Los protectores solares convencionales pueden dejar una huella en el medio marino. Algunos estudios han descrito que los filtros solares liberan en el agua compuestos, trazas metálicas y nutrientes inorgánicos cuyos efectos sobre la vida marina todavía no se conocen por completo. Frente a este problema, un equipo de la Universidad de Málaga (UMA) estudia una alternativa basada en algas rojas capaces de producir sustancias naturales con propiedades fotoprotectoras y antioxidantes.

El equipo del Instituto de Biotecnología y Desarrollo Azul (IBYDA) de la UMA investiga los compuestos fotoprotectores de algas de los géneros Porphyra, Pyropia y Neopyropia por su potencial para formar parte de una nueva generación de cremas solares sostenibles, eficaces y beneficiosas para la piel.
La investigación está liderada por Félix López Figueroa, Débora Tomazi, Nathalie Korbee y Julia Vega, y cuenta con la colaboración de empresas del sector cosmético. Compañías como Cantabria Labs y grandes firmas internacionales llevan años trabajando junto a este equipo de investigación y avanzan en el diseño de protectores solares más naturales y respetuosos con la piel y el medio ambiente.
El secreto de las algas rojas frente a la radiación solar
Las algas rojas con las que trabaja el equipo de la UMA son especies relativamente comunes. Se encuentran en las costas de Málaga, Tarifa y La Coruña, así como en el Pacífico chileno. Algunas de ellas, además, se cultivan desde hace siglos en Japón para elaborar las láminas de nori utilizadas en el sushi.
Pero su interés científico va mucho más allá de su utilización como alimento. Estas algas viven en ambientes poco profundos y están expuestas durante horas a una intensa radiación solar. Para sobrevivir, han desarrollado una estrategia natural basada en un auténtico arsenal de moléculas capaces de absorber radiación ultravioleta y combatir el daño oxidativo.
Entre ellas destacan los aminoácidos tipo micosporina, las ficobiliproteínas y los polifenoles, compuestos que también presentan propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

Estas sustancias pueden extraerse mediante procedimientos relativamente sencillos y convertirse en ingredientes para cosméticos naturales y protectores solares sostenibles, un mercado que despierta un interés creciente entre los consumidores y la industria cosmética.
El grupo del IBYDA trabaja precisamente en la identificación de las especies de algas que presentan las concentraciones más elevadas de moléculas fotoprotectoras, explica Félix López Figueroa.
Porphyra-334, una de las moléculas clave
Hasta ahora, el equipo malagueño ha comprobado que especies como Porphyra linearis, recolectada en Tarifa, y Neopyropia leucosticta, procedente de Guadalmar (Málaga), acumulan algunas de las mayores concentraciones de aminoácidos fotoprotectores.
En estas algas predominaba una molécula denominada porphyra-334, que representaba entre el 70 % y el 100 % de los compuestos protectores presentes en el alga.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque la concentración de estas sustancias no es constante. Los investigadores comprobaron que la cantidad de moléculas fotoprotectoras cambia considerablemente dependiendo del momento en que se recolectan las algas.
En Pyropia elongata, una especie abundante en la costa malagueña, observaron importantes diferencias estacionales. Algunas campañas de recolección presentaban prácticamente el doble de compuestos bioactivos que otras.
Esta variación es especialmente relevante si se pretende trasladar el descubrimiento al ámbito industrial, ya que la fabricación de cosméticos a partir de algas requiere disponer de una cantidad suficiente de materia prima y de una concentración estable de los compuestos de interés.

Las algas pueden potenciar los filtros solares minerales
El siguiente paso de la investigación consistió en comprobar si las sustancias fotoprotectoras de las algas mantenían su actividad cuando se incorporaban a una formulación cosmética.
Para ello, el equipo preparó varias formulaciones experimentales con extractos de especies del género Pyropia y aceites vegetales de karanja y calófilo (Calophyllum inophyllum), dos ingredientes naturales conocidos por sus propiedades antioxidantes.
Los investigadores compararon estas formulaciones con otras que incorporaban además filtros minerales como el dióxido de titanio y el óxido de zinc.
Los resultados apuntaron a una conclusión especialmente relevante para el desarrollo de nuevos protectores solares. Por sí solos, los extractos de algas aumentaban la absorción de radiación ultravioleta y mejoraban los índices de protección solar. Sin embargo, el efecto era mucho mayor cuando se combinaban con filtros minerales.
La combinación conseguía incrementar la protección frente a la radiación UVA, relacionada con el envejecimiento cutáneo, y mejorar parámetros vinculados a procesos biológicos como la elastosis, la formación de radicales libres y el fotoenvejecimiento.
Por ello, los investigadores no plantean sustituir completamente los filtros solares actuales, sino utilizar estas moléculas como «potenciadores biológicos». Es decir, añadir ingredientes naturales que complementen la acción de los filtros físicos tradicionales y permitan desarrollar formulaciones más eficaces y sostenibles.
Un protector solar que también combate el daño oxidativo
La posible utilidad de estos compuestos no se limita a su capacidad para bloquear o absorber la radiación ultravioleta.
Mientras que un filtro convencional actúa principalmente impidiendo que una parte de la radiación alcance la piel, las sustancias presentes en estas algas también poseen actividad antioxidante, ayudan a reducir el daño celular y podrían contribuir a disminuir la inflamación asociada a la exposición solar.
Esta combinación de propiedades es uno de los principales motivos por los que la industria cosmética está explorando el potencial de las algas como fuente de ingredientes fotoprotectores naturales.
No obstante, el equipo de investigación llama a la prudencia. Las formulaciones desarrolladas hasta ahora han demostrado su potencial en ensayos de laboratorio, pero todavía deben superar pruebas de estabilidad, seguridad y eficacia clínica antes de que puedan convertirse en productos de uso generalizado.
La investigación de la UMA apunta así hacia una nueva vía para desarrollar cremas solares más sostenibles, en las que los compuestos naturales de las algas complementen a los filtros minerales y, al mismo tiempo, aporten propiedades antioxidantes beneficiosas para la piel.
El objetivo final es conseguir productos que protejan frente a la radiación solar y contribuyan al cuidado de la piel, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental asociado a determinados ingredientes de los protectores solares.














