Un extracto rico en polifenoles de Cistus salviifolius, una especie de jara mediterránea empleada tradicionalmente para tratar problemas de la piel, ha mostrado actividad fungicida frente a varios dermatofitos, los hongos responsables de infecciones superficiales de la piel, el cabello y las uñas. El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) junto a las universidades de Namur (Bélgica) y Coímbra (Portugal), se ha publicado en Journal of Ethnopharmacology.

Los dermatofitos son hongos capaces de colonizar tejidos ricos en queratina, como la piel, el cabello y las uñas, y causan infecciones muy comunes, entre ellas distintos tipos de tiña. Los investigadores prepararon el extracto rico en polifenoles a partir de plantas cultivadas en los jardines controlados de la UMH y comprobaron su actividad frente a distintas especies de hongos.
Los dermatofitos fueron especialmente sensibles, sobre todo Trichophyton rubrum —una de las principales causas de micosis cutáneas— y Microsporum canis, que puede transmitirse de animales a personas. En cambio, el extracto no mostró actividad antifúngica a las concentraciones ensayadas frente a levaduras como Candida albicans.
La jara estudiada se ha utilizado tradicionalmente en diferentes regiones mediterráneas en preparados tópicos para tratar heridas, inflamaciones e infecciones cutáneas. «La medicina tradicional nos proporciona pistas, pero es necesario comprobar experimentalmente qué hay detrás de esos usos, qué procesos biológicos están ocurriendo realmente y en qué condiciones puede resultar útil», explica el investigador del Instituto de Investigación en Biotecnología y Salud (IDiBE UMH) Vicente Micol Molina. Los resultados no avalan el uso directo de la planta sobre la piel, sino que respaldan el estudio de formulaciones controladas en las que se conozcan la composición y el comportamiento del extracto.
Antes de probar su efecto frente a los hongos, el equipo ya había analizado la composición del extracto con técnicas capaces de separar e identificar sus moléculas. Comprobaron que estaba compuesto principalmente por polifenoles, entre ellos taninos y flavonoides. Para averiguar cómo actuaba el extracto, observaron los hongos tratados con microscopía electrónica.
Las imágenes mostraron alteraciones importantes: grandes vacuolas, desorganización del interior celular, desprendimiento de la membrana y restos celulares en el exterior, indicios de que algunas células habían perdido su contenido o se habían roto. Los autores plantean que el extracto podría alterar varios procesos celulares de los hongos a la vez, aunque todavía es necesario conocer qué compuestos son responsables de su actividad.
«Hemos observado que el hongo deja de crecer y que se le produce un daño importante en sus células. Eso ayuda a entender por qué el extracto de jara presenta actividad fungicida y nos permite empezar a investigar qué mecanismos concretos están implicados», señala el investigador del IDiBE y primer autor del trabajo, Francisco Javier Álvarez Martínez.
El extracto se probó también sobre un tejido que reproduce la epidermis humana, cultivado en el laboratorio a partir de queratinocitos primarios, las células que forman la mayor parte de la capa externa de la piel. Los investigadores infectaron este tejido con dermatofitos para estudiar si el tratamiento podía frenar la infección y proteger la barrera cutánea.
Aplicado después de la infección, el extracto de jara redujo la carga fúngica y la invasión del tejido, preservó la barrera epidérmica y disminuyó la respuesta inflamatoria. Además, no redujo la viabilidad de los queratinocitos en las condiciones ensayadas. «Esto significa que, en este modelo y a las concentraciones utilizadas, el extracto no mostró toxicidad para las principales células de la epidermis. Es un resultado importante, aunque todavía no permite afirmar que sea seguro como tratamiento en personas», matiza el investigador de la UMH.
El estudio detectó, además, actividad antioxidante y capacidad para inhibir enzimas que degradan componentes de la piel como el colágeno, la elastina y el ácido hialurónico. Estos resultados justifican seguir investigando el extracto de Cistus salviifolius para desarrollar posibles formulaciones tópicas, como cremas o hidrogeles, pero todavía no se ha probado como tratamiento en personas. Los siguientes pasos incluyen estudiar su efecto sobre cepas de hongos resistentes, desarrollar formulaciones y confirmar su seguridad y eficacia en modelos animales y, posteriormente, mediante ensayos clínicos.
Además de Álvarez Martínez y Micol Molina, participan por la UMH la investigadora del IDiBE Nerea Pons Rocamora y el investigador del IDiBE Enrique Barrajón Catalán, junto a investigadores de las universidades de Namur y Coímbra. La investigación ha contado con financiación europea y de organismos públicos de España, Portugal y Bélgica, incluida la Unión Europea a través del programa NextGenerationEU, además de la Generalitat Valenciana, la Agencia Valenciana de la Innovación y la Fundación Daniel y Nina Carasso.













