Los árboles de la Cordillera Cantábrica menguaron por un cambio climático hace 8.200 años, pero después se recuperaron

La Universidad de Burgos participa en un estudio que evidencia un cambio climático hace 8.200 años que hizo perder mucha extensión a los bosques caducifolios, dando paso a áreas abiertas y bosques de pino y abedul.

Bosque de roble albar del Cantábrico. Foto: Universidad de Oviedo.

La vegetación de los bosques cantábricos sufrió una crisis climática hace 8.200 años que transformó el paisaje y que hizo desaparecer buena parte de los bosques caducifolios. Así lo indica una investigación liderada por la investigadora Sara Núñez de la Fuente, de la Universidad de Cantabria, con colaboración de la Universidad de Burgos mediante la participación en el trabajo de Asier García-Escárzaga. 

Un enfriamiento brusco de las temperaturas convirtió el paisaje del norte de la Península, aumentando la presencia de plantas herbáceas y arbustos y convirtiendo a pinos y abedules en los bosques más abundantes. 

Registro de polen 

Una de las claves de esta investigación se centra en el estudio de pólenes y esporas junto a restos de carbón y semillas. El registro del polen revela un marcado descenso de la densidad de árboles como robles o avellanos y muestra un aumento de presencia de especies arbóreas y arbustos. 

Estos datos coinciden con el denominado evento 8.2, un episodio climático ocurrido hace unos 8.200 años que provocó un descenso de las temperaturas y un aumento de la aridez. Una vez esta alteración climática remitió, los bosques de árboles caducifolios volvieron a recuperar su presencia en lo que, para los autores, supone un buen ejemplo de la capacidad de recuperación de la vegetación en los espacios naturales.

Impacto sobre la vida humana

Curiosamente, los habitantes de la Cornisa Cantábrica trataron de conservar sus hábitos y siguieron usando madera de roble como combustible y consumiendo avellanas, a pesar de que los recursos disponibles eran menores, aunque también utilizaron avellanos para hacer fuego. 

El estudio de restos vegetales y carbón en espacios humanos permite recuperar información sobre los hábitos de vida de las comunidades en un proceso lento y minucioso pero que, junto con el estudio de las condiciones ambientales, lleva a revelaciones tan interesantes como estas.

La investigación ha recibido apoyo de proyectos estatales financiados por la Agencia Estatal de Investigación y el ministerio competente en ciencia, con participación de fondos europeos FEDER, entre otras ayudas recogidas en la publicación. 

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