El estrés no es solo cosa de adultos. También aparece durante los primeros años de vida y, en determinadas circunstancias, los niños de cuatro y cinco años pueden experimentar una respuesta fisiológica de estrés ante situaciones que les generan frustración y sensación de evaluación.

Es la principal conclusión de un equipo del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada. Los investigadores han validado una tarea de laboratorio que permite estudiar cómo reaccionan los niños en edad preescolar ante una situación diseñada para provocar estrés.
Los resultados son relevantes porque la etapa preescolar se encontraba hasta ahora en una especie de vacío entre los métodos utilizados para estudiar el estrés en bebés y los empleados con niños mayores.
“No solo permite comprender mejor los problemas de conducta en la infancia, sino también avanzar en la prevención de dificultades de salud mental en la adolescencia y la vida adulta”, explican el investigador Miguel Ángel Baos González y la catedrática de Psicología María Isabel Peralta Ramírez.
Los niños pequeños también pueden experimentar estrés psicológico
El estrés es una respuesta normal del organismo ante determinadas situaciones. Sin embargo, cuando es demasiado intenso o se mantiene durante mucho tiempo, puede afectar negativamente a la salud mental.
Hasta ahora se conocía relativamente bien cómo estudiar esta respuesta en diferentes etapas de la vida. En los bebés, por ejemplo, una situación habitual para provocar estrés es la separación de sus padres.
A partir de los siete años y durante la adolescencia y la edad adulta existen otros protocolos basados en situaciones en las que las personas pueden sentirse observadas, evaluadas o juzgadas. El problema estaba en los niños de edad preescolar.
A los cuatro o cinco años, los pequeños ya no reaccionan al estrés simplemente por separarse de sus padres, pero tampoco tienen todavía la capacidad de razonamiento necesaria para enfrentarse a las situaciones complejas que se utilizan con niños mayores. Esto había dificultado estudiar de forma precisa cómo responden al estrés psicológico.
“Las niñas y niños en esta etapa ya no se estresan simplemente por ser separados de sus padres, pero tampoco tienen la capacidad de razonamiento para llegar a sentir estrés frente a los mismos estímulos complejos que quienes están en edad escolar o adolescente. Por ello, era necesario encontrar una forma efectiva de generar estrés en esa edad para poder medirlo y trabajarlo”, detallan los científicos de la UGR.
Un juego provoca frustración en los niños
Para estudiar esta respuesta, los investigadores utilizaron una tarea basada en el protocolo SRTP. El procedimiento consiste en un juego de clasificación de animales. Los niños tienen que unir imanes de colores con el animal correspondiente antes de que se agote el tiempo marcado por un semáforo.
La actividad se presenta como un juego sencillo que otros niños más pequeños son capaces de completar correctamente. De esta manera se introduce un componente de evaluación social: el niño no solo tiene que resolver la tarea, sino que puede interpretar que debería ser capaz de hacerlo.
Pero existe un problema: durante los primeros intentos, el juego está diseñado para que sea imposible terminar a tiempo. Los pequeños lo intentan y fallan. Lo vuelven a intentar y vuelven a fallar. La situación genera frustración y puede hacer aparecer pensamientos como “no voy a ser capaz de lograrlo”.
“Sin embargo, el juego es injusto, ya que en los primeros intentos es imposible completarlo a tiempo, lo que genera frustración y el pensamiento de ‘no voy a ser capaz de lograrlo’”, indica el investigador Miguel Ángel Baos.
El organismo de los niños responde al estrés
La parte fundamental del experimento llega cuando los investigadores comprueban qué está ocurriendo en el organismo de los pequeños.
Después de varios intentos fallidos, cuando los niños ya han experimentado cierto grado de frustración, el investigador les explica que el semáforo estaba roto y lo sustituye por otro que funciona correctamente.
A partir de ese momento, los niños consiguen completar el juego dentro del tiempo establecido y reciben un juguete como premio. Mientras ellos terminan la actividad con una experiencia positiva, los investigadores pueden analizar la respuesta fisiológica que se ha producido durante la situación de frustración.
Para ello, recogen seis muestras de saliva antes y después de la tarea y analizan dos marcadores biológicos relacionados con el estrés: el cortisol, conocido como hormona del estrés, y la alfa-amilasa, una enzima relacionada con la actividad del sistema nervioso simpático.
Y el resultado es claro: los biomarcadores de estrés aumentan después de la aplicación de la tarea.
“Los biomarcadores de estrés aumentan tras la aplicación de la tarea. La respuesta fisiológica generada por este protocolo permite evaluar su interacción con variables clave como el neurodesarrollo, los problemas de conducta o los estilos educativos parentales”, señala la catedrática María Isabel Peralta.
Por qué es importante detectar el estrés en la etapa preescolar
El hallazgo permite avanzar en una cuestión que hasta ahora resultaba especialmente difícil de estudiar: cómo responde al estrés el organismo de un niño de cuatro o cinco años. La importancia de conocer esta respuesta va más allá de determinar si un pequeño se pone nervioso o se frustra durante un juego. Los investigadores quieren estudiar cómo se relaciona la respuesta fisiológica al estrés con otros aspectos del desarrollo infantil.
Entre ellos están el neurodesarrollo, los problemas de conducta y los estilos educativos parentales. Esto puede ayudar a comprender mejor por qué algunos niños presentan una mayor vulnerabilidad psicológica y cómo las experiencias de estrés durante los primeros años pueden relacionarse con dificultades posteriores.
La investigación parte de una idea especialmente relevante para la prevención: los problemas relacionados con la salud mental no aparecen necesariamente de repente durante la adolescencia o la edad adulta. Algunas de las respuestas y vulnerabilidades que pueden influir en etapas posteriores comienzan a estudiarse mucho antes.
Una nueva vía para prevenir problemas de salud mental
La adaptación de este protocolo en España abre nuevas posibilidades para investigar el estrés infantil desde la etapa preescolar. Los científicos podrán utilizarlo para estudiar con mayor precisión la relación entre la respuesta de estrés, el desarrollo y el comportamiento de los niños, así como para analizar qué factores pueden aumentar o reducir esa vulnerabilidad.
Según concluyen los expertos, disponer de esta herramienta puede contribuir en el futuro al desarrollo de estrategias de prevención de problemas de salud mental.
El hallazgo cambia además la forma de aproximarse al estrés durante los primeros años: los niños pequeños no solo pueden experimentar situaciones que les generan frustración, sino que su organismo responde fisiológicamente ante ellas de una manera que puede medirse y estudiarse científicamente.
Y esa respuesta puede convertirse en una pieza importante para comprender cómo se construye la salud mental desde la infancia.












