El dicho de mente sana y cuerpo sano tiene mucho de realidad. Un equipo de investigación de la Universidad de Granada (UGR) comprobado que un entrenamiento de fuerza sencillo con bandas elásticas mejora no solamente el estado físico, sino que también tiene beneficios en la función cognitiva de personas mayores.

Esta es la principal conclusión del ensayo clínico aleatorio AGUEDA, liderado por investigadores del Departamento de Educación Física y Deportiva y del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS) de la UGR, que acaba de ser publicado en la revista Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association. La intervención, realizada tres veces por semana durante seis meses, ha mostrado efectos particularmente positivos en aquellos participantes más vulnerables al deterioro cognitivo.
Mejor de la función cognitiva con el entrenamiento de fuerza
Con el ensayo clínico AGUEDA, el equipo de la UGR ha demostrado que el entrenamiento de fuerza en personas mayores genera mejoras en la función cognitiva. Concretamente, tras seis meses de ejercicio se ha observado avances en la atención y el control inhibitorio, sin necesidad de tomar fármacos adicionales.
El estudio ha incluido a 90 personas de entre 65 y 80 años de la ciudad de Granada, asignadas aleatoriamente a un grupo que realizó el entrenamiento de fuerza o a un grupo control que mantuvo su estilo de vida habitual. Las evaluaciones previas y posteriores a los seis meses del ensayo midieron la condición física y otros aspectos y funciones cognitivas como la memoria, la atención/control inhibitorio, la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas.
Beneficios para el control de la atención/inhibición cognitiva
Los resultados revelan que el entrenamiento de fuerza produjo una mejora selectiva en la atención y el control inhibitorio. Esta capacidad es fundamental para filtrar distracciones, gestionar respuestas automáticas y procesar información de manera eficiente en la vida diaria. Sin embargo, no se observaron efectos significativos en otras áreas evaluadas, como la memoria episódica, la velocidad de procesamiento o las funciones ejecutivas generales.
El análisis detallado indica, además, que los beneficios cognitivos han sido más pronunciados en los subgrupos de participantes con mayor riesgo potencial de deterioro, como personas de mayor edad, con un nivel educativo más bajo o que reportaban más quejas subjetivas de memoria.
Mente sana en cuerpo sano
Paralelamente al impacto cognitivo, el programa de ejercicios ha logrado mejorar la función muscular de los participantes, un factor clave para mantener la autonomía. Los investigadores indican que esta ganancia de fuerza se asocia positivamente con mejoras en la función ejecutiva, la memoria episódica y la memoria de trabajo, sugiriendo un vínculo entre la salud física y cerebral.
Irene Esteban-Cornejo, investigadora principal del proyecto AGUEDA, subraya que este tipo de intervención podría ser especialmente relevante para poblaciones con mayor riesgo de deterioro cognitivo. Por su parte, los autores del trabajo, Beatriz Fernández Gámez y Patricio Solís Urra, destacan el potencial del entrenamiento de fuerza como una estrategia preventiva de bajo coste, segura y fácil de implementar en diversos contextos comunitarios, lo que facilitaría su aplicación a gran escala.
El estudio refuerza la importancia de utilizar evaluaciones cognitivas completas para identificar efectos específicos del ejercicio y confirma el valor de esta herramienta no farmacológica para promover un envejecimiento cerebral saludable. El equipo de investigación de la Universidad de Granada ha confirmado que continuará aportando nuevos hallazgos en esta línea a través del desarrollo del proyecto AGUEDA.













