El turismo en verano se concentra en las zonas donde más escasea el agua

España recibió 96,77 millones de turistas internacionales en 2025 y el 42,8% de esas llegadas se concentró entre junio y septiembre, los meses de mayor estrés hídrico en buena parte del país. Esta coincidencia agrava la presión sobre los recursos de unos territorios que, además, han ganado superficie árida y población en las últimas décadas.

Así lo advierte un estudio de la Universidad de Alicante (UA) y la Estación Experimental de Zonas Áridas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que analiza la evolución de las zonas secas españolas y de la población que vive en ellas. La investigación pone el foco en las presiones añadidas que generan actividades como la agricultura y el turismo.

Las zonas secas ocupan más territorio y concentran cada vez más población

Las tierras secas representaban aproximadamente el 67% de la superficie española en el periodo 1991-2020, frente al 62,94% registrado entre 1961 y 1990. La evolución refleja el aumento de la superficie clasificada como seca, aunque este fenómeno no debe confundirse con la desertificación ni con una pérdida irreversible de suelo.

La clasificación de estos territorios se basa en la relación entre las precipitaciones y la demanda evaporativa de la atmósfera. Cuanto menor es esa relación, mayor es la aridez y menor la disponibilidad natural de agua.

A pesar de estas limitaciones, las zonas secas concentran a una proporción creciente de la población española. En 1960, alrededor del 71% de los habitantes vivía en territorios considerados secos. En 2020, la proporción se acercaba al 80%.

Las zonas con mayor estrés hídrico son las que más turistas reciben.

En seis décadas, la población de estas áreas aumentó un 72,4%, mientras que la de las zonas semiáridas llegó casi a duplicarse. El crecimiento ha sido especialmente intenso en el litoral. Desde 1960, la población de los municipios costeros se ha duplicado, mientras que la de los municipios del interior aumentó un 20%.

Esta concentración de población y actividad económica añade presión sobre unos recursos hídricos cuya disponibilidad natural es limitada en buena parte de estos territorios.

El turismo concentra millones de visitantes en los meses de mayor estrés hídrico

La presión se hace especialmente visible durante el verano. España recibió 96,77 millones de turistas internacionales en 2025, con una estancia media de 7,15 días. A partir de estos datos, el estudio estima una población turística adicional media cercana a 1,9 millones de personas.

La distribución de las llegadas a lo largo del año resulta determinante. El 42,8% de los turistas internacionales llegó entre junio y septiembre, precisamente cuando buena parte del territorio español soporta una mayor presión sobre sus recursos hídricos.

Agosto registró el máximo, con más de 11,2 millones de turistas internacionales y una población turística adicional calculada en casi 2,7 millones de personas. En julio, esta última cifra superó los 2,5 millones.

«El turismo es una actividad fundamental para la economía española y estamos viendo que las zonas que soportan la mayor carga de visitantes van a seguir creciendo, por lo que va aumentar la presión antrópica sobre el territorio y se necesitarán más recursos hídricos», afirma Javier Martí, primer firmante del estudio e investigador de la Universidad de Alicante en el Instituto Interuniversitario de Geografía.

La demanda de agua asociada al turismo no se limita al consumo directo de los visitantes. También incluye los servicios de hoteles y viviendas turísticas, las piscinas, los jardines, los equipamientos urbanos y otras actividades recreativas. Buena parte de estas necesidades se concentra en los meses en los que el agua resulta más escasa.

Hoteles y destinos turísticos soportan una presión desigual sobre el agua

El impacto no es homogéneo en todo el país. Los investigadores identifican los territorios insulares como aquellos donde la presión turística resulta más intensa. A continuación aparecen Cataluña y la Comunidad Valenciana, mientras que Andalucía y Madrid forman otro grupo con una presión significativa.

La distribución geográfica importa tanto como el volumen de visitantes. Cuando la demanda turística se concentra en territorios con un déficit estructural de agua, la presión sobre los recursos puede aumentar precisamente en los periodos de menor disponibilidad.

El tipo de alojamiento también influye en el consumo. Según los datos analizados para 2022, una persona alojada en una vivienda turística consumía algo menos de agua que el residente español medio, cuyo consumo se situaba en 128 litros diarios. En cambio, el consumo asociado a un huésped de hotel era aproximadamente cuatro veces superior al de un residente.

La investigación también encuentra una coincidencia significativa entre las principales concentraciones hoteleras y las zonas sometidas a estrés hídrico. De los 43 municipios españoles con mayor número de pernoctaciones hoteleras, 24 se encontraban en áreas con estrés hídrico alto o extremadamente alto.

Jaime Martínez Valderrama y Jorge Olcina han presentado el documento en la Universidad de Alicante.

En doce de esos municipios, más de la mitad de las pernoctaciones se concentraban entre junio y septiembre, los meses de mayor presión sobre el agua.

La situación se repite en el mercado de las viviendas turísticas: ocho de las diez provincias con más de 11.000 viviendas de este tipo se encuentran en territorios con estrés hídrico alto o extremadamente alto.

Estos resultados ponen de relieve la importancia de considerar conjuntamente la disponibilidad de agua, la distribución territorial de la actividad turística y su estacionalidad. No todos los destinos afrontan las mismas limitaciones ni soportan la misma presión.

Planificación territorial y turismo de mayor calidad para reducir la presión hídrica

Reducir la presión sobre los recursos hídricos es un reto complejo porque confluyen intereses económicos, oportunidades de desarrollo y decisiones a corto plazo. Los investigadores advierten de que mantener una dinámica de crecimiento sin tener suficientemente en cuenta los límites ambientales puede comprometer los propios recursos que sostienen la actividad turística.

Jaime Martínez Valderrama, investigador del CSIC, describe esta dinámica como una especie de «huida hacia delante», que puede terminar agotando una fuente de riqueza como el turismo.

Javier Martí incorpora a este debate el concepto de «desertificación importada», con el que alude a la presión que ejerce sobre el territorio una población que llega temporalmente y aumenta la demanda de recursos.

La respuesta que plantean los investigadores pasa por la planificación territorial y por ajustar el consumo a la disponibilidad real de agua. «Hay que ver con cuántos recursos se cuente y ajustar el consumo hídrico a esos parámetros», afirma Martínez Valderrama.

Desde esta perspectiva, aumentar la oferta de agua no resuelve necesariamente el problema si la demanda crece al mismo tiempo. Los investigadores cuestionan que la respuesta consista en multiplicar las fuentes de abastecimiento, por ejemplo mediante agua desalada, debido a sus costes energéticos, ambientales y económicos.

Otra de las propuestas es avanzar hacia un turismo de mayor calidad que genere beneficios económicos con una presión menor sobre el territorio. El objetivo sería preservar los elementos que hacen atractivos los destinos y evitar que el crecimiento de la actividad comprometa su sostenibilidad a medio y largo plazo.

La investigación se enmarca en el Atlas de la Desertificación de España, coordinado por Jaime Martínez Valderrama y Jorge Olcina, investigador de la Universidad de Alicante. Este documento alerta de la degradación del territorio español y señala que el 40% de la superficie del país tiene suelo degradado, mientras que casi dos tercios de las zonas áridas corren el riesgo de convertirse en un desierto.

La relación entre turismo, aridez y disponibilidad de agua plantea así un desafío que va más allá de los meses de verano. Las condiciones de sol y calor que convierten a muchos destinos españoles en lugares atractivos también limitan sus recursos naturales.

El reto consiste en compatibilizar la actividad turística con la capacidad hídrica de cada territorio. Para ello, la planificación debe tener en cuenta no solo cuántas personas visitan un destino, sino también cuándo llegan, cuánto agua demandan y qué recursos están realmente disponibles.