Los peces muertos alimentan a las aves de una forma inesperada gracias a la acción de los invertebrados

Los peces muertos no solo sirven de alimento a las aves y otros animales que consumen carroña. También pueden poner en marcha una cadena de transferencias de energía en la que los invertebrados desempeñan un papel fundamental. Es la principal conclusión de un estudio liderado por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) en el Parque Natural de El Hondo (Alicante), que revela cómo la energía contenida en los cadáveres de peces puede pasar de los ecosistemas acuáticos a los terrestres.

La investigación, publicada en la revista Freshwater Biology, muestra que una parte importante de la energía procedente de los peces muertos llega a aves y otros vertebrados a través de los invertebrados que colonizan los cadáveres y que posteriormente son consumidos por otros animales.

El estudio está liderado por Tatiana Pessano Serrat y José Antonio Sánchez Zapata, investigadores del Centro de Investigación e Innovación Agroalimentaria y Agroambiental (CIAGRO) de la UMH. En él también participan Esther Sebastián González, de la Universidad de Alicante, y Adrián Orihuela Torres, investigador de la Universidad de Alicante y de la Estación Biológica de Doñana (EBD)-CSIC).

Los invertebrados convierten los peces muertos en alimento para otros animales

El trabajo analiza de forma conjunta, y a lo largo del proceso de descomposición, las comunidades de vertebrados e invertebrados asociadas a grandes acumulaciones de peces muertos. Los investigadores estudiaron este fenómeno en el contexto de las mortandades de carpa común (Cyprinus carpio) que se producen en El Hondo durante determinadas actuaciones de gestión de esta especie invasora.

Las grandes mortandades de animales generan enormes cantidades de biomasa en un periodo muy corto. Pueden producirse como consecuencia de fenómenos como las sequías, las temperaturas extremas o la falta de oxígeno y están adquiriendo una importancia creciente en un contexto de cambio global.

Hasta ahora, buena parte de las investigaciones se habían centrado en estudiar qué sucede alrededor de un cadáver individual. Sin embargo, se conoce mucho menos sobre lo que ocurre cuando grandes cantidades de carroña se concentran en un mismo espacio y cómo reaccionan ante este recurso las comunidades de animales.

Para analizarlo, el equipo científico monitorizó 20 acumulaciones de carpas, con una biomasa media de aproximadamente 110 kilos por acumulación, durante 35 días. Los investigadores utilizaron cámaras trampa para registrar la actividad de los vertebrados y realizaron muestreos periódicos de los invertebrados presentes sobre los cadáveres.

En total, identificaron 35 taxones de vertebrados y 20 grupos de invertebrados asociados a las acumulaciones de peces muertos.

El 60 % de los vertebrados se alimentó de los invertebrados

Uno de los resultados más llamativos de la investigación es que la mayoría de los vertebrados registrados no consumieron directamente los peces muertos.

El 60 % de los taxones de vertebrados identificados se alimentó exclusivamente de los invertebrados asociados a las carroñas, mientras que solo un 11,4 % consumió exclusivamente los peces muertos. Otro 28,6 % combinó ambos tipos de alimentación.

Entre los animales que aprovecharon los invertebrados destacaron numerosos pequeños paseriformes insectívoros, además de otras aves y algunos mamíferos.

Al mismo tiempo, los cadáveres de carpa fueron colonizados por una gran cantidad de invertebrados. Los investigadores estimaron más de 200.000 individuos en el conjunto de las acumulaciones estudiadas. Las larvas de dípteros fueron el grupo más abundante, seguidas de las larvas de derméstidos.

Estos resultados muestran que un pez muerto puede generar una comunidad mucho más amplia de organismos que la que se observa simplemente cuando un animal consume directamente la carroña.

La cadena alimentaria cambia durante la descomposición

El estudio también demuestra que la importancia de los diferentes consumidores varía a medida que los peces se descomponen. Los vertebrados que consumían directamente los peces tendieron a ser más abundantes durante las primeras fases de la descomposición. En cambio, los animales que se alimentaban de los invertebrados presentes en los cadáveres aumentaron con el paso del tiempo.

Este comportamiento coincidió con los cambios registrados en la comunidad de invertebrados. Su abundancia aumentó inicialmente y posteriormente disminuyó a medida que avanzaba la descomposición de los peces.

De esta forma, el cadáver pasa por diferentes fases en las que cambia su importancia como recurso alimenticio y modifica también las especies que se acercan a él.

Los peces muertos conectan los ecosistemas acuáticos y terrestres

Según han señalado los investigadores, “los resultados muestran que una gran acumulación de peces muertos no es simplemente un recurso para los animales que comen carroña. Estos cadáveres generan una comunidad de invertebrados asociada que, a su vez, se convierte en alimento para otros vertebrados”.

Los resultados apuntan así a un mecanismo de transferencia de energía entre ecosistemas. Los invertebrados actúan como intermediarios entre los ecosistemas acuáticos y terrestres, facilitando que una parte de la energía procedente de los peces muertos llegue a animales que viven y se alimentan en tierra.

El fenómeno convierte las grandes acumulaciones de peces muertos en auténticos puntos calientes de actividad trófica en los humedales, donde interactúan diferentes grupos de organismos y distintos niveles de la cadena alimentaria.

Esto significa que la importancia ecológica de una mortandad de peces puede ir mucho más allá de los animales que consumen directamente los cadáveres. A través de los invertebrados, la biomasa de los peces puede incorporarse a otras comunidades y generar nuevas interacciones entre especies.

Qué importancia tienen las grandes mortandades de peces

La relevancia de este fenómeno puede aumentar a medida que se intensifiquen los episodios de mortalidad masiva asociados al cambio global. Sequías, temperaturas extremas y falta de oxígeno pueden provocar grandes concentraciones de animales muertos y, con ellas, enormes pulsos de biomasa disponibles para las comunidades del entorno.

Comprender cómo se incorpora esta biomasa a las redes tróficas permitirá conocer mejor sus posibles consecuencias sobre la estructura de las comunidades, la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas.

La investigación realizada en El Hondo aporta así una nueva perspectiva sobre qué ocurre después de una gran mortandad de peces: los cadáveres no desaparecen simplemente ni son aprovechados únicamente por los animales carroñeros, sino que pueden desencadenar una compleja cadena de interacciones ecológicas.