El ayuno intermitente y el ejercicio ayudan a perder más peso en personas con obesidad, pero no reducen más la grasa hepática

    Un ensayo clínico liderado por el Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS) de la Universidad de Granada (UGR) ha analizado los efectos de combinar ayuno intermitente y ejercicio supervisado en personas con obesidad. El estudio, publicado en la revista Nature Communications en el marco del proyecto TEMPUS, muestra que esta combinación favorece una mayor pérdida de peso y grasa corporal y mejora la capacidad cardiorrespiratoria, aunque no logra una reducción significativamente mayor de la grasa acumulada en el hígado frente a los cuidados habituales.

    En la investigación, realizada en colaboración con el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) y el Centro de Investigación Biomédica en Red, participaron 187 personas adultas con obesidad, aproximadamente la mitad mujeres.

    Un ensayo con cuatro grupos durante 12 semanas

    Las personas participantes se distribuyeron al azar en cuatro grupos: cuidados habituales, ayuno intermitente, ejercicio supervisado y combinación de ayuno y ejercicio. Durante las 12 semanas del programa, todos recibieron educación sobre dieta mediterránea y actividad física.

    Quienes siguieron el ayuno intermitente concentraron sus comidas en un periodo de ocho horas al día. Por su parte, los grupos de ejercicio realizaron un programa supervisado que combinaba entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico de alta intensidad.

    El objetivo principal era comprobar si estas intervenciones lograban reducir la grasa hepática, medida mediante resonancia magnética, y mejorar la salud cardiovascular.

    Más pérdida de peso y grasa corporal al combinar ayuno y ejercicio

    Los resultados mostraron que la grasa acumulada en el hígado disminuyó en los cuatro grupos. Sin embargo, no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre las distintas intervenciones y los cuidados habituales, ni entre las tres intervenciones analizadas.

    En cambio, las personas que practicaron ayuno intermitente, tanto si realizaron ejercicio como si no, perdieron más peso que quienes siguieron únicamente el programa de ejercicio o recibieron los cuidados habituales. En ambos grupos de ayuno, la pérdida de peso fue, de media, unos 2,2 kilos superior a la del grupo de cuidados habituales.

    La combinación de ayuno y ejercicio también produjo una mayor pérdida de grasa corporal que los cuidados habituales y el ejercicio por sí solo. Además, los dos grupos que realizaron ejercicio mejoraron su capacidad cardiorrespiratoria, un indicador de salud cardiovascular.

    Antonio Clavero Jimeno, coautor principal del trabajo e investigador predoctoral de la UGR, destaca que “estos resultados permiten valorar los efectos de las intervenciones más allá del peso, teniendo en cuenta también los cambios en los depósitos de grasa en el hígado, así como la grasa corporal total y la condición física”.

    Diferencias entre hombres y mujeres: resultados que requieren cautela

    El estudio, que forma parte de la tesis doctoral de Antonio Clavero Jimeno, también examinó la respuesta a las intervenciones según el sexo.

    Entre los hombres, la combinación de ayuno y ejercicio produjo una mayor reducción de grasa hepática que los cuidados habituales. Esta diferencia adicional no se detectó entre las mujeres.

    No obstante, Alba Camacho Cardeñosa, coautora principal del trabajo e investigadora posdoctoral del ibs.GRANADA, advierte de que, “por ahora, estos análisis no permiten concluir por sí solos que la intervención funcione de manera diferente según el sexo”.

    El efecto sobre el hígado graso y los resultados al cabo de un año

    Entre las personas que presentaban hígado graso al inicio del ensayo, aproximadamente el 30 % de quienes combinaron ayuno y ejercicio dejó de cumplir el criterio utilizado para diagnosticar esta condición. En el grupo de cuidados habituales, la proporción fue del 6,5 %.

    Sin embargo, el seguimiento realizado un año después de finalizar el programa no encontró diferencias entre los grupos en los cambios de grasa hepática. Tampoco se mantenían las diferencias de peso y composición corporal observadas al terminar las 12 semanas.

    Los resultados apuntan a la necesidad de estudiar intervenciones de mayor duración, especialmente en personas con niveles elevados de grasa en el hígado, y de analizar estrategias que permitan mantener los beneficios obtenidos.