Coincidiendo con el 23 de octubre, fecha asociada al denominado Día Mundial del Insecto Comestible, una investigación de la Universidad de Granada (UGR), publicada en 2026 en la revista científica International Journal of Gastronomy and Food Science, analiza cómo favorecer la aceptación de los insectos comestibles como alternativa alimentaria sostenible en España. El estudio, desarrollado por Sofía Helena Ballestrín Lee, María Dolores Ruiz López y Celia Rodríguez Pérez, examina las opiniones de cerca de 1.000 consumidores y 30 chefs y señala que la experiencia gastronómica y la forma de presentar estos alimentos pueden ayudar a superar las barreras culturales que dificultan su consumo.

Los insectos comestibles pueden aportar proteínas de alto valor biológico, fibra, grasas poliinsaturadas y micronutrientes como hierro, zinc y vitamina B12. Su producción también presenta potencial para reducir el impacto ambiental frente a la ganadería convencional. En la Unión Europea ya se han autorizado determinados productos alimentarios derivados de cuatro especies: la larva del escarabajo de la harina, la langosta migratoria, el grillo doméstico y la larva del escarabajo de los granos, tras las correspondientes evaluaciones científicas de seguridad de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Sin embargo, la investigación pone de manifiesto una paradoja: pese a sus ventajas nutricionales y ambientales, estos argumentos no son suficientes por sí solos para vencer el rechazo que todavía generan entre los consumidores. Por eso, los autores también analizan los factores culturales y emocionales que condicionan la disposición a probarlos.
Por qué los beneficios nutricionales no bastan para aceptar los insectos comestibles
Uno de los principales resultados del estudio es que la información sobre los beneficios nutricionales y ambientales de los insectos no basta por sí sola para vencer el rechazo de los consumidores. Incluso al proporcionarles estos datos, la disposición a consumirlos apenas alcanzó el 45 %.
«El estudio demuestra que la transferencia de conocimiento sobre el valor nutricional del alimento no es suficiente por sí sola para vencer las barreras afectivas y emocionales del consumidor», explica la investigadora Sofía Helena Ballestrín Lee.
La investigación revela que solo el 21,5 % de los participantes había probado insectos alguna vez, principalmente durante viajes al extranjero. Además, los jóvenes de entre 18 y 24 años mostraron una mayor reticencia a consumirlos enteros y una clara preferencia por los formatos procesados.
Las harinas de insectos, una vía para introducirlos en la alimentación
Los formatos en los que los insectos no son visibles destacan como una de las principales vías para facilitar su incorporación a la dieta. El 87,1 % de los consumidores y el 86,2 % de los chefs coincidieron en señalar su preferencia por estas presentaciones.
Entre las alternativas destacan las harinas de insectos incorporadas a productos conocidos, como panes, pastas o repostería. De este modo, los ingredientes derivados de insectos pueden integrarse en alimentos familiares sin que el consumidor tenga que enfrentarse directamente a su apariencia original.
El papel de los chefs en la aceptación de los insectos como alimento
El estudio también destaca la importancia de los profesionales de la cocina para favorecer la aceptación de estos alimentos. Cerca del 90 % de los chefs encuestados consideró que la gastronomía puede contribuir a transformar la percepción social de los insectos comestibles.
Sin embargo, la investigación identifica obstáculos para su incorporación a la oferta gastronómica. De los 30 chefs participantes, solo uno utilizaba insectos en su carta. Entre las principales dificultades se encuentran la falta de formación técnica específica, el acceso a estos productos y la incertidumbre sobre la respuesta de los clientes.

Los resultados apuntan a que la aceptación de los insectos comestibles no depende únicamente de difundir sus propiedades nutricionales y ambientales, sino también de desarrollar experiencias gastronómicas positivas, diseñar presentaciones atractivas y ofrecer formación especializada a los profesionales de la cocina.
La investigación de la Universidad de Granada pone así el foco en una dimensión que va más allá de la nutrición y la sostenibilidad: para que los insectos comestibles ganen presencia en la alimentación, también será necesario cambiar la experiencia y la percepción que los consumidores tienen de ellos.













