Este pueblo de la Costa del Sol esconde el mayor flujo de hidrógeno natural de Europa

Las rocas del subsuelo de Málaga podrían albergar una acumulación de hidrógeno natural formada hace millones de años. Un equipo internacional de investigadores, liderado desde la Universidad de Málaga (UMA), ha encontrado en el macizo de peridotitas de Ronda indicios que apuntan a la existencia de un depósito subterráneo de este gas, cuya presencia ayudaría a explicar las emisiones detectadas en un manantial de Estepona.

El flujo extraordinario de hidrógeno natural ha sido encontrado en una surgencia de agua de la Mina Amargosa.

El descubrimiento se ha producido en Vega Escondida, también conocida como Mina Amargosa, donde los investigadores han registrado una concentración de hidrógeno del 45,8 % en volumen, la mayor documentada hasta ahora en una manifestación superficial de hidrógeno en Europa occidental. Los resultados apuntan a que el gas podría proceder de una acumulación en el subsuelo, aunque todavía se desconoce su tamaño, profundidad y potencial de explotación.

El manantial de Estepona que libera 517 litros de hidrógeno al día

En el interior de un túnel de Vega Escondida, en el término municipal de Estepona, el equipo de investigación observó en 2025 varias líneas de burbujas que escapaban de las fracturas de la roca. El fenómeno llamó la atención de los investigadores porque no lo habían detectado en campañas anteriores.

El equipo, liderado desde la Universidad de Málaga por Lucía Ojeda, Iñaki Vadillo y Pablo Jiménez, analizó el gas que emergía de la pequeña poza y comprobó que contenía un 45,8 % de hidrógeno. El resultado sitúa este enclave malagueño entre los puntos de especial interés para investigar el hidrógeno geológico o hidrógeno natural, un gas que se genera mediante procesos naturales en el interior de la Tierra.

Las mediciones también revelaron un flujo significativo. El agua que aflora en el manantial transporta unos 538 micromoles de hidrógeno por litro y lleva hasta la superficie alrededor de 335 litros de este gas al día. A esa cantidad hay que sumar el hidrógeno que escapa directamente en forma de burbujas.

Al considerar ambas vías de emisión, los investigadores estiman que Vega Escondida libera aproximadamente 517 litros de hidrógeno diarios, equivalentes a unos 189.000 litros al año.

El interés del hallazgo no reside únicamente en la concentración del gas, sino en la dificultad de explicar ese flujo mediante los procesos geológicos que lo generan actualmente. Esa diferencia entre la producción esperable y la cantidad que aflora constituye una de las principales pistas sobre la posible existencia de una acumulación subterránea.

Por qué las rocas de Ronda pueden generar hidrógeno natural

El macizo de peridotitas de Ronda, uno de los mayores afloramientos de este tipo de roca del mundo, reúne condiciones geológicas favorables para la producción natural de hidrógeno. Las peridotitas contienen minerales que pueden reaccionar con el agua mediante un proceso conocido como serpentinización, durante el cual se genera este gas.

Sin embargo, los cálculos realizados por los investigadores indican que la producción actual de hidrógeno en las rocas situadas bajo Vega Escondida no parece suficiente para explicar las emisiones observadas. Para mantener el flujo registrado sería necesario que reaccionaran aproximadamente 1.890 metros cúbicos de peridotita fresca cada año. Este volumen tendría que renovarse continuamente para que el proceso siguiera produciendo hidrógeno a un ritmo capaz de sostener las emisiones.

La dificultad es que la capacidad de generar hidrógeno cambia a medida que reaccionan los minerales de la roca. Cuando la olivina, uno de los principales componentes de las peridotitas, se transforma durante la serpentinización, deja de producirlo en las mismas condiciones iniciales.

Por tanto, mantener ese flujo durante periodos geológicos prolongados exigiría que el agua entrara en contacto de manera continuada con nuevas masas de roca. Los autores consideran que este mecanismo, por sí solo, no explica satisfactoriamente una emisión que podría prolongarse durante miles o incluso millones de años.

Estructura geológica de la zona donde se encuentra el depósito y el flujo de hidrógeno natural.

Una acumulación de hidrógeno formada hace millones de años

La principal hipótesis es que parte del hidrógeno se generó en el pasado, se acumuló en el subsuelo y está escapando ahora hacia la superficie a través de las fracturas y estructuras geológicas de la zona.

«Los flujos continuos y duraderos de hidrógeno en las emanaciones no pueden mantenerse con las bajas tasas de generación de hidrógeno en las rocas fuente y necesariamente deben proceder de concentraciones en el interior del terreno. Por tanto, debe existir una acumulación subterránea rica en hidrógeno, pero no sabemos determinar su tamaño», afirma Iñaki Vadillo.

Para entender cómo pudo formarse ese almacenamiento natural hay que remontarse unos 22 millones de años, cuando las peridotitas de Ronda experimentaron temperaturas muy elevadas durante su emplazamiento. En aquella etapa, las rocas pudieron alcanzar unos 800 grados centígrados antes de enfriarse progresivamente.

Estas condiciones habrían favorecido una producción de hidrógeno muy superior a la que puede generarse actualmente. Posteriormente, la evolución tectónica de la región habría creado fracturas y fallas capaces de facilitar la migración del gas y favorecer su acumulación en el subsuelo.

Según la interpretación de los investigadores de la UMA, el sistema geológico pudo cargarse de hidrógeno durante aquella etapa y conservar parte del gas hasta la actualidad. Las emisiones de Vega Escondida serían una señal de que ese hidrógeno podría seguir desplazándose desde zonas profundas hasta la superficie.

La falla de Gaucín, una posible vía de escape del hidrógeno

La localización del manantial aporta otra pista para explicar el fenómeno. Vega Escondida se encuentra en la intersección de dos fallas, en una zona donde las peridotitas entran en contacto con otras rocas. Entre estas estructuras destaca la falla de Gaucín, una gran fractura regional con varios kilómetros de desplazamiento cuya prolongación se ha identificado bajo el Mediterráneo.

Los investigadores plantean que esta estructura podría desempeñar un papel importante en el transporte del gas. Las fallas pueden actuar como vías de circulación de fluidos entre distintas profundidades, por lo que su conexión con las rocas generadoras y con posibles zonas de acumulación ayudaría a explicar las emisiones observadas.

La concentración excepcional de hidrógeno y el volumen que aflora en Vega Escondida podrían estar relacionados tanto con la conectividad de esta falla regional como con la influencia de estructuras geológicas más profundas. Esta interpretación, no obstante, deberá contrastarse con nuevas investigaciones sobre el subsuelo.

Qué gases se han encontrado en el subsuelo de Estepona

El hidrógeno no es el único componente del gas que emerge en Vega Escondida. Los análisis de las burbujas identificaron también un 40,2 % de nitrógeno y un 13,9 % de metano, además de pequeñas cantidades de otros hidrocarburos.

Los análisis isotópicos indican que el metano procede probablemente de procesos asociados a las rocas profundas. La composición del gas y las características geológicas del enclave ofrecen información adicional para investigar su origen y reconstruir los mecanismos que permiten su circulación hasta la superficie.

Iñaki Vadillo, autor principal del estudio.

El estudio abre así nuevas vías para comprender cómo se genera, se desplaza y puede almacenarse el hidrógeno natural en formaciones geológicas. Este conocimiento resulta relevante para la investigación del hidrógeno geológico como posible recurso energético, aunque la presencia del gas en un manantial no demuestra por sí misma que exista una reserva aprovechable.

¿Se puede explotar el hidrógeno natural de Estepona?

El descubrimiento de Vega Escondida no significa que se haya localizado una reserva de hidrógeno lista para su explotación. Los investigadores no han podido determinar cuánto gas podría acumularse bajo Estepona, a qué profundidad se encontraría ni qué cantidad estaría disponible para una eventual extracción.

Iñaki Vadillo subraya que las mediciones realizadas hasta ahora permiten identificar una señal excepcional de la posible existencia de un almacenamiento subterráneo, pero no calcular sus dimensiones ni establecer su viabilidad energética.

La diferencia es importante: detectar una emisión natural de hidrógeno no equivale a demostrar la existencia de un yacimiento explotable. Para evaluar esa posibilidad sería necesario localizar y caracterizar la acumulación, conocer sus propiedades geológicas y determinar si el gas podría extraerse en condiciones técnica y económicamente viables.

El siguiente paso será estudiar la evolución de las emisiones y comprobar durante cuánto tiempo se mantiene el flujo registrado. Las observaciones realizadas hasta ahora muestran que el fenómeno puede variar: en 2021 los investigadores no detectaron burbujeo, mientras que en 2025 observaron episodios intensos.

Las próximas investigaciones deberán aclarar el origen del hidrógeno, la relación entre las fallas y su circulación y las características de la posible acumulación subterránea. Solo entonces será posible valorar el alcance real de este hallazgo en el subsuelo de Estepona y su eventual interés como recurso energético.