La UBU y CENIEH crean ‘MolArq’, un grupo que pretende situar a Burgos en la vanguardia internacional de la Arqueología Biomolecular

El nuevo Grupo de Investigación Reconocido MolArq reúne a especialistas de primer nivel mundial en ADN antiguo, paleoproteómica, isótopos estables y bioantropología para reconstruir la historia de nuestros antepasados a partir de restos microscópicos e invisibles

La Universidad de Burgos (UBU) y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) han formalizado la creación de MolArq, un nuevo Grupo de Investigación Reconocido (GIR) especializado en arqueología biomolecular.

La Universidad de Burgos (UBU) y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) han formalizado la creación de MolArq, un nuevo Grupo de Investigación Reconocido (GIR) especializado en arqueología biomolecular, que reúne a científicos de proyección internacional para investigar algunos de los grandes interrogantes de la historia y la evolución humana mediante el análisis de evidencias moleculares en los restos arqueológicos.

¿Quiénes fueron nuestros antepasados y cómo se relacionaban entre sí? ¿Qué migraciones dieron forma a las poblaciones actuales? ¿Qué comían, qué enfermedades padecían o cómo se adaptaron a los cambios ambientales? Son algunas de las preguntas a las que esta disciplina puede ofrecer respuestas a partir de cantidades extraordinariamente pequeñas de material biológico conservado durante cientos, miles e incluso millones de años.

El nuevo grupo combina el talento científico de ambas instituciones con las infraestructuras analíticas de última generación de que disponen ambas instituciones, reforzando la posición de Burgos como uno de los principales centros europeos de investigación biomolecularaplicada al patrimonio histórico y evolutivo.

Un equipo científico multidisciplinar de referencia internacional

La principal fortaleza de MolArq reside en la integración de distintas especialidades científicas: paleogenómica o estudio del ADN antiguo, paleoproteómica o análisis de proteínas conservadas en restos arqueológicos, isótopos estables y radiactivos y bioantropología.

Por parte de la Universidad de Burgos, el grupo está coordinado por Colin Smith, director del Área de Arqueología de la UBU y especialista internacional en el estudio de isótopos estables. En el ámbito del ADN antiguo destacan Cristina Valdiosera, Alex Mas Sandoval y Ernesto Garfias, junto con las investigadoras e investigadores Ana Delia Rodríguez, Nico Cirotto, Julián Puig y Wayra Herz, vinculados a proyectos científicos de excelencia y elevada competitividad internacional, como el Beca avanzada del ERC AdMEXture.

Por parte del CENIEH, participa activamente su directora, la reconocida paleoantropóloga María Martinón-Torres, junto con Leslea Hlusko, investigadora principal del proyecto ERC Advanced Grant Tied2Teeth, centrado en el estudio evolutivo de la dentición. También forman parte del equipo Samantha Brown, especialista en paleoproteómica y pionera en la identificación molecular de restos fósiles mediante espectrometría de masas, y Altuğ Hasözbek, investigador especializado en geocronología e isótopos.

La combinación de estas especialidades permitirá abordar cuestiones científicas complejas desde perspectivas complementarias, conectando la información genética y molecular con el conocimiento arqueológico, anatómico y ambiental.

Un diente de Atapuerca que ayudó a reconstruir nuestro árbol evolutivo

Uno de los ejemplos más reveladores del potencial de esta disciplina procede precisamente de los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Durante décadas, una de las grandes incógnitas de la evolución humana ha sido determinar qué lugar ocupa Homo antecessor, la especie identificada a partir de restos fósiles de la Gran Dolina, en el árbol genealógico de la humanidad.

En 2020, una investigación internacional publicada en la revista científica Nature, con participación de investigadores vinculados a Atapuerca y al CENIEH, consiguió recuperar y analizar proteínas conservadas en el esmalte dental de un individuo de Homo antecessor de aproximadamente 800.000 años de antigüedad.

El análisis molecular permitió determinar que Homo antecessor pertenece a una línea evolutiva estrechamente emparentada con el grupo que posteriormente daría lugar a los neandertales, los denisovanos y los humanos modernos. También permitió identificar como masculino al individuo al que pertenecía el fragmento dental analizado.

El hallazgo demostró que, incluso cuando el ADN antiguo ha desaparecido por el paso del tiempo, determinadas proteínas pueden conservar información biológica suficiente para investigar las relaciones evolutivas entre especies humanas extinguidas.

Este avance ilustra el potencial científico de MolArq: incorporar nuevas herramientas moleculares al estudio de los fósiles y materiales arqueológicos para obtener información que no puede deducirse únicamente de su forma, tamaño o características anatómicas.

Reconstruir migraciones, dietas y enfermedades del pasado

La arqueología biomolecular permite investigar aspectos de las sociedades antiguas que hasta hace poco resultaban inaccesibles. El estudio del ADN extraído de dientes y huesos puede revelar relaciones de parentesco, movimientos migratorios y procesos de mezcla entre poblaciones. Por su parte, el análisis de isótopos estables —variaciones de determinados elementos químicos que quedan registradas en los tejidos— permite reconstruir aspectos de la alimentación y, en determinadas condiciones, identificar cambios de residencia o procedencia geográfica.

Así, el análisis de los restos de una comunidad antigua puede aportar información sobre la dieta de sus habitantes, si habían nacido en el lugar donde fueron enterrados o si existían diferencias alimentarias relacionadas con su posición social.

Otra aplicación especialmente relevante es la reconstrucción de los grandes procesos de movilidad y mestizaje humano. En este ámbito destaca el proyecto AdMEXture, dirigido por la investigadora de la UBU Cristina Valdiosera y financiado mediante una prestigiosa ayuda ERC Advanced Grant del Consejo Europeo de Investigación. La iniciativa estudia las raíces bioculturales de la diversidad y la desigualdad en México a lo largo de los últimos 500 años, a partir del encuentro y mestizaje entre poblaciones americanas y europeas.

Mediante herramientas moleculares—en concreto, el estudio del ADN antiguo para trazar linajes, parentescos y flujos migratorios, junto con el análisis de isótopos estables para reconstruir la dieta y los patrones de movilidad individual—, el proyecto pretende reconstruir cómo estos procesos históricos transformaron la composición biológica y social de las poblaciones, demostrando que el análisis molecular también puede contribuir a comprender acontecimientos mucho más recientes de la historia humana.

Impacto local, nacional y global

La creación de MolArq supone un nuevo avance en la consolidación de Burgos como referente internacional en el estudio de la evolución humana y del patrimonio arqueológico. Su proyección internacional se ve reforzada por la presencia de dos proyectos financiados mediante ayudas ERC Advanced Grant del Consejo Europeo de Investigación, una de las convocatorias más prestigiosas y competitivas del sistema científico europeo.

La concurrencia de estas capacidades sitúa a MolArq en una posición de liderazgo para atraer talento investigador, dirigir consorcios internacionales y desarrollar investigaciones susceptibles de publicarse en revistas científicas de máximo impacto, como Nature o Science.

Como destaca la coordinación del grupo, «Burgos ya era un referente indiscutible en la excavación e interpretación morfológica del pasado. Con MolArq, cerramos el círculo: aplicamos la biotecnología más avanzada para extraer información biológica invisible a simple vista contenida en huesos, dientes y sedimentos de cientos, miles o millones de años».

Con la puesta en marcha de MolArq, la Universidad de Burgos y el CENIEH refuerzan una colaboración científica estratégica que permite abordar la historia de la humanidad desde nuevas perspectivas y consolidar a Burgos como indiscutible referente internacional de investigación en arqueología biomolecular.

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