La extinción de los insectos y polinizadores, ¿realidad o alarma?

La extinción de los insectos y polinizadores, ¿realidad o alarma?

La de los insectos puede ser la sexta extinción masiva de especies de la Tierra. Los plaguicidas, los parásitos y el cambio climático son las principales amenazas de nuestros vecinos más pequeños, un problema que afecta especialmente a las abejas y otros insectos polinizadores de Europa.

¿Cuándo viste por última vez una mariquita? ¿Y una luciérnaga? Parecen dos preguntas banales, pero para nada lo son; esconden una realidad muy seria y evidencian el descenso de las poblaciones y variedades de insectos. Más allá del asco que provocan en ciertas personas o de las picaduras tan molestas, los insectos son una especie esencial para la vida en nuestro planeta.

Su pequeño tamaño es inversamente proporcional al papel que desempeñan en la naturaleza. Y son miles las especies animales de mayor tamaño que dependen de ellos. Los insectos son los ‘patitos feos’ de la diversidad natural; aquéllos a los que casi nadie presta atención y muchos desearían verlos desaparecer.

Insectos, en peligro de extinción

Estos últimos tendrían motivos para alegrarse si la salud ambiental de la Tierra sigue en la misma línea que ahora. Ya que un estudio internacional advierte de la situación tan delicada en la que se encuentran las poblaciones de insectos, que pueden llegar a protagonizar la sexta extinción masiva de la Tierra.

La desaparición de los insectos podría traducirse en un colapso ambiental sin precedentes que acarrearía la desaparición de otras muchas especies que dependen de ello. La mayor parte de las especies vegetales se verían afectadas, ya que no tendrían agentes polinizadores que fecunden las flores.

Merma en más del 40% de las especies de insectos

El primer análisis científico global sobre la situación de los insectos revela que más del 40 por ciento de las especies están disminuyendo en número y un tercio de ellas se encuentran en peligro de extinción.  Y lo que más preocupa es la velocidad a la que están desapareciendo, ocho veces mayor que la de los mamíferos, aves y reptiles.

Cada año, la población mundial de insectos merma en un 2,5%, una cifra alarmante, tanto que si se mantiene ese descenso de individuos se puede pensar que desaparezcan por completo en cuestión de un siglo.

Este estudio realizado en la Universidad de Sydney (Australia) por Francisco Sánchez-Bayo ha sido publicado en el revista Biological Conservation, y puede encuadrarse en la lista de investigaciones con las que se constata la preocupación de la comunidad científica por la salud de nuestros vecinos más pequeños. Este estudio constata el papel destacado de la actividad humana en esta desaparición masiva.

María del Mar Gómez, investigadora de la UAL.
María del Mar Gómez, investigadora de la UAL.

Abejas, también entre los insectos amenazados

“Nosotras somos químicas analíticas, expertas en plaguicidas, pero en los últimos años hemos firmado varios trabajos sobre abejas”, explican María José Gómez Ramos y María del Mar Gómez-Ramos, investigadoras del   Departamento de Química y Física de la Universidad de Almería y autoras de un estudio sobre la presencia de restos de plaguicidas en abejas melíferas españolas.

En su investigación analizaron unas 500 abejas de 60 colmenas de todo el país, con unos resultados poco alentadores, ya que se encontraron con que la práctica totalidad de los individuos presentaban restos de plaguicidas.

Con lo que confirmaron cómo estos productos aplicados en agricultura extienden su actividad mucho más allá de las zonas que pretenden proteger de las plagas.

Los plaguicidas encontrados en las abejas melíferas no las matan directamente, es cierto, pero les causan daños irreparables, que tienen consecuencias sobre la comunidad.

El primer estudio de campo sobre plaguicidas y abejas

Estas investigadoras de la UAL han firmado el primer estudio de campo sobre la presencia de plaguicidas en abejas. Es decir, a diferencia de estudios anteriores, la muestra han sido individuos de colmenas reales, que han desarrollado su vida en un entorno natural, tal y como lo hacen los millones de abejas que viven en nuestros campos. Y no un insecto criado en laboratorio, expuesto de manera nada natural a diversos agentes nocivos.

Los pesticidas y plaguicidas tienen unos efectos a medio plazo en los insectos analizados. Provocan que las abejas pierdan neuropéptidos, unas moléculas esenciales para ellas, que se encargan de regular muchas de las funciones que realizan las abejas.

Por ejemplo, de los neuropéptidos dependen los mecanismos nerviosos del aprendizaje y la memoria, el apetito, el comportamiento sexual o el control del dolor y de la presión arterial. Un número menor de neuropéptidos significa que a las abejas se les ‘olvide’ dónde está su colmena; o que dejen de realizar las tareas que le corresponden en la comunidad y se dediquen a otras funciones.

Hasta 25 neuropéptidos alteridas y hasta 10 pesticidas distintos

Tras su análisis, estas investigadoras de la Universidad de Almería identificaron hasta 25 neuropéptidos alterados en las abejas más afectadas por los plaguicidas. Y que cada uno de lo ejemplares analizados presentaban restos de entre 2 y 10 pesticidas distintos.

Además, han encontrado una relación sinérgica entre los diferentes compuestos nocivos hallados en las abejas, de manera que la combinación de varios plaguicidas potencia los efectos negativos en los insectos.

A lo largo de su trabajo detectaron la presencia de 260 pesticidas de todas las clases, tanto los empleados en agricultura como los específicos para el tratamiento contra parásitos de abejas. Y curiosamente son éstos los compuestos que más han encontrado en las abejas analizadas. 

Abejas en la colmena.

Pesticidas contra las plagas de colmenas que también matan abejas

“Al echar estos productos contra los ácaros también se daña a las abejas”, explican estas investigadoras de la Universidad de Almería. Su efecto no es inmediato y tampoco causa la muerte de las abejas, sino que producen “efectos subletales: cambios en su comportamiento o a nivel fisiológico” que son letales para muchas de las abejas que viven en la colmena.

La lucha contra los parásitos de las abejas obliga a utilizar tratamientos en los panales. Y, tal y como están estudiando en un nuevo proyecto de investigación, los restos de los productos químicos empleados contra los parásitos de las abejas quedan fijados en los panales. Éstos se reciclan, se funde la cera y se colocan de nuevo en la colmena para que las abejas los construyan de nuevo. Pero en ese proceso no desaparecen los restos de plaguicidas.

El pasado abril, la Unión Europea prohibió totalmente el uso de tres pesticidas muy empleados en agricultura al aire libre que afectan a las abejas. Están encuadrados en lo que se conoce como neonicotinoides, y su uso ya fue restringido desde 2013 en virtud del principio de precaución.

Pues bien, los resultados de esta medida han sido positivos, ya que en el análisis de las abejas realizado en las Universidad de Almería apenas se han encontrado individuos con estos plaguicidas. Sin embargo, sí que están presenten en los paneles.

Nuevas líneas de trabajo sobre abejas

Este trabajo del Grupo de Residuos de Plaguicidas de la UAL marca la línea a seguir por los estudios que buscan conocer el papel de los plaguicidas en el descenso de la poblaciones de abejas detectados a nivel nacional e internacional.

Y abre un interrogante que tendrán que resolver futuras investigaciones. Porque, si bien ha detectado cambios en los neuropéptidos, todavía no saben decir hasta qué punto tienen importancia estas modificaciones.

Poshbee, proyecto europeo para analizar las amenazas de las abejas

En cierto modo, el testigo de esta investigación lo recoge el proyecto europeo Poshbee, que arrancó el pasado junio, una iniciativa europea vinculada al Horizonte 2020, con el que se pretende conocer con detalle cuál es la situación actual de las colonias de abejas melíferas, realizar una monitorización de las poblaciones durante un tiempo y el desarrollo de estrategias para mitigar los factores de estrés que las están llevando al límite.

Este proyecto europeo cuenta con la participación y de 42 socios de catorce países europeos, y se mantendrá en activo hasta junio de 2023. La participación española corre a cargo de la Universidad de Murcia y la Asociación Regional de Empresas Agrícolas y Ganaderas de la Comunidad Autónoma de Murcia, donde se muestran preocupados por cómo merman las colmenas de temporada en temporada.

Pilar de la Rúa, investigadora de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia, se encarga de coordinar las investigaciones españolas de Poshbee. Y se muestra preocupada por una situación que se agrava cada año y para la que no hay una solución sencilla.

Persistencia de agroquímicos en el medio ambiente

Advierte de la persistencia de los agroquímicos en el medio ambiente y aunque haga tiempo que no se emplean algunos productos, sí que se encuentran en el entorno y llegan hasta las abejas.

De ahí la importancia, explica, de que antes de autorizar el uso de un pesticida se estudien las consecuencias que puede tener a largo plazo y cómo se comportará en el medio ambiente durante el paso de los años. “Todavía su uso es muy reciente y no se conoce bien cuánto perduran en el medio ambiente”.

“Está claro que tanto la agricultura como la apicultura tienen que emplear productos contra las plagas, y no siempre es sencillo o económicamente viable utilizar alternativas de origen natural y no de síntesis, más propias de producciones ecológicas».

Primera reunión del proyecto Poshbee, en la Universidad de Murcia.
Primera reunión del proyecto Poshbee, en la Universidad de Murcia.

Pérdida de abejas, un fenómeno multifactorial

El descenso de las poblaciones de abejas es un fenómeno que se debe a muchos factores y la actuación debe ser coordinada entre las autoridades, la comunidad científica y los propios apicultores y agricultores. Y no se da de la misma manera en todos los lugares del mundo. Incluso dentro de nuestro país hay diferencias entre las comunidades autónomas.

De la Rúa explica que detrás de la desaparición de las abejas está el cambio climático. Este fenómeno global interviene de forma directa en la vida de estos insectos, ya que condiciona su actividad e interviene de manera determinantes en su alimentación.

“Que se den temperaturas por encima de los valores habituales afecta a las propias colmenas, como también lo hace con las flores”, aclara Pilar de la Rúa, que además hace hincapié en la importancia que tiene la temperatura en la actividad de las abejas.

Monocultivos, dieta única para las abejas

El cambio climático es una amenaza sobre toda la biodiversidad, pero hay otra que afecta de manera más específica a los polinizadores además de los agroquímicos presentes en el ambiente. Se trata de la dificultad que tienen las abejas para contar con una dieta variada.

A veces las colmenas se localizan cerca de zonas de cultivo o, incluso, hay ocasiones en las que se trasladan directamente a los cultivos, donde realizan una tarea de polinización impagable.

La agricultura intensiva a cielo abierto elimina especies vegetales que tradicionalmente han servido de alimento a las abejas, para sustituirlas por cultivos. Y lo normal es que en estas explotaciones agrícolas solamente se cultive un producto, a lo sumo, dos o tres. Esto se traduce en grandes extensiones de terreno con una variedad de flores muy escasa, con lo que se reducen también las clases de pólenes disponibles para estos insectos.

Parásitos, la amenaza llegada de fuera

Los parásitos son otra gran amenaza para las abejas, un problema que se ha potenciado con la polinización y el comercio internacional de colmenas, que favorece la extensión rápida de patógenos como la varroa. Éste es el ácaro que más está afectando a las colmenas españolas, y en todo el mundo. Solamente Australia, gracias a su estricta normativa para la importación de animales, se ha librado de la varroa.

“En el caso de la abeja de la miel, sus amenazas son los agroquímicos, los patógenos y la nutrición. Y justamente estos tres factores y la relación entre ellos es lo que queremos analizar en el proyecto Poshbee”, explica Pilar de la Rúa.

Este proyecto europeo analizará la situación de las colmenas en las diferentes regiones de Europa, ya que la problemática es diferente en cada una de ellas y, por tanto, las soluciones a adoptar también deben estar adaptadas a las condiciones de cada zona.

Un ejemplo claro de esta realidad se puede observar en nuestro propio país, donde hay diferencias en las prácticas apícolas de las distintas comunidades autónomas.

Como informa Pilar de la Rúa, en el Sureste, las explotaciones apícolas suelen estar integradas por un centenar de colmenas, una cifra muy superior a las de comunidades más septentrionales. Y en esta zona, dice De la Rúa, el calor supone un problema muy importante, hasta el punto de que hay agricultores de Murcia que cada verano trasladan sus colmenas a campos de Soria, para evitar la elevada mortalidad de abejas que se registra al final de cada verano.

Además, las abejas del Sur están más expuestas a plaguicidas, debido a que en esta zona la actividad agrícola es mucho más importante.

Esto enlaza con las conclusiones del estudio internacional que avisa de la desaparición de los insectos, en el que se señala a las prácticas agrícolas como uno de los factores determinantes en el descenso de la población mundial de insectos. Concretamente, este estudio expone que la agricultura implica el uso de pesticidas y plaguicidas a la vez que cambia el paisaje, con una reducción drástica de la diversidad vegetal en beneficio del cultivo en cuestión.

Cambios en la manera de producir alimentos

De ahí que los autores de esta investigación, en la que se por primera vez se recopilan los resultados de más de 70 estudios realizados en países de Europa y América del Norte, donde existen los registros más antiguos de la evolución de las especies de insectos, recomienden un cambio radical en la manera de producir alimentos, para acercarse a una fórmula más respetuosa con el medio ambiente como incorporar setos de flores en las lindes de los cultivos, que servirían de refugio para los insectos y favorecería el crecimiento de las comunidades que luchan contra las plagas. O también la rotación de cultivos, que permitan la presencia de especies nuevas de insectos y polinizadores.  

Estas investigaciones demuestran que estamos a las puertas de un problema ambiental como nunca antes habíamos tenido, porque la desaparición de insectos conlleva mucho más que dejar de ver a estos invertebrados por el campo. Implicará cambios radicales en la cadena alimentaria, en la polinización y en la descomposición de restos vegetales y animales. Los insectos son esenciales para la vida en nuestro planeta y es hora de que empecemos a verlos como nuestros aliados y a cuidarlos como se merecen. Nos va mucho en ello.  

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