Ediciones UVa publica «Joyas, poder y magnificencia» de la investigadora del GIR Arte, poder y sociedad en la Edad Moderna Isabel Escalera Fernández

Cuál era su posicionamiento político, cuánta riqueza poseían o incluso a qué olían Juana I de Castilla o Catalina de Aragón. Todo esto se desprende de «Joyas, poder y magnificencia. La cultura material de las hijas de los Reyes Católicos», una publicación del GIR Arte, poder y sociedad en la Edad Moderna de la Universidad de Valladolid. El estudio confirma la trascendencia de la joyería más allá del mero ornato personal como vehículo transmisor de poder y prestigio dinástico.
«Las alhajas ayudaron a construir la identidad de los Trastámara y se convirtieron en una herramienta diplomática ante otras cortes», asegura la investigadora Isabel Escalera Fernández. Esta obra, que parte de su tesis, ve ahora la luz de la mano de Ediciones UVa. Los inventarios y libros de cuentas del Archivo General de Simancas, así como los cuadros y medallas de la época, han servido a la autora para recrear el ajuar de las hijas de los Reyes Católicos.
Isabel la Católica fue la principal impulsora de este tesoro, al que aportó piezas heredadas de su propia madre, Isabel de Portugal, y otras joyas que mandó confeccionar con ocasión de los matrimonios de sus hijas. Se trata de un conjunto vivo que fue evolucionando con el paso del tiempo, al compás de la situación política y económica de la monarquía hispánica. «Cuando había dinero, se incrementaban, pero si había necesidad de empeñarlas para costear guerras, se fundían», explica la doctora del Departamento de Historia del Arte.
Las joyas solían portar símbolos vinculados a la dinastía, como la granada. En otras se inscribían motivos como la Prudencia —una mujer sosteniendo un espejo y una serpiente—, que representa una de las virtudes de las mujeres en el siglo XVI. Además, algunas piedras preciosas poseían atributos mágicos: «Creían que el coral, la esmeralda o el cristal de roca ahuyentaban el mal de ojo».
El simbolismo de las joyas también se extendió a los asuntos de Estado, como ejemplifica el episodio diplomático conocido como el Campo de la Tela de Oro en 1520. «Los reyes Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra abordaron una posible alianza contraria a los intereses de la monarquía hispánica. Las joyas que lució entonces Catalina de Aragón —esposa del soberano inglés— demostraban su convicción política de que España debía formar parte de esas negociaciones», apunta Isabel Escalera.
De manera más pragmática, el ajuar de las mujeres Trastámara también se adecuaba a los gustos de la época, ya que el oro y la plata podían reutilizarse para otras joyas. Pero sin duda, llama la atención la colección de pomas de olor de Juana I de Castilla, precursoras del perfume actual: “Estas joyas se abrían como los gajos de una mandarina y, en los huecos, se colocaba una sustancia que desprendía su olor al moverse».
Junto a esta obra se ha editado asimismo «Reginalidad. El poder femenino entre los siglos XIV-XVII«, que compendia las intervenciones de la II Jornada Científica «Mujeres y Arte. La reginalidad como método y práctica», celebradas con motivo del 8M en 2026 y financiadas por la Unidad de Igualdad de la UVa. «Este volumen colectivo recoge el ejercicio, la legitimación y la representación de las mujeres de la época a través del coleccionismo de arte, la vestimenta o los tipos iconográficos de sus medallas», arguye Isabel Escalera.
La publicación no solo se detiene en la reginalidad, sino también en la influencia de mujeres de la nobleza como Juana Pimentel o eclesiásticas como la Santa Juana. «Es un error común pensar que las mujeres solo estaban ahí, pero lo cierto es que tenían sus propios mecanismos para hacer valer su poder», concluye.













