Los materiales poco rígidos bajo las grandes masas calizas de los Picos de Europa absorben y disipan los tensiones tectónicas evitando así terremotos

Diez sismógrafos distribuidos en el Oriente de Asturias desentrañan las causas del «silencio sísmico» en esta área geográfica. El estudio identifica materiales poco rígidos bajo las grandes masas calizas del macizo que absorben y disipan los esfuerzos tectónicos, lo que evita la generación de terremotos

Límite de placas entre Eurasia y Nubia sobre el mapa de sismicidad de la Península Ibérica y zonas adyacentes. El mapa base de sismicidad es del Instituto Geográfico Nacional (www.ign.es)

Un equipo de investigadores del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo ha descubierto que los Picos de Europa cuentan con una especie de amortiguador geológico natural que explica la práctica ausencia de terremotos en el entorno del parque nacional. Gracias al despliegue de una red sísmica formada por diez sismógrafos y al uso de avanzadas técnicas de análisis del subsuelo, los científicos han comprobado que bajo las grandes masas de rocas calizas del macizo existen materiales más blandos capaces de absorber y disipar los esfuerzos tectónicos sin generar fracturas.

Los resultados del trabajo, publicados en la revista científica internacional Tectonophysics, ayudan a explicar por qué esta zona constituye uno de los sectores con menor actividad sísmica de toda la Cordillera Cantábrica.

El estudio ha sido desarrollado por un equipo de seis investigadores del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo, liderado por los catedráticos Gabriela Fernández-Viejo y Sergio Llana Fúnez. Sus resultados confirman que, contrariamente a lo que podría pensarse, el macizo de los Picos de Europa es una de las zonas con menor actividad sísmica de la Cordillera Cantábrica.

«Durante años nos preguntamos por qué una de las zonas montañosas más espectaculares de la península apenas registra terremotos. Ahora sabemos que la respuesta está en los materiales que se encuentran bajo el macizo y que actúan como un auténtico amortiguador natural», explica Gabriela Fernández Viejo.

Los investigadores explican este fenómeno por la existencia de materiales poco rígidos bajo las imponentes formaciones calizas que caracterizan el relieve del macizo. Estas rocas más blandas absorben los esfuerzos tectónicos deformándose y disipando la energía, en lugar de fracturarse y generar terremotos. En este sentido, actúan como un amortiguador natural.

Esta situación contrasta con lo que ocurre en el oeste de Asturias, donde predominan rocas más rígidas que responden a los esfuerzos acumulados mediante fracturas que sí generan actividad sísmica. En conjunto, los Picos de Europa se configuran como un territorio sísmicamente estable, cuya propia estructura interna limita la generación de terremotos.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo desplegó entre 2023 y 2024 una red de 10 estaciones sísmicas distribuidas en los municipios de Cabrales, Ribadedeva, Onís, Valdeón, Llanes, Camaleño, Ribadesella, Peñamellera Alta y Parres. El objetivo era escuchar con gran precisión la actividad del subsuelo en el entorno del parque nacional más antiguo de España.

Durante el periodo de estudio, el sistema registró únicamente 18 terremotos de muy baja magnitud (entre 1 y 2), de los cuales solo uno tuvo su epicentro cerca del macizo. El resto de los eventos se concentraron a lo largo de la falla de Ventaniella, principalmente en el concejo de Caso y en el norte de la provincia de León.

Además de las técnicas sísmicas tradicionales, el estudio ha incorporado una innovadora metodología basada en el análisis del ruido sísmico ambiental, es decir, las vibraciones constantes e imperceptibles del terreno generadas por fenómenos naturales como el oleaje, el viento o la actividad humana. Esta técnica permite estudiar el interior de la Tierra sin necesidad de explosiones ni fuentes artificiales.

Gracias a ello, los científicos han obtenido una imagen detallada del subsuelo hasta unos ocho kilómetros de profundidad, identificando contrastes entre materiales de distinta rigidez y aportando nuevas claves para explicar la escasa sismicidad de la zona.

«La combinación de una red sísmica de alta resolución y técnicas de tomografía basadas en ruido ambiental nos ha permitido obtener una imagen inédita del subsuelo de los Picos de Europa. Este trabajo demuestra cómo las herramientas geofísicas más avanzadas pueden ayudarnos a comprender mejor la estructura interna de las montañas y los procesos que condicionan su comportamiento sísmico», señala Gabriela Fernández-Viejo.

El estudio está firmado por los investigadores Carlos López-Fernández, Jorge Acevedo, Gabriela Fernández-Viejo, Sergio Llana-Fúnez, Miguel Gutiérrez-Medina y Juan Manuel González-Cortina. El estudio ha contado con financiación del Ministerio de Economía e Industria de España, del Gobierno del Principado de Asturias y del programa Torres Quevedo.

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