Bótox, el antiarrugas que puede ser mortal

La toxina botulínica, más conocida como botox (la marca del primer medicamento de este tipo que se comercializó). Se aprovecha su capacidad de producir parálisis muscular para utilizarla con fines médicos en el tratamiento de ciertas enfermedades neurológicas y en medicina estética para las arrugas de expresión, que es por lo que más se la conoce. Sin embargo, su uso puede tener graves consecuencias para la salud, en este artículo te mostramos por qué.

Inyección de bótox.

El uso del bótox se ha extendido en muchos ámbitos médicos, sus efectos son capaces de eliminar las arrugas de expresión, al menos por un tiempo, y de poner solución a enfermedades como el estrabismo. Sin embargo, puede tener graves efectos secundarios como causar el botulismo, e incluso, por sus potentes efectos, podría ser el arma de un ataque bioterrorista.

La doctora Adela Alba Leonel, profesora de la Universidad Autónoma de México (UNAM), diserta sobre esta neurotoxina producida por la bacteria Clostridium botulinum.

Hay siete tipos de toxina botulínica (A, B, C, D, E, F y G). La tipo A es conocida por uno de sus nombres comerciales, bótox, y porque en dosis bajas y purificada se inyecta para desvanecer las arrugas de la cara (su efecto dura seis meses).

No está permitida su aplicación en: personas de menos de 18 años; personas con enfermedades neuromusculares; mujeres embarazadas o en periodo de lactancia; o en personas con neuropatía.

En clínica, la toxina botulínica se usa también para tratar la hiperactividad vesical neurógena, la hidronefrosis bilateral, la gastroparesia, la hidrocefalia y la orquiepididimitis. Sin embargo, las autoridades sanitarias en países como Estados Unidos no han autorizado su uso.

La historia del bótox, de enfermedad a medicina

Clostridium botulinum es una bacteria anaerobia, es decir, que crece aun sin oxígeno. Es termo-resistente: soporta hasta 80 grados de temperatura durante 10 minutos de cocción de alimentos que la contienen.

Vídeo informativo sobre Bótox de la UNAM.

La neurotoxina se encuentra en diversos alimentos mal cocidos, en enlatados (atún), en frutas y verduras mal envasadas en casa (en conservas), en pescado salado, en verduras como las espinacas y en carnes frías mal conservadas, como salchicha y jamón.

En la Europa del siglo XIX hubo algunos brotes de intoxicación asociados al consumo de salchichas. En Alemania, Justinus Kerner encontró Clostridium en morcilla descompuesta.

Años más tarde, en 1897, la bacteria responsable del botulismo fue aislada por el microbiólogo belga Émile van Ermengem, quien la describió como una fábrica de toxinas que causan debilidad y parálisis en los animales.

El bótox y sus graves consecuencias

Signos de botulismo son parálisis de nervios, principalmente ciertos pares craneales (placas neuromusculares colinérgicas) y de algunos músculos (sobre todo de la respiración). La parálisis de la musculatura laríngea genera mucha secreción salival y a la vez resequedad de la mucosa y de la boca, así como dificultad para hablar y tragar. También produce mareo, vértigo, visión borrosa, vómito, diarrea e inflamación intestinal, así como parálisis de cuello y de brazos.

Estos síntomas se presentan a las 12 horas, inclusive 36, después de haber consumido alimentos mal conservados, infectarse una herida con la toxina botulínica o que ésta haya sido inhalada. En personas más sensibles aparecen mínimo en cuatro horas y máximo en ocho.

Baja pero preocupante tasa de mortalidad

El botulismo, causado principalmente por los tipos de la toxina botulínica A, B, E y ocasionalmente el F, tiene baja mortalidad. Los tipos C y D provocan enfermedades en otros mamíferos, en aves y en peces.

Se ha estimado que la dosis letal media para el ser humano son dos nanogramos de toxina botulínica por kilo de peso corporal. Esto significa el triple de la que se encuentra “en la transmisión alimentaria”.

En otros tiempos la mortalidad por botulismo era alta, dado que no existía la antitoxina botulínica. Los pacientes, a quienes era necesario intubar, morían sobre todo por debilidad y parálisis de los músculos y los nervios respiratorios. Hoy mueren en “un 5% o 10% de los casos”.