El aumento global de las temperaturas no está afectando igual a todas las especies ni a todos los territorios. En el caso de las aves europeas, el cambio climático está modificando la presencia e intensidad de sus infecciones parasitarias de manera distinta según la latitud: menos carga parasitaria en el sur de Europa y cambios más complejos en el norte.

Este patrón podría tener consecuencias directas sobre la reproducción, el tamaño de las poblaciones silvestres y la estabilidad de los ecosistemas. Los resultados proceden de un trabajo internacional en el que participa el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y que ha analizado 14 poblaciones de aves distribuidas desde el sur de Europa hasta Escandinavia.
Menos parásitos en el sur y cambios inesperados en el norte
El análisis compara dos periodos separados por más de una década y concluye que, en términos generales, la intensidad de las infecciones parasitarias se ha reducido en los últimos años.
La caída ha sido especialmente marcada en las latitudes más bajas, donde el incremento de temperaturas y las sequías ha sido mayor.
En cambio, en el norte de Europa los cambios han sido más moderados y complejos.
Los científicos señalan que este comportamiento desigual evidencia que el impacto del calentamiento global sobre fauna y enfermedades no sigue un patrón uniforme.
“El hecho de que el clima esté alterando las interacciones entre aves y parásitos de forma distinta según la latitud implica que no podemos esperar respuestas uniformes al cambio climático, una información clave a la hora de diseñar estrategias de conservación realistas ante el contexto de calentamiento acelerado que vivimos”, destaca el investigador del MNCN Santiago Merino.
Aumentan algunos parásitos sanguíneos relacionados con malaria aviar
El trabajo, publicado en PLOS ONE, analizó nueve especies de aves y 62 interacciones entre hospedadores y parásitos, incluyendo parásitos sanguíneos, ectoparásitos de plumas y otros artrópodos.
Uno de los resultados más llamativos afecta a los parásitos sanguíneos.
Aunque su presencia general tendió a disminuir, su prevalencia aumentó y aparecieron nuevos parásitos que no habían sido detectados en el primer periodo de muestreo. Estos organismos pueden causar enfermedades como la malaria aviar.
Juan José Soler, investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC), añade que “nuestros resultados sugieren que los efectos del cambio climático sobre los parásitos no son lineales ni iguales para todos los grupos. En el caso de estos parásitos sanguíneos, que son transmitidos por vectores, influyen factores como la disponibilidad de insectos, la humedad o la respuesta inmunitaria de las aves”.

El calentamiento también afecta a la reproducción de las aves
Además del análisis parasitario, el trabajo estudió variables demográficas y reproductivas como fecha de puesta, tamaño de nidada y tamaño de puesta. Los datos apuntan a un adelanto en la puesta de huevos, una reducción del tamaño de las nidadas y menor tamaño de puesta en varias poblaciones.
Estos cambios coinciden con patrones observados en otras investigaciones sobre calentamiento global y fauna silvestre.
“Aunque las tendencias no fueron estadísticamente significativas, los datos apuntan a un adelanto en la fecha de puesta de los huevos, una tendencia que se observa en otros estudios y está claramente relacionada con el aumento de las temperaturas; una reducción del tamaño de las nidadas y una disminución del tamaño de puesta en muchas de las poblaciones estudiadas. Ajustes que no siempre son suficientes para compensar los cambios rápidos del entorno”, añade Alejandro Cantarero, de la Universidad Complutense de Madrid.
Biodiversidad, salud global y efectos en cascada
Los científicos recuerdan que los parásitos forman parte esencial de los ecosistemas porque regulan poblaciones y condicionan la aparición y propagación de enfermedades.
Cambios en su distribución e intensidad pueden desencadenar efectos en cascada sobre la biodiversidad. Además, algunos parásitos aviares están emparentados con patógenos que afectan a otros animales, incluidos humanos, lo que da relevancia al hallazgo desde la perspectiva de la salud global.
“Comparando datos recogidos durante décadas y en amplios gradientes geográficos podemos entender realmente cómo el cambio climático está reconfigurando las relaciones biológicas, de ahí la importancia de mantener estos programas de seguimiento a largo plazo”, concluye Jordi Figuerola, investigador de la Estación Biológica de Doñana.













