Medio Ambiente

Lorca se hunde a razón de 15 centímetros cada año como consecuencia de la sobreexplotación de sus acuíferos

Un equipo internacional liderado por científicos y científicas del IGME publica en la revista Science el primer mapa global de hundimientos del terreno a causa de la extracción de agua de acuíferos subterráneos. Un problema que afecta a casi el 20% de la población mundial y al 12% del PIB global.

En el año 2017, Gerardo Herrera-García, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), se convirtió en represente español en la Iniciativa Internacional de Subsidencia de la UNESCO. Herrera-García le propuso a este grupo de expertos de todo el mundo que se realizara un mapa global de los hundimientos del terreno que se producen a causa de la extracción de agua de acuíferos subterráneos. Ese peligro, lento y gradual, recibe en geología el nombre de subsidencia y tiene lugar predominantemente en terrenos con elevado contenido en arcilla. Es conocido y estudiado desde hace más de cien años pero esas investigaciones habían sido siempre locales. Los científicos de algunas de las zonas que lo sufrían analizaban lo que ocurría en sus regiones y buscaban soluciones para ello.  

Herrera-García supervisaba, entonces, la tesis que Pablo Ezquerro había comenzado en el IGME centrada en la subsidencia que se produce en Lorca (Murcia). Ezquerro y Herrera-García realizaron una búsqueda de las publicaciones científicas sobre subsidencia. Todas se referían a esos hundimientos desde un punto de vista local. “Entonces se nos ocurrió –Recuerda Gerardo Herrera-García–, ¿y si hubiera un patrón común a todas las áreas en las que ocurre eso?” Los investigadores encontraron ese patrón: existían condiciones comunes a todas las áreas del mundo en las que se producía ese fenómeno de deformación del terreno a causa de la extracción de agua de los acuíferos subterráneos.  

Al equipo se sumaron pronto otras investigadoras e investigadores: Marta Béjar-Pizarro, Juan López-Vinielles y Rosa Mateos, también del IGME; Roberto Tomás de la Universidad de Alicante y científicos y científicas de la Iniciativa Internacional de Subsidencia de la UNESCO. “El trabajo nos salió muy bien –continúa Herrera-García– y logramos un modelo que explica dónde puede ocurrir este fenómeno”. Es decir, consiguieron hacer un mapa mundial en el que se marcan las zonas susceptibles de sufrir subsidencia. 

“Empezamos el trabajo como una parte de la documentación de mi tesis y ha acabado siendo un trabajo de investigación mucho más importante que la propia tesis”, explica Pablo Ezquerro. Un trabajo de investigación que se publica este 1 de enero en la revista Science.

El artículo alerta de un problema global que puede tener graves repercusiones económicas y sociales. Aunque se trata de un proceso lento y gradual, la subsidencia del terreno dispara la inundabilidad de las tierras bajas, principalmente en las cuencas fluviales y en las regiones costeras; genera a medio plazo graves desperfectos en viviendas, construcciones e infraestructuras y puede causar una enorme alarma social. Como ejemplo, citan la ciudad de Yakarta, con tasas de hundimientos de 28 cm/año, y donde el problema ha adquirido tal gravedad quelas autoridades de Indonesia se están planteando el traslado de la capital a la isla de Borneo, un lugar más seguro.  

En las zonas de la Tierra con mayor probabilidad de sufrir subsidencia habitan 1.200 millones de personas y se asienta el 21% de las ciudades más importantes del mundo. En Asia, el continente más afectado, habita un 86% de la población expuesta. Para el año 2040, 635 millones de personas, asentadas sobre zonas inundables, podrían sufrir las consecuencias de este silencioso proceso.  

El mapa elaborado por el equipo científico del IGME y sus colaboradores es público y puede ser consultado por cualquier persona de cualquier lugar del mundo para saber si la zona en la que vive, en la que trabaja o en la que pretende vivir, trabajar o construir puede tener o llegar a tener un problema de subsidencia. “Será muy útil para las autoridades que gestionan el territorio, así como para las cuencas hidrográficas y otros organismos que tienen entre sus funciones aplicar políticas preventivas. Debemos anticiparnos a los problemas que se avecinan -asegura Gerardo Herrera-García–, y más en los futuros escenarios de cambio climático”. 

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