Evitan una amputación de un miembro infectado con un virus que se come las bacterias

Una terapia personalizada con un bacteriófago permitió eliminar una infección causada por la bacteria multirresistente Klebsiella pneumoniae en un paciente de 52 años y evitar la amputación de una extremidad que había sido planteada ante el riesgo de que la infección se extendiera al torrente sanguíneo.

El tratamiento fue liderado por el Grupo de Virología Ambiental y Biomédica del Instituto de Biología Integrativa de Sistemas (I2SYSBIO), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Valencia, en colaboración con el Hospital General de la Defensa de Zaragoza.

El caso, publicado en el International Journal of Infectious Diseases, muestra el potencial de la fagoterapia personalizada como tratamiento complementario frente a infecciones complejas para las que los antibióticos disponibles resultan insuficientes.

Un paciente con una infección resistente a los antibióticos

El paciente había sufrido graves heridas durante un conflicto bélico en 2022 y tuvo que someterse a varias intervenciones quirúrgicas. Posteriormente desarrolló una infección por Klebsiella pneumoniae multirresistente que persistió pese a los tratamientos antibióticos empleados.

La infección afectaba a una zona que había sufrido daños importantes, lo que dificultaba su tratamiento y aumentaba el riesgo de complicaciones. Ante la persistencia de la bacteria y la posibilidad de que la infección alcanzara el torrente sanguíneo, el equipo médico llegó a plantear la amputación de la extremidad.

Fue entonces cuando los médicos recurrieron a la investigadora del I2SYSBIO Pilar Domingo Calap y a su equipo, especializado en el estudio de bacteriófagos.

Un virus seleccionado para atacar a la bacteria

Los bacteriófagos, también llamados fagos, son virus capaces de infectar y destruir determinadas bacterias. A diferencia de los antibióticos, que pueden actuar sobre diferentes grupos de microorganismos, cada bacteriófago presenta una especificidad muy elevada y puede ser seleccionado en función de la bacteria que causa una infección concreta.

En este caso, el equipo de Pilar Domingo Calap seleccionó y caracterizó un bacteriófago con actividad frente a la cepa de K. pneumoniae aislada del paciente. Además, llevó a cabo su producción para poder utilizarlo con fines terapéuticos.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) autorizó el tratamiento bajo un régimen de uso compasivo. La terapia combinó la administración del bacteriófago por vía intravenosa y local con colistina, un antibiótico empleado frente a determinadas infecciones por bacterias multirresistentes.

La bacteria dejó de detectarse al octavo día

La respuesta al tratamiento fue rápida. Al octavo día, K. pneumoniae dejó de detectarse en las muestras obtenidas de la herida, y los análisis posteriores continuaron dando resultados negativos.

Al mismo tiempo, la herida mostró una progresiva cicatrización y el paciente recuperó parcialmente la movilidad del codo. La mejoría clínica se mantuvo durante el periodo de seguimiento y no se observaron efectos adversos asociados al tratamiento descrito en el estudio.

El resultado permitió evitar la amputación que se había planteado ante la persistencia de la infección y su posible progresión.

La fagoterapia busca nuevas opciones frente a bacterias multirresistentes

Las infecciones causadas por bacterias multirresistentes constituyen un problema especialmente complejo cuando aparecen después de heridas profundas, afectan a huesos o se desarrollan alrededor de implantes y prótesis. En estos casos, las opciones terapéuticas pueden ser limitadas y los pacientes pueden necesitar tratamientos prolongados o nuevas intervenciones quirúrgicas.

Los conflictos armados pueden aumentar este riesgo debido a la elevada presencia de heridas graves y a las dificultades de acceso a servicios sanitarios, la escasez de recursos o los retrasos en las intervenciones.

La fagoterapia plantea una vía complementaria a los tratamientos convencionales. Su elevada especificidad permite seleccionar bacteriófagos en función de la bacteria responsable de cada infección y combinarlos con antibióticos y procedimientos quirúrgicos.

Sin embargo, los investigadores subrayan la necesidad de seguir desarrollando estudios clínicos que permitan determinar la eficacia de estos tratamientos y establecer protocolos para su utilización en la práctica clínica. El caso publicado constituye, por tanto, una experiencia individual que aporta evidencia sobre una posible herramienta terapéutica, pero no permite por sí solo establecer la eficacia general de la fagoterapia.