Cuestionan el origen de los cilindros óseos aparecidos en yacimientos: no solo los producen las hienas

Los cilindros óseos abundan en yacimientos arqueológicos y paleontológicos. Estos fragmentos de hueso, sin extremos y están huecos por dentro, están atribuidos a la acción de las hienas, sin embargo, parece que estos no son los únicos animales responsables de la transformación de estas piezas. Una investigación de la Universidad de Granada (UGR) ha encontrado que otros animales y también humanos podrían haberlos originado.

El estudio, desarrollado por Darío Herranz Rodrigo, investigador del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UGR, cuestiona la atribución tradicional de estas piezas a las hienas y muestran que otros carnívoros, como lobos, felinos, osos y mustélidos, también pueden producirlas. Además, determinados procesos que afectan a los restos después de su enterramiento pueden generar estructuras similares.

La investigación se ha publicado en la revista International Journal of Osteoarchaeology, se enmarca en la actividad del Proyecto ORCE-UGR y del grupo de investigación CUATE.

Qué son los cilindros óseos y cómo se forman

Los cilindros óseos son fragmentos de la diáfisis —la parte central de los huesos largos— que han perdido las epífisis, es decir, sus extremos articulares, pero conservan intacta la estructura del canal medular. Su presencia es habitual en numerosos yacimientos y constituye una fuente de información para reconstruir los procesos que han intervenido en la acumulación y transformación de los restos animales.

Hasta ahora, estas piezas se habían relacionado principalmente con la actividad de las hienas, especialmente por su capacidad para fracturar y consumir huesos. Sin embargo, la literatura científica también recogía ejemplos vinculados a otros carnívoros y a procesos posdeposicionales, las transformaciones físicas, químicas y biológicas que experimentan los restos después de quedar depositados en un yacimiento.

La revisión de la Universidad de Granada analiza esta diversidad de posibles causas y pone de relieve la importancia de interpretar cada hallazgo teniendo en cuenta su contexto.

La clave está en la propia estructura de los huesos largos. Las epífisis son más porosas y contienen médula roja, mientras que las diáfisis son más densas y resistentes y protegen en su interior el tuétano o médula amarilla, rico en lípidos. Esta distribución condiciona el aprovechamiento de los huesos por parte de los animales carnívoros y también de los seres humanos.

Las epífisis pueden ser consumidas mediante masticación por especies durófagas, como hienas y cánidos. En el caso de los humanos, las evidencias de varios yacimientos paleolíticos apuntan también al aprovechamiento de estas partes mediante el hervido.

Hienas, lobos, felinos y osos: distintos animales pueden generar cilindros óseos

La investigación confirma que los carnívoros durófagos, especialmente las hienas, son los principales responsables de la formación de cilindros óseos, aunque no los únicos. La revisión establece que otros animales también pueden producir estas piezas, sobre todo cuando se alimentan de presas de pequeño y mediano tamaño.

Entre ellos figuran lobos, felinos, osos y mustélidos. No obstante, el estudio identifica una particularidad: los cilindros elaborados sobre animales de más de 1.000 kilogramos de peso solo han podido relacionarse con la actividad de hiénidos. Además, la práctica de cilindrificar huesos largos aparece estadísticamente más vinculada a especies de hienas con tendencias solitarias y acumulativas, como la hiena rayada (Hyaena hyaena) y la hiena parda (Parahyaena brunnea).

El estudio también señala que, en el caso de los félidos —como leones, tigres y pumas— y los úrsidos —los osos—, muchas de estas piezas están asociadas a episodios de estrés o encierro. Este resultado invita a revisar la información sobre el comportamiento animal que se obtiene a partir de restos procedentes de ejemplares en cautividad.

Una nueva herramienta para interpretar el registro fósil

Darío Herranz Rodrigo destaca que los cilindros óseos son productos de la equifinalidad, un concepto que describe cómo distintos agentes o procesos pueden generar un resultado similar. Por tanto, su presencia no permite atribuir automáticamente la formación de estas piezas a una única especie.

Su origen depende de diferentes factores, entre ellos el animal responsable, el tamaño de la presa y el contexto en el que se acumularon los restos. Por eso, el investigador plantea que estas estructuras deben estudiarse dentro de un conjunto más amplio de agentes, procesos y circunstancias.