Ocho boyas científicas, 22 puntos de control, imágenes de satélite, robots submarinos y 84 conjuntos de datos permiten a investigadores de la Universidad de Murcia (UMU) seguir cada vez con mayor precisión el estado del Mar Menor. El objetivo es convertir toda esa información en conocimiento capaz de detectar riesgos, anticipar escenarios y ayudar a proteger una de las lagunas costeras más frágiles de Europa.

La UMU participa desde hace años en numerosos proyectos destinados a conocer y vigilar el funcionamiento del Mar Menor, en colaboración con la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (CARM) y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
El seguimiento combina el estudio de los procesos oceanográficos y ecológicos con la monitorización continua de la calidad del agua, las condiciones hidrológicas y el estado trófico de la laguna. La finalidad última es disponer de información suficiente para prevenir nuevas crisis, intervenir cuando sea necesario y favorecer la recuperación del ecosistema. Pero la gran transformación está llegando de la mano de la ciencia de datos y las nuevas herramientas digitales.
NEREIDAS convierte los datos del Mar Menor en una herramienta para anticipar riesgos
Uno de los proyectos más destacados es NEREIDAS, una iniciativa que pretende situar a la Región de Murcia como referente nacional en la gestión del medio marino mediante la llamada economía del dato.
El proyecto funciona como un centro demostrador capaz de integrar información procedente de diferentes fuentes. Actualmente reúne un catálogo de 84 conjuntos de datos activos accesibles mediante una plataforma tecnológica.
La importancia de NEREIDAS no reside únicamente en acumular información. Su objetivo es cruzar y analizar datos procedentes de sensores oceanográficos, estaciones meteorológicas y satélites para comprender cómo responde el Mar Menor ante diferentes condiciones ambientales.
Una de sus herramientas más avanzadas es el gemelo digital del Mar Menor, una representación virtual de la laguna que permite reproducir su comportamiento y experimentar con diferentes escenarios.
El sistema puede utilizarse, por ejemplo, para estudiar qué podría suceder ante episodios de lluvias intensas o cambios en los aportes de nutrientes, dos factores especialmente relevantes para el funcionamiento de este ecosistema.
NEREIDAS incorpora además visores de datos de la columna de agua, mapas de clorofila y sistemas capaces de detectar contaminantes mediante robots submarinos autónomos.
La combinación de estas tecnologías permite pasar de una fotografía puntual del estado de la laguna a una visión mucho más dinámica: qué está ocurriendo, dónde está ocurriendo y cómo podría evolucionar.
Ocho boyas vigilan continuamente el estado de la laguna
Para que los modelos y herramientas digitales funcionen necesitan datos obtenidos directamente del Mar Menor. Investigadores de la Universidad de Murcia realizan por encargo de la Comunidad Autónoma un seguimiento exhaustivo de las condiciones hidrológicas y oceanográficas.
Una pieza fundamental de esta red son ocho boyas científicas desarrolladas en colaboración con la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT).
Estos dispositivos registran de manera continua parámetros esenciales para conocer el estado de las aguas, entre ellos temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y clorofila. La red se completa con 22 puntos de control georreferenciados, que permiten obtener una visión global de las condiciones de la laguna.
Todos estos datos alimentan diferentes proyectos desarrollados en el marco del Campus Mare Nostrum y permiten a los grupos de investigación de la UMU estudiar cómo responden la flora y la fauna a las condiciones ambientales.
El siguiente paso es utilizar esa información para desarrollar modelos predictivos capaces de anticipar riesgos. La diferencia es importante: no se trata solamente de saber cómo se encuentra el Mar Menor en un momento determinado, sino de intentar averiguar cómo puede evolucionar si cambian las condiciones ambientales.

Del dato a la conservación de las especies del Mar Menor
La investigación de la Universidad de Murcia no se limita a monitorizar el agua. Los datos obtenidos permiten también estudiar la respuesta de las especies que viven en la laguna y diseñar estrategias para favorecer su conservación.
El Banco de Especies del Acuario de la Universidad de Murcia, impulsado por la Comunidad Autónoma, constituye uno de los ejemplos más importantes.
Este trabajo ha desembocado en el anuncio de la creación del Centro de Conservación y Recuperación de Especies del Mar Menor (OM²), una infraestructura de 15.000 metros cuadrados en San Javier que contará con laboratorios especializados y 21 tanques marinos.
El objetivo será investigar el ciclo biológico y desarrollar protocolos de reproducción de especies emblemáticas y vulnerables del Mar Menor, entre ellas el fartet, la nacra y diferentes especies de singnátidos.
Los trabajos realizados hasta ahora ya han permitido crear un stock de 4.000 ejemplares de caballito de mar, que podrá contribuir a futuras actuaciones destinadas a recuperar las poblaciones naturales.
El nuevo centro permitirá mantener ejemplares en condiciones de semilibertad para facilitar su adaptación y posterior reintroducción en la laguna. El proyecto incorporará además actividades de divulgación científica y educación ambiental.
La investigación también busca reducir la contaminación que llega desde la cuenca
La conservación del Mar Menor requiere actuar también fuera de la propia laguna. Por ello, la Universidad de Murcia participa en proyectos destinados a reducir el impacto ambiental de actividades desarrolladas en su cuenca vertiente.
Recientemente se han captado más de 2,68 millones de euros para impulsar siete proyectos de innovación en el ámbito agropecuario, seleccionados en una convocatoria de la Fundación Biodiversidad.

Las iniciativas buscan reducir el impacto ambiental de la actividad ganadera mediante soluciones que van desde el tratamiento sostenible de purines y la recuperación circular de nutrientes hasta la ganadería extensiva regenerativa y el uso de microalgas para disminuir la carga contaminante.
El planteamiento conecta así dos escalas de actuación: conocer en tiempo real qué está ocurriendo dentro de la laguna y, al mismo tiempo, reducir las presiones ambientales que llegan desde su entorno.
Un laboratorio digital para intentar adelantarse a la próxima crisis
El trabajo desarrollado por la Universidad de Murcia muestra cómo la conservación del Mar Menor está incorporando herramientas propias de la ciencia de datos, la inteligencia artificial, la observación por satélite y la robótica submarina.
El valor de esta estrategia está en combinar todas esas fuentes de información. Las boyas aportan mediciones continuas, los puntos de control permiten ampliar la cobertura, los satélites ofrecen una visión espacial de la laguna y los robots pueden obtener información directamente bajo el agua.
El gemelo digital añade una dimensión diferente: permite utilizar los datos acumulados para explorar escenarios y anticipar cómo podría responder el ecosistema ante diferentes situaciones.
Todo ello persigue un mismo objetivo: que el conocimiento científico no llegue después de una crisis ambiental, sino que permita detectar señales de riesgo con antelación y mejorar la capacidad de respuesta ante ellas.
La Universidad de Murcia ha convertido así el Mar Menor en un auténtico laboratorio de observación ambiental en el que los datos se transforman en una herramienta para comprender, vigilar y tratar de recuperar el ecosistema.













