Los embalses pueden emitir mucho más metano durante los periodos de sequía de lo que se pensaba hasta ahora. Una investigación de la Universidad de Granada (UGR) ha demostrado que el descenso de las reservas de agua favorece la liberación de este potente gas de efecto invernadero, un fenómeno que podría intensificarse en las próximas décadas como consecuencia del cambio climático.

El trabajo, desarrollado por investigadores de los departamentos de Ingeniería Civil y Ecología de la UGR integrados en la Unidad de Excelencia Modeling Nature, aporta una de las monitorizaciones más completas realizadas hasta ahora en un embalse español. Los resultados, publicados en la revista científica Global Change Biology, reducen la incertidumbre sobre el papel que desempeñan estos ecosistemas en el balance global de carbono.
El embalse de Cubillas revela cómo cambian las emisiones de metano
Aunque los ecosistemas acuáticos continentales, como lagos y embalses, ocupan una pequeña parte de la superficie terrestre, se estima que generan más del 40 % de las emisiones mundiales de metano procedentes de aguas continentales. Sin embargo, la mayor parte de los estudios disponibles se basaban hasta ahora en mediciones puntuales, lo que dificultaba conocer el comportamiento real de estos sistemas.
Para superar esta limitación, el equipo formado, entre otros, por Isabel Reche Cañabate, Francisco Rueda Valdivia y Cintia L. Ramón empleó la técnica micrometeorológica conocida como covarianza de remolinos (eddy covariance), capaz de medir de forma continua el intercambio de gases entre la superficie del agua y la atmósfera en áreas extensas.
Primera aplicación en España de esta tecnología en un embalse
La investigación se llevó a cabo en el embalse de Cubillas, donde los científicos instalaron una plataforma flotante equipada con una torre de medición. Se trata de la primera vez que esta tecnología se utiliza en España desde una plataforma flotante para monitorizar de forma continua las emisiones de dióxido de carbono y metano en un embalse.
Durante dos años, en periodos con condiciones hidrológicas muy diferentes, el sistema registró de manera ininterrumpida las emisiones de ambos gases de efecto invernadero. Los datos confirmaron que el embalse actúa de forma constante como fuente tanto de dióxido de carbono como de metano, pero también revelaron un aspecto que los métodos convencionales apenas detectaban: las emisiones de metano pueden variar de forma muy rápida a lo largo del tiempo.
Las mediciones continuas permitieron identificar fluctuaciones diarias y episodios de emisión que pasan desapercibidos cuando únicamente se realizan muestreos puntuales.
Las sequías favorecen la liberación de metano
Los resultados muestran que las emisiones de dióxido de carbono permanecieron relativamente estables, mientras que las de metano aumentaron significativamente durante los años más secos y cuando descendían las reservas hídricas.
Según explica el estudio, la reducción del nivel del agua favorece distintos procesos biogeoquímicos en los sedimentos que incrementan la producción y liberación de metano, especialmente mediante fenómenos de ebullición. Además, factores como el viento o la eutrofización también pueden modificar la intensidad de estas emisiones.
Una herramienta para mejorar la gestión del agua frente al cambio climático
Los investigadores destacan que este trabajo pone de manifiesto la necesidad de implantar sistemas de monitorización continua para comprender mejor el funcionamiento de los embalses y mejorar la capacidad para predecir su contribución al balance global de gases de efecto invernadero.
La información obtenida también puede resultar útil para desarrollar estrategias de gestión más sostenibles de los recursos hídricos, especialmente en regiones mediterráneas donde las sequías serán previsiblemente más frecuentes e intensas.
El estudio recuerda además que el metano posee una capacidad de calentamiento muy superior a la del dióxido de carbono en el corto plazo. Por ello, el incremento previsto de las sequías y de los procesos de eutrofización podría aumentar de forma significativa las emisiones de metano de los embalses mediterráneos, reforzando su papel como fuente de gases de efecto invernadero.












