El estromatolito de Pilbara, de unos 3.490 millones de años, se incorpora por primera vez a la exposición permanente de Museo convirtiéndolo en la única institución museística de España que exhibe un ejemplar de forma permanente
Trece de las quince piezas seleccionadas se muestran al público por primera vez y permiten conocer algunos de los principales hitos de la evolución del planeta

El Museo de Geología de la Universidad de Oviedo ha incorporado a su exposición permanente un estromatolito procedente de Pilbara, en Australia Occidental, con una antigüedad aproximada de 3.490 millones de años. La pieza conserva el testimonio de algunas de las evidencias más antiguas de actividad microbiana conocidas y constituye el principal atractivo de una nueva vitrina que propone un recorrido por la historia de la Tierra desde los primeros materiales del Sistema Solar hasta acontecimientos geológicos mucho más recientes.
La presentación de este nuevo espacio expositivo ha contado con la presencia de Carlos López, decano de la Facultad de Geología; María de los Ángeles Fernández, directora del Departamento de Geología, y Luis Miguel Terente, director conservador del Museo de Geología. La iniciativa acerca al público piezas de extraordinario interés científico y patrimonial que ayudan a comprender cómo han evolucionado la corteza terrestre, los océanos, la atmósfera y la vida a lo largo de miles de millones de años.
Luis Miguel Terente ha destacado el valor de esta nueva incorporación y la capacidad de las rocas para acercarnos a los orígenes de nuestro planeta: «Cuando contemplamos una roca de 3.000 o 4.000 millones de años, no estamos simplemente mirando un objeto antiguo. Estamos mirando una parte de la historia de la Tierra que ha conseguido llegar hasta nosotros».
El estromatolito de Pilbara destaca por su antigüedad y por la información que aporta sobre las primeras etapas de la vida en nuestro planeta. Los estromatolitos son estructuras formadas, en muchos casos, por la actividad de comunidades microbianas que atrapan y fijan sedimentos o favorecen la precipitación de minerales. Su registro constituye una de las principales fuentes de información sobre los ecosistemas más antiguos de la Tierra.
Por su singularidad, la incorporación de este ejemplar sitúa al Museo de Geología de la Universidad de Oviedo como la única institución museística de España que contará con un estromatolito procedente de Pilbara en su exposición permanente.
Un recorrido por 4.567 millones de años de historia
La nueva vitrina reúne quince ejemplares seleccionados para ilustrar algunos de los principales hitos de la historia geológica. Trece de ellos se exhiben al público por primera vez. La disposición en espiral permite transformar la inmensidad del tiempo geológico en un recorrido visual que conecta materiales primitivos del Sistema Solar con rocas que conservan evidencias de los cambios experimentados por el planeta.
El itinerario comienza con dos meteoritos —una condrita ordinaria y una condrita carbonácea CV3— que conservan materiales primitivos formados hace unos 4.567 millones de años. Estos ejemplares permiten acercarse a las condiciones iniciales del Sistema Solar y a la composición de los materiales que precedieron a la formación de la Tierra.
Entre las muestras terrestres más antiguas figuran la meta-arenisca de Jack Hills, en Australia, que contiene cristales de circón de hasta 4.404 millones de años, y el gneis de Acasta, en Canadá, de unos 3.962 millones de años. Ambas piezas aportan información sobre las primeras etapas de la evolución del planeta y la formación de la corteza terrestre.
La selección incluye también komatiitas de Barberton, en Sudáfrica, y de Finlandia, rocas volcánicas características del Arcaico que reflejan las elevadas temperaturas del interior terrestre en aquella época. Su composición, especialmente rica en magnesio, permite comprender mejor el funcionamiento de una Tierra muy diferente de la actual.
Junto al estromatolito de Pilbara, otros ejemplares muestran la evolución de los ecosistemas microbianos. Entre ellos destaca una muestra relacionada con cianobacterias de Barberton, de unos 3.300 millones de años. Estos microorganismos, capaces de realizar fotosíntesis oxigénica, contribuyeron a liberar oxígeno y desempeñaron un papel fundamental en la transformación de la química de los océanos y de la atmósfera.
La vitrina incorpora asimismo un conglomerado aurífero del Rand, procedente de la mina Kloof, en Sudáfrica, de unos 2.700 millones de años. La conservación de minerales como la pirita y la uraninita en estos antiguos sedimentos aporta información sobre las condiciones poco oxidantes que caracterizaban la superficie terrestre antes de la gran transformación química asociada al aumento del oxígeno atmosférico.
Las formaciones de hierro bandeado de Australia y Canadá ilustran otros episodios de la evolución de los océanos y de las condiciones químicas del planeta. Con edades aproximadas de 2.600 y 1.880 millones de años, respectivamente, estas rocas permiten observar cómo se formaron depósitos minerales en distintos momentos de la historia terrestre, incluso después del inicio de la Gran Oxidación, hace unos 2.400-2.500 millones de años.
Completa este conjunto una muestra de shungita de Carelia, de unos 2.000 millones de años, una roca excepcionalmente rica en carbono que constituye un testimonio de la acumulación y transformación de materia carbonosa en antiguos ambientes geológicos.
Asturias también conserva una historia geológica milenaria
La selección incluye una pieza que conecta este recorrido por la historia del planeta con el entorno más cercano: un ortogneis de Pola de Allande, en Asturias. Su protolito granitoide cristalizó hace unos 605 millones de años, durante el Precámbrico terminal, y fue deformado posteriormente hasta adquirir su aspecto actual.
Esta muestra pone de relieve el valor del patrimonio geológico asturiano y recuerda que el territorio conserva vestigios de procesos y acontecimientos muy anteriores a la configuración de los paisajes actuales.
Con esta nueva vitrina, el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo refuerza su labor de divulgación y conservación del patrimonio geológico. Las quince piezas seleccionadas permiten mostrar que las rocas no son únicamente materiales de distintas edades, sino registros de una historia de transformaciones continuas que afectaron a la corteza terrestre, la actividad volcánica, los océanos, la atmósfera y los seres vivos.
De acuerdo con el director del museo, «la Tierra ha cambiado continuamente: cambió su corteza, cambió su actividad volcánica, cambiaron sus océanos y su atmósfera, y cambió también la vida que los habitaba». La incorporación del estromatolito de Pilbara ofrece, ahora, una oportunidad excepcional para acercarse a uno de los capítulos más antiguos y trascendentales de esa historia: la aparición y el desarrollo de la vida en la Tierra.













