Los cambios en los hábitos de vida de las últimas décadas, marcados por la reducción de la actividad física, el incremento del tiempo sedentario y la digitalización han creado un contexto que favorece la aparición temprana de este problema de salud

El dolor lumbar crónico, una dolencia tradicionalmente asociada a la edad adulta, está experimentando un notable aumento en la población joven. Según el Dr. Alberto Bermejo, profesor de Fisioterapia de la Universidad Europea de Andalucía, “los cambios en los hábitos de vida de las últimas décadas, marcados por la reducción de la actividad física, el incremento del tiempo sedentario y la digitalización han creado un contexto que favorece la aparición temprana de este problema de salud”.
El sedentarismo y el uso prolongado de pantallas han propiciado que esta dolencia se acentúe en los jóvenes. “Pasar largas jornadas sentados con poca variación postural y una activación muscular mínima hace que disminuya la capacidad del sistema musculoesquelético para tolerar cargas y adaptarse al movimiento”, explica el Dr. Bermejo. Aunque no se puede culpar a una única mala postura, “la evidencia sí asocia la exposición prolongada a posturas mantenidas en combinación con una baja actividad física con una mayor prevalencia de dolor lumbar persistente”, afirma.
Desde una perspectiva clínica, el dolor lumbar en jóvenes no suele presentar las alteraciones estructurales visibles en pruebas de imagen que son comunes en personas de mayor edad. “Sin embargo, esto no implica que el dolor sea menos intenso, menos real o incapacitante”, aclara el Dr. Bermejo. En la juventud, el dolor está más vinculado a la forma de moverse, los hábitos diarios y factores como el estrés o el estado emocional, mientras que en la vejez es más habitual encontrar cambios degenerativos.
Factores como el estrés crónico, los trastornos del sueño y una salud mental deteriorada también influyen en los mecanismos fisiológicos del dolor. “En jóvenes, se ha observado que altos niveles de estrés académico o laboral, junto con una mala calidad del sueño, se asocian a mayor intensidad de dolor”, señala el experto.
Convivir con dolor lumbar crónico desde una edad temprana puede acarrear consecuencias significativas a nivel académico, laboral y social. Estos efectos pueden llegar a ser desde un mayor absentismo, un menor rendimiento, una reducción de la actividad física y, en general, hasta una peor calidad de vida.
Alberto Bermejo, profesor de Fisioterapia de la Universidad Europea de Andalucía, concluye que “es fundamental promover estilos de vida activos desde edades tempranas, reducir el tiempo sedentario y fomentar la variabilidad postural. La práctica regular de ejercicio, junto con la atención a factores como el estrés y el descanso, han demostrado ser eficaces”.













