¿Deberían los gatos salir solos a la calle? Un estudio propone que lo hagan solo con correa para proteger la biodiversidad

Investigadores sostienen que permitir que los gatos deambulen libremente supone un riesgo para la fauna y plantean medidas como pasearlos con correa o mantenerlos en recintos seguros, al igual que ocurre con los perros.

Durante décadas ha sido una imagen habitual: un gato sale de casa por la mañana, recorre calles y jardines con total libertad y regresa horas después. Sin embargo, un grupo de investigadores sostiene que esa práctica, asumida como normal en muchos países, podría tener importantes consecuencias para la biodiversidad y entrar en conflicto con la legislación internacional de protección de la naturaleza.

Esa es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista European Journal of Wildlife Research, liderado por científicos del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), que plantea un cambio de enfoque en la forma de gestionar a los gatos domésticos y las colonias felinas.

Los autores consideran que los gatos deberían estar sujetos, como mínimo, a las mismas restricciones que los perros cuando permanecen en espacios públicos y proponen limitar su libertad de movimiento para reducir su impacto sobre la fauna silvestre.

Pasear al gato con correa o mantenerlo en espacios protegidos

El trabajo defiende que existen argumentos científicos suficientes para recomendar que los gatos permanezcan bajo supervisión, ya sea dentro de casa, en catios —recintos exteriores diseñados específicamente para ellos— o incluso mediante paseos con correa, una práctica todavía poco extendida.

Los investigadores citan como ejemplo el modelo aplicado en Canberra (Australia), donde las políticas públicas fomentan que los gatos domésticos permanezcan controlados y plantean trasladar progresivamente las colonias felinas a espacios seguros o santuarios.

«Los resultados del análisis justifican un trato legal más homogéneo para perros y gatos en lo que respecta a su libertad de movimiento, mediante un endurecimiento de las normas que afectan a los gatos«, señalan los autores del estudio.

Asimismo, proponen que «cualquier gato nuevo debe permanecer dentro de casa (mejorado según corresponda con un recinto exterior para gatos, o paseos con correa) desde el principio«.

¿Por qué los científicos comparan a gatos y perros?

El equipo de investigación sostiene que existe una diferencia llamativa entre el tratamiento social y legal que reciben ambas especies.

«Nadie concibe dejar a un perro suelto por las calles de una ciudad por las noches o preocuparse poco por su alimentación, algo que sí sucede con los gatos«, explican los investigadores.

Según el estudio, esa diferencia resulta difícil de justificar desde el punto de vista de la conservación de la naturaleza, ya que el impacto de los gatos sobre la fauna sería muy superior al de los perros.

Más de 60 especies extinguidas

Uno de los datos que más llama la atención del trabajo es el relacionado con la biodiversidad. Los investigadores recuerdan que a los gatos domésticos se les atribuye la extinción de más de 60 especies en todo el mundo, mientras que en el caso de los perros la cifra documentada es de al menos diez especies.

Por ello consideran que, desde la perspectiva de la conservación, «es lógico que los gatos estén sujetos al menos a las mismas restricciones que los perros, si no a más«.

Sin embargo, sostienen que ocurre justamente lo contrario y que, en muchos lugares, los propietarios de perros tienen más probabilidades de ser sancionados por permitir que sus animales vaguen libremente que los dueños de gatos.

¿Son los gatos una especie invasora?

El trabajo también abre otro debate especialmente sensible. Los autores concluyen que los gatos domésticos deberían considerarse especies exóticas invasoras al carecer de un territorio originario y por el impacto que generan sobre numerosas especies silvestres.

Esta interpretación tendría implicaciones legales importantes, especialmente en relación con la protección de la biodiversidad y la gestión de las colonias felinas.

Los investigadores apuntan además que determinadas prácticas de gestión podrían resultar difíciles de conciliar con la Estrategia Europea de Biodiversidad 2030 y con el Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza, cuyo objetivo es reforzar la recuperación de los ecosistemas y el cumplimiento de la legislación ambiental de la Unión Europea.

Un debate que va más allá de los animales

Lejos de limitarse a una cuestión veterinaria, los autores defienden que la gestión de los gatos debe abordarse desde una perspectiva interdisciplinar.

El estudio propone reunir a especialistas en ecología, veterinaria, derecho ambiental, salud pública, urbanismo, ética, educación ambiental y ciencias sociales para diseñar soluciones que permitan proteger tanto el bienestar de los animales como la biodiversidad y que sean sostenibles a largo plazo.