La belleza de las mariposas condiciona su interés social y las políticas para su conservación

Las especies europeas consideradas más bellas reciben mayor atención del público y la comunidad científica y tienen más probabilidades de ser incluidas en los planes de conservación

Más de 21.000 personas de más de 100 países han participado en una encuesta para valorar la belleza de cientos de especies y sus resultados se han cruzado con datos de investigación científica, interés público y legislación europea

El estudio ha contado con la participación de Germán Orizaola, profesor de Zoología de la Universidad de Oviedo, y acaba de ser publicado en la revista Current Biology

Germán Orizaola, profesor de Zoología de la Universidad de Oviedo.

Un nuevo estudio internacional, con participación de la Universidad de Oviedo, demuestra que las mariposas europeas consideradas más bellas han recibido mayor atención por parte del público y la comunidad científica, e incluso han tenido más probabilidades de ser incluidas en la legislación europea de conservación. La investigación ha sido publicada recientemente en la revistaCurrent Biology, de gran impacto en su área del conocimiento.

El trabajo en el que ha participado Germán Orizaola, profesor titular de Zoología del Departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo, ha sido realizado por un equipo multidisciplinar de investigadores de más de una treintena de instituciones liderado por Leonardo Dapporto y Mariagrazia Portera, de la Universidad de Florencia, Italia.

El estudio, basado en encuestas realizadas al público general, contó con la participación de más de 21.000 personas de más de 100 países, a quienes se les pidió que calificaran la belleza de cientos de especies de mariposas europeas. Las consideradas más atractivas resultaron ser aquellas con colores primarios como el azul o el amarillo, con mayor contraste de colores en sus alas, o con alas más puntiagudas o con colas más alargadas. Estas evaluaciones se combinaron con datos sobre investigación científica -medida a través del número de publicaciones dedicadas a cada especie en las últimas décadas-, atención pública -medida, por ejemplo, a través del número de imágenes subidas a iNaturalist y Flickr-, legislación europea sobre conservación y el estado de conservación de las especies según la evaluación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los resultados muestran que la belleza percibida de una especie está directamente asociada con la cantidad de investigación científica que recibe, el nivel de interés público que despierta y su inclusión en los principales instrumentos europeos de conservación, como el Convenio de Berna de 1979 y la Directiva Hábitats de 1992.

Sesgo estético

Este patrón representa un auténtico sesgo estético que se ha acumulado e intensificado con el tiempo. Las especies visualmente más llamativas fueron protegidas antes, y esta protección inicial contribuyó posteriormente a atraer más investigación, financiación sustancial a través de programas como los proyectos LIFE de la Unión Europea y medidas de conservación específicas, reforzando progresivamente su ventaja original.

«El trabajo refleja una realidad preocupante, ya que muchas de las especies actualmente en mayor riesgo son mariposas con coloración discreta, que llaman menos la atención que las más coloridas, y que históricamente han recibido menos atención de investigadores y menos actividades de conservación, explica Germán Orizaola. Si se analizan las Listas Rojas de la UICN a escala europea, que cuantifican el riesgo de extinción utilizando criterios científicos estandarizados, las especies amenazadas no son necesariamente las más bellas, sino todo lo contrario. En los últimos años, ha surgido una creciente tensión entre las prioridades históricas de conservación y la urgencia ecológica actual. «Las visiones de hace décadas, basadas en criterios estéticos más que científicos, siguen influyendo sobre la distribución de recursos y los esfuerzos de conservación actuales, independientemente del riesgo de extinción de muchas especies y de los hábitats que ocupan», indica Germán Orizaola.

«El mensaje central del estudio no es, desde luego, que debamos ignorar la belleza de la naturaleza, sobre todo cuando ésta está en peligro. No hay nada de malo en encontrar una especie más bella que otra o en experimentar placer estético en la naturaleza», comenta Mariagrazia Portera, una de las líderes del estudio. «Nuestro estudio señala que es necesaria una reflexión profunda sobre el papel que estos sesgos estéticos pueden tener sobre la protección de algunas especies, o sobre el papel que pueden tener a la hora de priorizar la conservación de ciertos ambientes en los que haya una mayor concentración de especies percibidas como más atractivas», añade Germán Orizaola.

El estudio demuestra cómo factores que pueden parecer puramente subjetivos o arbitrarios, como las preferencias estéticas humanas, pueden desempeñar un papel decisivo en la configuración de las políticas ambientales, incluso a nivel institucional y legislativo. Asimismo, fomenta una reflexión histórica más amplia sobre los conceptos de estética y belleza en la investigación científica, con el objetivo de promover una conservación de la biodiversidad más equitativa y eficaz.

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