Investigadores de la Universidad de Alicante estudian el cabello como posible biomarcador de alteraciones relacionadas con la enfermedad cardiovascular mediante una técnica capaz de identificar hasta 26 elementos químicos.
El cabello podría convertirse en una nueva fuente de información para detectar de forma temprana alteraciones relacionadas con las enfermedades cardiovasculares. El grupo de Química Analítica y Circular (BIOCIR) de la Universidad de Alicante (UA) ha desarrollado una técnica analítica que permite estudiar los elementos químicos acumulados en el cabello y ha encontrado diferencias entre personas con problemas cardiovasculares y personas sanas.
El objetivo a largo plazo es determinar si este tipo de análisis puede llegar a utilizarse como una herramienta de cribado para identificar señales de riesgo antes de que la enfermedad se manifieste clínicamente. Sin embargo, los investigadores subrayan que el trabajo se encuentra todavía en una fase exploratoria y que son necesarios estudios con un número mucho mayor de pacientes antes de extraer conclusiones clínicas.
La investigación, liderada por José Luis Todolí, parte de estudios previos que ya habían observado diferencias en las concentraciones de determinados elementos químicos presentes en el cabello de personas con enfermedades cardiovasculares. Entre ellos se encuentran el arsénico (As), el cadmio (Cd), el cobre (Cu), el plomo (Pb), el selenio (Se) y el zinc (Zn). El motivo exacto por el que aparecen estas diferencias todavía no está completamente explicado.
El cabello acumula información sobre la salud durante semanas o meses
La elección del cabello como posible biomarcador no es casual. A diferencia de la sangre o la orina, que proporcionan principalmente información sobre exposiciones recientes, el pelo puede conservar la huella de determinados elementos acumulados durante periodos de tiempo más prolongados.
El investigador de la Universidad de Alicante explica que el cabello constituye «una matriz biológica especialmente interesante para este tipo de estudios porque refleja la acumulación de elementos durante semanas o meses, a diferencia de la sangre o la orina, que únicamente ofrecen información sobre exposiciones recientes».
Esta característica puede convertir al cabello en una especie de registro biológico de determinadas exposiciones y procesos que tienen lugar en el organismo. Pero utilizarlo como muestra también presenta dificultades.
El principal problema es que el cabello está expuesto continuamente al entorno y a productos cosméticos. Champús, acondicionadores, tintes y otros productos pueden dejar residuos que alteren las concentraciones de los elementos que posteriormente se analizan.
Por este motivo, el grupo BIOCIR ha desarrollado un procedimiento de preparación de las muestras destinado a eliminar esas posibles interferencias.
Antes del análisis, el cabello se somete a un lavado previo y posteriormente a una digestión ácida asistida por microondas. José Luis Todolí explica que este proceso permite eliminar los elementos interferentes y preparar las muestras para el análisis químico.

Una técnica capaz de identificar 26 elementos presentes en el cabello
Una vez descontaminadas las muestras comienza la fase de análisis. Los investigadores utilizan espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente en tándem, una técnica analítica capaz de identificar y cuantificar cantidades muy pequeñas de distintos elementos químicos.
Aunque el nombre de la técnica puede resultar complejo para una persona no especializada, se trata de un procedimiento que puede desarrollarse en un laboratorio hospitalario y permite estudiar simultáneamente numerosos elementos presentes en una muestra.
El método fue probado inicialmente en un grupo reducido de 50 personas: 25 con enfermedades cardiovasculares y otras 25 personas sanas que actuaron como grupo de control.
Los resultados permitieron identificar un total de 26 elementos presentes en el cabello. «Aunque el tamaño de la muestra no permite extraer conclusiones clínicas definitivas, sí se observaron diferencias interesantes entre ambos grupos», afirma Todolí.
Entre los resultados más destacados se encuentran las diferencias observadas en personas con insuficiencia cardíaca. En estos pacientes se detectaron concentraciones diferentes de elementos como plomo, magnesio, calcio y zinc, además de una mayor dispersión en algunos de ellos. «Especialmente llamativo fue el aumento del plomo en el grupo de pacientes», añade.
Plomo, magnesio, calcio y zinc pueden aportar nuevas pistas
El análisis no solo permitió observar diferencias en la cantidad de determinados elementos. El método también puso de manifiesto que las personas con problemas cardiovasculares presentaban diferentes patrones de asociación entre elementos químicos.
Según el grupo BIOCIR, estas diferencias podrían «reflejar alteraciones fisiológicas propias de la insuficiencia cardíaca, cambios derivados del tratamiento con diuréticos o diferencias en la exposición ambiental».
Las relaciones entre distintos elementos podrían ser especialmente interesantes. En lugar de estudiar cada sustancia de manera aislada, los investigadores plantean que la combinación y asociación entre ellas podría aportar información adicional sobre los procesos relacionados con la enfermedad cardiovascular.
Esta línea de investigación abre nuevas posibilidades para buscar biomarcadores que permitan identificar alteraciones antes de que aparezcan manifestaciones clínicas evidentes.
Muchos de los elementos estudiados intervienen, además, en procesos fundamentales para el funcionamiento del sistema cardiovascular, entre ellos el estrés oxidativo, la inflamación, el metabolismo mitocondrial y la regulación del calcio intracelular.
Por ejemplo, el magnesio actúa como antagonista fisiológico del calcio y su déficit puede favorecer arritmias y empeorar la función cardíaca. El plomo es un metal tóxico relacionado con un mayor riesgo cardiovascular, mientras que el zinc participa en numerosos mecanismos antioxidantes.

¿Podría convertirse el análisis del cabello en una prueba de cribado?
Los resultados obtenidos han llevado al grupo de investigación alicantino a plantear una posible aplicación futura del método como herramienta de cribado de la enfermedad cardiovascular.
Una de sus principales ventajas es que se trata de un procedimiento no invasivo. Para realizar el análisis basta con obtener entre 60 y 100 miligramos de cabello, una cantidad pequeña que podría facilitar la toma de muestras.
Si futuros estudios confirman estos resultados en grupos de pacientes mucho más amplios, la técnica podría llegar a investigarse como una herramienta complementaria para la detección precoz de alteraciones cardiovasculares.
Pero esa posibilidad todavía está lejos de convertirse en una aplicación clínica. José Luis Todolí considera que los resultados son prometedores y que coinciden con observaciones realizadas en investigaciones anteriores, aunque insiste en el carácter exploratorio del trabajo.
La muestra de solo 50 personas no permite establecer todavía una prueba diagnóstica ni determinar por sí sola si una persona tiene una enfermedad cardiovascular.
Un primer paso hacia una detección más temprana
El siguiente paso será ampliar considerablemente el número de pacientes estudiados y comprobar si las diferencias observadas se mantienen en poblaciones más grandes y diversas.
La importancia de la investigación reside, por tanto, no en que el cabello permita diagnosticar ya una enfermedad cardiovascular, sino en que puede contener información relacionada con procesos fisiológicos y exposiciones que ayuden a identificar nuevas señales de alerta.
El grupo BIOCIR considera que este método analítico puede abrir una nueva vía de investigación sobre biomarcadores cardiovasculares. Si los resultados se confirman, el análisis de pequeñas muestras de cabello podría convertirse en el futuro en una herramienta complementaria para mejorar la prevención y favorecer la detección temprana de la enfermedad cardiovascular.














