiables, no podremos reaccionar a tiempo para evitar pérdidas irreversibles de biodiversidad. Por eso es imprescindible reforzar la monitorización de transectos, mejorar el diseño de la metodología de SABAP2, incorporando recuentos de abundancia o subunidades espaciales más pequeñas. Debemos seguir investigando para conocer las causas de los declives, así como promover estrategias de conservación integradas con comunidades locales, esenciales para reducir conflictos y mejorar la coexistencia entre el ser humano y las rapaces”, termina Zuluaga Castañeda.