Detectan por primera vez circovirus de perros y palomas en fauna silvestre de Colombia

Osos andinos, jaguares, ocelotes, coatíes de montaña, loros y guacamayas dieron positivo para circovirus asociados habitualmente con perros domésticos y palomas. El hallazgo, realizado en el Bioparque Wakatá del Parque Jaime Duque, es el primer reporte de estos virus en fauna silvestre del país y plantea la necesidad de vigilar su circulación entre especies, especialmente en animales rescatados del tráfico ilegal. Ninguno de los ejemplares estudiados presentó síntomas de enfermedad

Por primera vez en Colombia se detectaron circovirus canino y de paloma en especies silvestres -como el coatí, en la foto- estudiadas en el Bioparque Wakatá. Foto: Edwin Rodríguez Pipicano/ Anadolu Agency/ Anadolu Vía AFP.

Los circovirus están entre los virus más pequeños conocidos. Miden alrededor de 17 nanómetros de diámetro, una dimensión imposible de observar con los microscopios convencionales. Su material genético consiste en una sola cadena de ADN circular, y como carecen de una envoltura de grasa pueden resistir ciertas condiciones ambientales y algunos desinfectantes.

Se han identificado variantes en aves, mamíferos, reptiles y peces, aunque no todas afectan a las mismas especies ni producen las mismas enfermedades. Los circovirus canino y de paloma estudiados no se consideran como una amenaza conocida para la salud humana.

El más estudiado hasta ahora es el circovirus porcino, cuyo impacto en la industria de la porcicultura, con consecuencias sanitarias y económicas para los productores, llevó a la comunidad científica a investigarlo a fondo. Sin embargo, hasta este estudio no se habían reportado en Colombia los circovirus canino y de paloma en las especies silvestres analizadas.

La investigación fue adelantada por Laura Valentina Sánchez Quintana, magíster en Salud y Producción Animal de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), junto con el Grupo de Investigación en Infectología e Inmunología Veterinaria (CI3V) de la Sede Bogotá. De los 19 mamíferos analizados, 6 (31,6 %) dieron positivo para circovirus canino, un virus asociado principalmente con perros domésticos.

Entre los animales en los que se detectó el virus hay especies nativas, algunas amenazadas, como el oso andino (Tremarctos ornatus), el jaguar (Panthera onca), el ocelote (Leopardus pardalis) y el coatí de montaña (Nasuella olivacea).

En las aves, 12 de los 40 ejemplares estudiados (30 %) dieron positivo para circovirus de paloma. Entre ellos se encontraban la guacamaya enana (Ara severus) y el loro real (Amazona farinosa), especies pertenecientes a la familia de los loros y guacamayas (Psittacidae), que figuran entre las aves afectadas por el tráfico ilegal de fauna.

El circovirus de paloma es conocido principalmente por afectar a la paloma gris (Columba livia), una especie introducida, considerada invasora en Colombia y habitual en plazas, parques y otros espacios urbanos. La presencia del virus en aves silvestres plantea interrogantes sobre sus posibles formas de circulación entre especies que comparten un mismo entorno.

«A pesar de que los animales dieron positivo, ninguno de ellos presentó síntomas clínicos, pero los hallazgos muestran la importancia de estudiar este virus, los antecedentes y qué puede generar en el individuo», señala la investigadora.

Aunque detectar un virus no significa necesariamente que el animal esté enfermo, el resultado merece atención. Algunos circovirus pueden afectar el funcionamiento del sistema inmunitario, encargado de defender al organismo de las infecciones, y hacerlo más vulnerable a otras enfermedades. Por eso es importante establecer qué efectos tendrían estos virus en las especies silvestres estudiadas.

La investigadora añade que la vigilancia y el control son fundamentales debido a la característica inmunosupresora de este virus, que puede «abrir la puerta a otros agentes patógenos como virus o bacterias», explica.

Los resultados constituyen el primer registro reportado en Colombia de circovirus canino en osos andinos, coatíes de montaña, ocelotes y jaguares, así como de circovirus de paloma en las aves silvestres estudiadas. Sin embargo, todavía no permiten determinar cuándo ocurrió el contagio, cómo se produjo ni si los virus ocasionarán enfermedades en estos animales.

Investigadores buscan explicar cómo llegaron los virus a otras especies

La magíster considera que uno de los principales desafíos es determinar cuándo y dónde se contagiaron los animales. Sin embargo, los resultados aportan información sobre la posible circulación de estos virus en animales que permanecen en reservas o bioparques y abren nuevas preguntas sobre su transmisión entre especies diferentes.

El hallazgo también se relaciona con el enfoque de One Health, que reconoce que la salud de las personas, los animales y los ecosistemas está estrechamente conectada. Desde esta perspectiva, estudiar los virus que circulan entre animales domésticos y silvestres permite comprender mejor cómo las actividades humanas, la transformación de los hábitats y el contacto entre especies pueden favorecer la aparición y propagación de enfermedades.

«Esto es relevante porque la intervención humana y la fragmentación del hábitat han modificado las interacciones entre fauna silvestre, animales domésticos y humanos, facilitando la circulación de agentes virales», reitera la investigadora.

Una de sus hipótesis es que algunos animales ya estuvieran infectados antes de ingresar al bioparque. Muchos de ellos provienen del tráfico ilegal de fauna silvestre, una actividad que los expone al contacto con especies domésticas y otros animales con los que difícilmente interactuarían en sus ambientes naturales.

«En el caso de las aves, como las muestras se tomaron en individuos que se encontraban en cuarentena, es posible que estos hayan llegado infectados desde su lugar de origen» señala la magíster. Sin embargo, otra hipótesis es que el virus hubiera llegado mediante el contacto indirecto con palomas grises que circulan libremente por las instalaciones.

«Aunque las aves del parque están en recintos enmallados, estas mallas no impiden que las palomas libres se posen sobre ellos y eliminen constantemente heces, uratos o secreciones que caen dentro de los hábitats», indica.

Esta situación muestra cómo los espacios compartidos pueden facilitar la exposición de distintas especies a agentes infecciosos, incluso cuando no existe contacto físico directo entre los animales. No obstante, establecer si esa fue la vía de transmisión requiere nuevas investigaciones.

Tráfico ilegal aumenta la exposición de animales silvestres a enfermedades

Según la Defensoría del Pueblo, 164.929 animales silvestres fueron víctimas del tráfico ilegal en Colombia entre 2021 y 2024. Más de 36.000 murieron y de cerca de 41.000 se desconoce su destino final. Los reptiles, aves y mamíferos son los grupos de animales más afectados por este delito.

La magíster señala que los animales víctimas de tráfico ilegal de fauna suelen ser llevados a bioparques, como el Wakatá, pero que, debido a diversas condiciones médicas, alteraciones en su comportamiento y los daños derivados de la extracción de su hábitat natural, muchos de ellos no pueden ser devueltos a la vida silvestre.

A estas dificultades se suma un riesgo menos visible: por ser extraídos de sus ecosistemas, transportados y mantenidos cerca de otras especies, los animales silvestres pueden entrar en contacto con microorganismos a los que normalmente no estarían expuestos, lo que aumenta las posibilidades de transmisión de agentes infecciosos y plantea nuevos desafíos para su recuperación y conservación.

Además, explica que existe el riesgo de contaminación cruzada, debido a que el tráfico de fauna rompe las barreras naturales que separan a determinadas especies y las expone a condiciones que pueden favorecer la circulación de virus y bacterias. Esto no significa que todos los animales expuestos desarrollen enfermedades, pero sí que es necesario fortalecer los controles sanitarios y la vigilancia de su estado de salud.

«En los centros de rehabilitación y los hogares de paso se genera un riesgo importante de contaminación cruzada, ya que la mezcla de especies y el contacto con animales domésticos o subproductos humanos les ‘abre la puerta’ a contraer virus con los que nunca habrían tenido contacto en su hábitat natural», concluye la investigadora.

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