Una empresa nacida en la UA transforma restos de marisco en bioestimulantes para agricultura

Los residuos de la industria marisquera pueden convertirse en una herramienta para reducir el uso de pesticidas en agricultura. Esa es una de las vías que explora ChitoCarbs, la nueva Empresa Basada en el Conocimiento (EBC) de la Universidad de Alicante (UA), creada para desarrollar bioestimulantes avanzados y soluciones biológicas para el control de plagas.

Foto de familia tras la constitución de la EBC ChitoCarbs.

La iniciativa integra conocimientos de biotecnología, fitopatología y ciencia de los materiales y nace de la colaboración entre investigadores de dos grupos de investigación de la UA: el Grupo de Investigación de Fitopatología y el Grupo de Investigación Materiales Carbonosos y Medio Ambiente.

El proyecto empresarial trabaja en dos líneas principales. La primera se centra en formulaciones avanzadas de quitosano, una sustancia que puede obtenerse a partir de residuos de la industria marisquera mediante procesos vinculados a la economía circular. Estas formulaciones están pensadas para utilizarse como bioestimulantes o, combinadas con agentes biológicos, para contribuir al control biológico de plagas.

La segunda línea desarrolla repelentes biológicos para prevenir el picudo negro, una plaga que afecta especialmente a las plataneras.

Del residuo marisquero al campo

El quitosano es uno de los elementos centrales de la nueva empresa de la Universidad de Alicante. Su origen permite conectar dos problemas aparentemente alejados: la gestión de residuos procedentes de la industria marisquera y la necesidad de encontrar alternativas a determinados productos químicos utilizados en agricultura.

El objetivo es aprovechar ese recurso mediante formulaciones capaces de mejorar las prestaciones del quitosano cuando llega al campo.

Las formulaciones avanzadas que existen actualmente presentan algunas limitaciones. Entre ellas se encuentran su reducida persistencia en condiciones de campo y la pérdida de efectividad que pueden experimentar durante los procesos de transporte y almacenamiento.

ChitoCarbs trabaja precisamente para superar esas dificultades y conseguir productos con mejores prestaciones y una aplicación más eficaz.

El contexto también favorece el desarrollo de este tipo de soluciones. La Unión Europea se ha marcado como objetivo reducir en un 50 % el uso de pesticidas químicos para 2030, una estrategia que está aumentando el interés por alternativas biológicas y por herramientas que permitan avanzar hacia modelos de agricultura más sostenibles.

Una alternativa biológica frente a las plagas

La segunda línea de ChitoCarbs se dirige a un problema muy concreto: el control preventivo del picudo negro, una plaga que puede causar importantes daños en las plataneras.

En este caso, la empresa plantea un mecanismo basado en la repelencia. La propuesta complementaría los métodos actualmente disponibles, que se apoyan fundamentalmente en atraer a la plaga.

La diferencia es importante porque la estrategia desarrollada por ChitoCarbs busca actuar antes de que el insecto llegue al cultivo. El repelente se incorporaría así a un enfoque de manejo integral de la plaga, complementando otras herramientas de control.

Más que sustituir de forma automática los métodos existentes, la propuesta pretende ampliar el abanico de herramientas disponibles para agricultores y productores y favorecer estrategias de control más sostenibles.

Ciencia de materiales y fitopatología para resolver problemas agrícolas

Detrás de ChitoCarbs hay un equipo formado por investigadores especializados en fitopatología y ciencia de los materiales.

En el ámbito de la fitopatología participan el catedrático Luis Vicente López Llorca, el profesor Federico López Moya y la doctora Raquel López Núñez, investigadores con una trayectoria vinculada al estudio del quitosano y sus aplicaciones.

Esta línea de trabajo cuenta con publicaciones científicas y proyectos internacionales liderados por López Llorca y López Moya. Además, Luis Vicente López Llorca tiene experiencia previa en transferencia del conocimiento y emprendimiento universitario como socio fundador de Glen Biotech, la primera Empresa Basada en el Conocimiento de la Universidad de Alicante, creada en 2010 y posteriormente integrada en una multinacional.

La segunda línea de ChitoCarbs cuenta con la especialización de las catedráticas María Ángeles Lillo Ródenas y Mª Carmen Román Martínez, junto con la doctoranda Elena Georgiana Tane, investigadoras vinculadas al ámbito de los materiales y su aplicación medioambiental.

La combinación de ambos campos es precisamente una de las fortalezas del proyecto: la investigación sobre organismos y enfermedades de las plantas se encuentra con la ciencia de los materiales para desarrollar nuevas herramientas agrícolas.

La universidad lleva la investigación del laboratorio al mercado

La creación de ChitoCarbs representa también un paso más en la transferencia de conocimiento desde la Universidad de Alicante hacia el sector productivo.

El objetivo de una Empresa Basada en el Conocimiento es precisamente transformar resultados y capacidades desarrollados en el ámbito universitario en soluciones que puedan llegar al mercado y responder a problemas concretos.

En este caso, esos problemas son muy reconocibles: reducir la dependencia de pesticidas químicos, mejorar el control de plagas y aprovechar recursos procedentes de residuos mediante modelos de economía circular.

La constitución de la empresa ha contado con la participación de la rectora de la UA, Amparo Navarro; la vicerrectora de Transferencia, Emprendimiento y Divulgación Científica, María Jesús Pastor Llorca; el gerente del Parque Científico Alicante, Esteban Pelayo; el director del Servicio de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI), Víctor Pérez, y el equipo de investigadores promotores de ChitoCarbs.

La nueva empresa nace así en un momento en el que la agricultura necesita producir de forma más eficiente utilizando menos productos químicos, y en el que la biotecnología y la economía circular pueden proporcionar parte de las respuestas.

Convertir residuos de la industria marisquera en herramientas para proteger y estimular los cultivos es, en ese sentido, algo más que una aplicación tecnológica: es un ejemplo de cómo un residuo puede convertirse en materia prima para afrontar otro de los grandes retos ambientales de la agricultura.