El primer muestreo intensivo realizado en la Cordillera Cantábrica revela más de mil variantes genéticas y comunidades altamente específicas en cada bosque
Los investigadores descubren que los árboles que reciben menos luz y compiten por recursos albergan las comunidades más ricas, lo que subraya la importancia de conservar una estructura forestal heterogénea
Los hallazgos aportan una base científica clave para la gestión y conservación futura de los bosques atlánticos ante los retos del cambio climático

Investigadores de las universidades de Oviedo, Granada y Santiago de Compostela, en colaboración con especialistas de ixCelium (Ruislip, Londres), han elaborado el primer muestreo intensivo de los hongos que habitan las raíces del roble albar (Quercus petraea) en el límite sur de su distribución europea, un área considerada especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático.
El estudio analiza por primera vez de forma conjunta la diversidad taxonómica, funcional y ecológica de los hongos presentes en los sistemas radicales de esta especie forestal emblemática. El trabajo ha sido publicado en la revista Mycological Progress, de gran impacto en su área del conocimiento.
El equipo muestreó tres espacios naturales protegidos de la Cordillera Cantábrica -el Parque Natural de Redes, el Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias y la Zona Especial de Conservación de los Ancares-, representativos del bosque atlántico de roble. En cada área se seleccionaron árboles pertenecientes a distintas posiciones dentro del dosel (dominantes, codominantes, intermedios y sumergidos) con el fin de analizar cómo la estructura del bosque influye en el entramado de especies fúngicas que conviven bajo el suelo.
Comunidades de hongos altamente especializadas
Pedro Álvarez, investigador del Departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo, destaca que “este trabajo demuestra que bajo nuestros bosques existe una gran diversidad, con comunidades de hongos específicas que varían de un bosque a otro, incluso dentro de una misma región”.
Mediante el uso de técnicas de metabarcoding de ADN (secuenciación masiva) combinadas con análisis histológicos tradicionales, los investigadores identificaron un total de 1.043 variantes genéticas (ASVs), de 297 especies, una riqueza mucho mayor de la documentada hasta ahora para estos bosques.
Pese a que la riqueza fue similar entre las tres áreas, la composición de las comunidades fúngicas fue marcadamente distinta: únicamente un 7,4% de las variantes apareció en todos los sitios. Esta elevada especificidad muestra que cada bosque alberga comunidades únicas condicionadas por el tipo de suelo, el microclima y la estructura del arbolado.
El estudio revela además el papel fundamental que desempeñan distintos grupos de hongos en la nutrición del roble. Entre ellos destacan los hongos ectomicorrícicos, responsables de facilitar la absorción de nutrientes y agua. A través del análisis morfológico de las puntas radicales, el equipo identificó 11 morfotipos, todos ellos con las estructuras características de la simbiosis (manto y red de Hartig). Estos hongos, mayoritariamente pertenecientes a los filos Basidiomycota y Ascomycota, contribuyen al buen estado fisiológico de los árboles, especialmente en suelos pobres o sometidos a estrés ambiental.
Más allá de las ectomicorrizas, la investigación detectó una notable presencia de hongos endófitos de raíces, en particular del grupo conocido como dark septate endophytes (DSE). Estos hongos, cuya función ecológica todavía se está desentrañando, podrían desempeñar un papel importante en la resistencia del roble frente a condiciones adversas. El estudio también destaca la coexistencia de hongos saprófitos, implicados en la descomposición de materia orgánica, lo que contribuye a la fertilidad del suelo y al ciclo de nutrientes.
Un hallazgo relevante es que los árboles de clase sociológica intermedia —aquellos que reciben menos luz y compiten por recursos— muestran en dos de las áreas estudiadas una mayor diversidad fúngica y un número más alto de taxones exclusivos. Este patrón sugiere que los individuos situados en posiciones menos favorecidas dentro del dosel pueden depender más intensamente de una comunidad fúngica diversa para optimizar la adquisición de nutrientes.
Desde una perspectiva selvícola, estos resultados subrayan la importancia de mantener una estructura forestal heterogénea, ya que las cortas intermedias, clareos o tratamientos que modifiquen la estratificación del dosel pueden influir directamente en la estabilidad de las redes simbióticas subterráneas. Conservar dicha diversidad estructural no solo repercute en la vitalidad de los árboles individuales, sino también en la resiliencia a largo plazo de todo el ecosistema.
“Nuestros resultados refuerzan la idea de que la salud del bosque no depende únicamente de los árboles, sino también del complejo entramado de microorganismos subterráneos que los sustentan. Conocer la diversidad y función de estos hongos es imprescindible para gestionar y conservar los bosques atlánticos, especialmente en escenarios de calentamiento, pérdida de humedad o desplazamiento altitudinal de especies”, afirma Norma Alas Gutiérrez, doctora por la Universidad de Oviedo y cofirmante del trabajo.
“El estudio proporciona una base científica sólida para diseñar estrategias de conservación que mantengan la heterogeneidad estructural del bosque y, con ella, la estabilidad de las simbiosis subterráneas que sostienen todo el ecosistema”, concluye Álvarez.













