El calentamiento del Océano Pacífico por culpa del cambio climático está convirtiendo en inhabitable una red de 11 áreas protegidas del Pacífico para los tiburones tigre (Galeocerdo cuvier) y zorro (Alopias vulpinus). De dicho calentamiento no se salvan ni las aguas más profundas situadas a 650 metros hasta las que bajan estas especies

Muchos tiburones no pueden regular su temperatura interna, de modo que si el agua se calienta demasiado o su nivel cambia mucho de salinidad ellos se deben desplazar en busca de condiciones más favorables. Hacia finales de siglo los tiburones tigre y zorro tendrían pocos lugares con las condiciones ambientales que necesitan para sobrevivir, y aunque el tiburón zorro puede bajar hasta los 650 metros de profundidad, los modelos indican que allí tampoco encontrarían suficientes espacios adecuados para refugiarse.
Esta es una de las principales conclusiones del estudio adelantado por Angie Daniela Bejarano Arcila, bióloga de la UNAL, bajo la dirección del profesor Juan David González Trujillo, del Departamento de Biología, y con el apoyo del investigador portugués Jorge Assis, del Centro de Ciencias del Mar de la Universidad del Algarve.
Según los autores, este trabajo es la primera evaluación de refugios climáticos para tiburones que incorpora la profundidad del océano, un aspecto fundamental para establecer si estas especies encontrarían aguas más favorables al descender cuando la temperatura en la superficie aumenta.
La investigadora Bejarano explica por qué estas especies cumplen un papel importante en los ecosistemas marinos.
Un edificio de agua
El océano no tiene las mismas condiciones desde la superficie hasta el fondo. A medida que la profundidad aumenta sus aguas cambian de temperatura, luminosidad y otras características, como si se tratara de un edificio de varios pisos. Mientras la mayoría de los estudios sobre la distribución de las especies marinas analiza sus posibles desplazamientos en un mapa horizontal, esta investigación de la UNAL también examinó qué ocurriría en las distintas capas del océano, hasta los 5.000m de profundidad.
Para hacerlo, la bióloga analizó 11 áreas marinas protegidas del Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR), entre ellas Galápagos, la isla del Coco, Coiba, Malpelo y Gorgona. El estudio cruzó más de 137.000 registros de presencia de tiburones recopilados entre 1980 y 2020, disponibles en la base de datos internacional OBIS, con información sobre las condiciones del océano en 12 niveles de profundidad, obtenida de la plataforma científica Bio-ORACLE. Así pudo identificar los lugares que hoy reúnen condiciones favorables para estas especies y proyectar cómo cambiarían con el calentamiento global.
La Red de Áreas Marinas y Costeras Protegidas del Pacífico Sudeste es compartida por Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Costa Rica, y en 2023 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la identificó como «Área importante para tiburones, rayas y quimeras».
Aunque inicialmente se contemplaron 56 especies de tiburones, solo 8 contaban con información suficiente para desarrollar los modelos de distribución y evaluar sus posibles refugios climáticos. «Queríamos trabajar con las más de 50 especies que teníamos previstas, pero lo hicimos con aquellas que tenían suficientes datos para hacer mapas completos», cuenta la investigadora.
«En la modelación ecológica marina suele existir el sesgo de modelar solo hacia dónde se mueve una especie en el mapa, pero no hacia la profundidad, de ahí lo novedoso del estudio», indica la bióloga.
Cada tiburón tiene una «receta» para vivir cómodo en el agua, que los biólogos llaman nicho ambiental. En este estudio pesaron especialmente tres ingredientes. El primero es la temperatura, que en el caso de los seres humanos se puede mantener y regular en unos 37°C, pero casi todos los tiburones son ectotermos, es decir que se calientan o se enfrían con el agua que los rodea, y prefieren aguas entre los 5 y 30°C.
El segundo es la salinidad, que influye en la energía que estos animales necesitan para mantener el equilibrio de sales y agua en su organismo. Cuando las concentraciones de sal son demasiado altas ese esfuerzo aumenta y los tiburones se pueden desplazar hacia otros lugares.
«La mayoría de los tiburones se sienten a gusto con 30 a 37 gramos de sal por kilo de agua. Un ejemplo de este comportamiento se registró en Shark Bay (Australia), en donde un estudio citado en la investigación encontró que los tiburones tigre abandonan las praderas marinas durante el invierno, cuando la salinidad supera los 40 gramos de sal por kilo de agua», explica la experta.
El tercero es la clorofila, el pigmento verde de las plantas que en el mar la contiene el fitoplancton, algas diminutas que son el primer eslabón de la comida del océano: pequeños animales se las comen, los peces se comen a esos animales y los tiburones se comen a los peces. En el estudio se encontró que los tiburones aparecían más donde había más de 2 miligramos de clorofila por metro cúbico, una pista indirecta sobre dónde podría haber comida.
Con esa receta, los investigadores utilizaron tres algoritmos de aprendizaje automático para proyectar cómo cambiarían las condiciones ambientales a mediados y finales de siglo. Las simulaciones contemplaron 4 escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero utilizados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), desde uno de bajas emisiones hasta otros de mayor calentamiento. Para aumentar la confiabilidad de los resultados, los expertos solo consideraron adecuados los lugares en los que coincidían las proyecciones de 4 modelos climáticos.
Casas que se quedan, se pierden o aparecen
Así surgieron los «refugios climáticos» como casas seguras en el mar. Los refugios estrictos sirven y seguirán sirviendo a finales de siglo; «son sitios muy importantes para la conservación dentro de esas áreas marinas protegidas», señala la investigadora. Los refugios perdidos dejarán de servir, y los ganados, que hoy no sirven, podrían volverse habitables. Con esa idea, el estudio repartió a los 8 tiburones en 3 grupos: los que ganan, los que empatan y los que pierden.
Los que ganan son el tiburón de puntas blancas de arrecife (Triaenodon obesus), además de 3 tiburones martillo: el común (Sphyrna lewini), el gigante (Sphyrna mokarran) y el liso (Sphyrna zygaena). Estos tendrían más casas nuevas pero más profundas: hasta 50 metros para el de puntas blancas, 250 metros para el gigante y el liso, y 500 metros para el común, y ya se les ha visto a esas profundidades.
«Aunque ellos no pueden regular su temperatura por sí mismos, sí pueden descender a sitios con temperaturas más bajas, perder calor y luego ascender nuevamente», explica la bióloga Bejarano.
Los que empatan son el tiburón toro (Carcharhinus leucas) y el de puntas negras (Carcharhinus limbatus), que conservan casas seguras cerca de la superficie. Si el planeta se calienta más, esas casas se reducen, pierden otras y casi no ganan nuevas, así que su futuro depende de que se cuiden los lugares que les quedan.
Los que pierden son el tigre y el zorro, con poco espacio en los 3 tipos de refugio. Perder no quiere decir que el estudio prevea su desaparición, sino que esas áreas dejarían de ser un buen hogar para ellos y su supervivencia dependería de que puedan nadar hasta otras partes del océano. Al salir perderían esa protección, como ya pasó en la costa atlántica de Estados Unidos, en donde en épocas de mar muy caliente los tiburones tigres dejaron sus zonas protegidas y quedaron más expuestos a la pesca.

«La ciencia y la ecología sugieren evaluar nuevas áreas idóneas para estas especies por fuera de las áreas protegidas del CMAR, para ver hacia dónde se están moviendo; sin embargo, crear nuevas áreas protegidas ya depende de la política, las comunidades y los intereses comerciales», afirma la investigadora.
Ganar tampoco significa que el cambio climático les convenga a los tiburones martillo, pues con más emisiones sus casas seguras también se encogen, mientras el común y el gigante pierden grandes extensiones. Estos dos últimos ya están catalogados en «peligro crítico» en la Lista Roja de la UICN, que es un paso antes de la extinción en estado silvestre. De las 8 especies estudiadas 7 están amenazadas: el martillo liso, el zorro, el toro, el de puntas negras y el de puntas blancas son vulnerables, y el tigre está casi amenazado.
Además el tiempo corre: según la información citada en el estudio, en mayo de 2026 el Comité Internacional encargado de desarrollar los escenarios climáticos descartó el escenario más optimista, asociado con limitar el calentamiento a 1,5°C, al considerar que ya no sería alcanzable.
La bióloga Bejarano también advierte sobre las posibles acciones que se podrían tomar para empezar a mitigar el problema:
Así, la situación es más preocupante de lo que parece, y ya ni siquiera es seguro «estar como pez en el agua». Como asegura la bióloga Bejarano, “aunque muchas veces la gente no cree en los modelos climáticos, sí se está cumpliendo con todo lo que se modeló a inicios de la década.













