Viven en aguas del Cantábrico, el Golfo de Cádiz y el Mediterráneo a unas profundidades de entre 50 y 1.200, y son conocidos como gusanos ‘devora huesos’. Así son Osedax emmae, Osedax teoi y Osedax martini, tres especies de gusanos marinos recién descritos por la ciencia.

Las nuevas especies del género Osedax, cuyos nombres homenajean a los hijos del personal investigador, son unos singulares anélidos marinos conocidos popularmente como ‘gusanos devoradores de huesos’. El estudio, publicado en la revista Zoological Journal of the Linnean Society, revela una diversidad hasta ahora desconocida de este grupo en aguas del entorno de la península ibérica.
El trabajo, que combina análisis morfológicos y filogenéticos, estudios de conectividad genética y la caracterización de las comunidades microbianas asociadas a estos animales ha sido desarrollado por un equipo científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) y del Instituto Español de Oceanografía (IEO), ambos de Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Cómo son los nuevos gusanos ‘devora huesos’
Los Osedax son organismos altamente especializados que colonizan los huesos de vertebrados depositados en el fondo del océano. Carecen de boca, ano e intestino y desarrollan una estructura similar a raíces que penetra en los huesos. Allí albergan comunidades de bacterias especializadas que participan en la degradación de los compuestos orgánicos que permanecen en ellos y facilitan que los gusanos los aprovechen.
Sergi Taboada, investigador del MNCN explica que «el género Osedax fue descubierto hace apenas dos décadas y, antes de nuestro trabajo, se habían descrito formalmente 34 especies distribuidas por los océanos de todo el planeta. De hecho, hace años participamos en la descripción dos especies de este grupo que habitan en la Antártida y teníamos muchas ganas de saber qué especies podríamos encontrar en las aguas de la península ibérica”.
Las nuevas especies incrementan significativamente el conocimiento sobre su diversidad en la región atlántico-mediterránea. “La pregunta que cabe hacerse es hasta qué punto sigue siendo desconocida la biodiversidad de los fondos marinos, incluso en regiones relativamente estudiadas como las aguas que rodean la Península”, reflexiona Taboada.

Huesos como ‘cebo’ para estudiar la biodiversidad profunda
Para localizar estos animales, el equipo científico depositó experimentalmente huesos de vaca y cerdo mediante unos Lander, estructuras submarinas diseñadas por el IEO, instaladas en nueve puntos del entorno de la península ibérica, incluyendo el área marina protegida de El Cachucho, en el Cantábrico; el golfo de Cádiz, y el escarpe de Mazarrón.
“Los dispositivos permanecieron durante varios meses en el fondo y posteriormente fueron recuperados durante campañas oceanográficas del IEO desarrolladas entre 2022 y 2024 a bordo de los buques Ángeles Alvariño y Ramón Margalef”, comenta Javier Cristobo, investigador del IEO. Los huesos fueron examinados inicialmente a bordo y los organismos recuperados se estudiaron posteriormente mediante técnicas morfológicas y genéticas en el MNCN.
Nuevas especies de gusanos desconocidas hasta ahora
“Simplemente mirándolas con la lupa, las tres especies presentan características diferenciadas, un indicio de que se trataba de especies nuevas para la ciencia”, comenta la investigadora del MNCN Teresa Alonso. Osedax emmae se ha localizado por el momento únicamente en El Cachucho, en el mar Cantábrico, a unos 500 metros de profundidad. Además de constituir una especie nueva, presenta características morfológicas inesperadas dentro de su grupo evolutivo.
Osedax teoi, por su parte, fue encontrada frente a la costa mediterránea de Mazarrón, a más de 1.200 metros de profundidad, y posee una característica mancha verde que no se había descrito hasta ahora en ninguna otra especie del género.
La distribución más amplia de las especies descritas en este trabajo corresponde a Osedax martini. La especie había sido detectada anteriormente, aunque sin describirse formalmente, frente a Blanes, también en el Mediterráneo. El nuevo estudio la identifica también frente a Mazarrón y en el golfo de Cádiz, desde unos 50 hasta más de 700 metros de profundidad. Además, es la primera especie conocida del género que presenta dos morfologías diferentes, con individuos que muestran manchas negras y otros con manchas rojizas.

Conexiones entre el Mediterráneo y el Atlántico
Los análisis genéticos aportan además información sobre cómo pueden dispersarse estos pequeños animales por el océano. En O. martini, el equipo no ha encontrado una separación genética clara entre los ejemplares mediterráneos y los procedentes del golfo de Cádiz, pese a estar separados por cientos de kilómetros y ocupar profundidades muy distintas. Según Alonso: “Es posible que la conectividad de O martini esté favorecida por la circulación oceánica profunda e intermedia entre el Mediterráneo y el Atlántico, junto con la capacidad de dispersión de las larvas de Osedax. La existencia de hábitats adecuados intermedios podría permitir además la conexión entre poblaciones muy alejadas geográficamente”.
En cambio, O. emmae presenta una diversidad genética muy elevada incluso dentro de una única localidad: prácticamente cada individuo analizado poseía una variante genética diferente. El resultado refuerza la idea de que estos animales tienen una gran capacidad reproductiva y de dispersión a pesar de depender de un recurso tan discontinuo como los restos de vertebrados que llegan al fondo marino.

Una alianza imprescindible con las bacterias
El estudio profundiza en uno de los aspectos más singulares de la biología de Osedax: su relación con los microorganismos. “Nos planteamos caracterizar las comunidades bacterianas de las tres nuevas especies mediante su secuenciación genética y compararlas con las comunidades de Osedax deceptionensis, una especie descrita por nuestro grupo en aguas antárticas en el pasado”, plantea Taboada. Los resultados del análisis del microbioma, realizado por las investigadoras Andrea Corral-Lou, Teresa Alonso y Marta Turon, no muestran una comunidad microbiana exclusiva para cada especie de gusano, lo que sugiere que los factores ambientales pueden desempeñar un papel importante a la hora de determinar qué microorganismos viven asociados a ellas.
“Por primera vez hemos identificadocuatro componentes bacterianos presentes en todas las especies analizadas, incluida la especie antártica O. deceptionensis” destaca Turon.. “Estos resultados confirman el papel de Osedax y de los microorganismos asociados como ingenieros ecológicos de los ecosistemas que se forman alrededor de restos de vertebrados en el fondo marino, donde contribuyen a transformar la materia orgánica y devolver nutrientes al ecosistema. También explica por qué no es frecuente observar esqueletos de vertebrados en el registro fósil marino”, termina Cristobo.












