¿Cuántas especies invasoras hay en tu ciudad? Más de la mitad de la población no sabe nombrar ninguna

Más de la mitad de la población no es capaz de nombrar ni siquiera una especie exótica invasora presente en su país. Es la principal conclusión de una investigación internacional liderada por la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC), en Almería, que ha analizado las respuestas de 20.420 personas de 54 países. El estudio concluye que el apoyo social a las medidas de gestión de estas especies es, en general, bajo, y señala que conocer el problema puede favorecer su aceptación.

La cotorra argentina (Myiopsitta monachus), una de las invasoras más conocidas en España.

Las especies exóticas invasoras son organismos que, debido a la acción humana, se establecen y se extienden fuera de su área de distribución natural, causando impactos ecológicos, económicos o sociales. Constituyen uno de los principales factores que impulsan la pérdida de biodiversidad, pero la respuesta frente a ellas no depende únicamente de la investigación científica: también requiere que la población comprenda por qué es necesario actuar.

“Nos ha sorprendido lo limitado que es el conocimiento sobre ellas, algo especialmente preocupante porque su gestión no solo depende del conocimiento científico y de adecuados métodos de gestión, sino también de la aceptación pública de estas medidas”, explica Ana Novoa, investigadora de la EEZA-CSIC y autora principal del estudio.

Qué especies invasoras reconoce la población en España

La investigación revela diferencias importantes entre países en la capacidad de identificar especies exóticas invasoras. En el conjunto de la encuesta, las más citadas fueron los mosquitos del género Aedes, las ratas del género Rattus y el jacinto de agua (Pontederia crassipes). Las tres figuran entre las cien especies invasoras más dañinas del mundo según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En España, las especies más mencionadas fueron la cotorra argentina (Myiopsitta monachus), la avispa asiática (Vespa velutina) y el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii).

Alrededor del 70% de las personas encuestadas en España fue capaz de citar al menos una especie invasora, una de las proporciones más altas entre los 54 países analizados. Solo Turquía, Vietnam y Puerto Rico registraron porcentajes superiores, según los resultados del estudio.

Una encuesta internacional en 54 países y 23 idiomas

Hasta ahora, los estudios sobre el conocimiento y las actitudes de la población frente a las especies invasoras se habían centrado principalmente en regiones concretas, especies determinadas o grupos específicos. Esta investigación amplía la perspectiva con una encuesta global traducida a 23 idiomas y administrada en 54 países, con representación de todos los continentes habitados.

En el trabajo han participado investigadores de 18 países. El cuestionario preguntaba a los participantes qué especies invasoras podían nombrar en su propio país, cuáles eran las tres primeras palabras que asociaban con ellas y cuál era su grado de apoyo a 20 medidas de gestión.

La edad y el nivel educativo influyen en el conocimiento de las especies invasoras

La edad y el nivel educativo son las variables sociodemográficas más estrechamente relacionadas con el conocimiento de las especies exóticas invasoras. Según los resultados, las personas de mayor edad tienen más probabilidades de conocer alguna de ellas que las más jóvenes. También se observa un mayor conocimiento entre quienes cuentan con un nivel educativo más alto.

El lugar de residencia influye asimismo en las respuestas: quienes viven en grandes ciudades tienden a conocer mejor el problema que las personas que residen en ciudades pequeñas o zonas rurales.

Sin embargo, los resultados no respaldan la idea de que vivir en un país con numerosas especies invasoras o con impactos especialmente visibles implique necesariamente una mayor conciencia social.

“Tendemos a pensar que quienes viven en países con muchas especies invasoras o en lugares donde sus impactos son especialmente visibles serán automáticamente más conscientes del problema. Sin embargo, nuestros resultados muestran que esto no es necesariamente así y que las variables sociodemográficas parecen ser más importantes que las características del país en las que se vive”, explica Sven Bacher, de la Universidad de Friburgo (Suiza) y uno de los principales colaboradores del estudio.

Por qué existe poco apoyo a las medidas contra las especies invasoras

El estudio también identifica una relación entre el conocimiento de las especies invasoras y las actitudes hacia su gestión. Las personas que podían nombrar al menos una especie se mostraron más favorables a las medidas destinadas a controlarlas.

Aun así, el respaldo general fue bajo. La mayoría de las medidas incluidas en la encuesta obtuvo el apoyo de menos de la mitad de los participantes y solo el uso de insecticidas fue aceptado por la mayoría. Además, las actuaciones dirigidas a vertebrados recibieron significativamente menos apoyo, un resultado que el equipo investigador atribuye a la mayor carga emocional que pueden generar estos animales.

Para los autores, esta falta de respaldo social supone un obstáculo para aplicar medidas de gestión, incluso cuando cuentan con una base científica sólida.

“La gestión de las invasoras se lleva a cabo en la sociedad, no en un vacío científico. Si las personas no entienden por qué determinadas invasoras son un problema y por qué es necesaria su gestión, incluso las medidas basadas en una sólida evidencia científica pueden ser difíciles de aplicar”, reflexiona Peter Pyšek, director del departamento de Ecología de las Invasiones del Instituto de Botánica de la Academia Checa de Ciencias.

La educación ambiental, clave para gestionar las invasiones biológicas

Los resultados apuntan a la necesidad de reforzar la educación ambiental y la comunicación pública para mejorar el conocimiento sobre las especies exóticas invasoras y favorecer la aceptación de las medidas para gestionarlas.

“Desarrollar mejores métodos de detección no es suficiente si la sociedad no entiende por qué es necesario actuar”, reflexionan los autores. Por ello, consideran fundamentales las iniciativas de educación ambiental y comunicación dirigidas a la ciudadanía, tanto desde las escuelas como a través de los medios de comunicación.

“Una buena comunicación debe explicar qué especies son las que causan problemas, cuáles son esos problemas y por qué se proponen determinadas medidas de gestión”, señala Ross Shackleton, del Instituto Federal Suizo de Investigación. “La participación pública debe formar parte de la gestión de las invasiones desde el inicio, y no ser algo que se añada una vez han surgido los conflictos”, añade.

“Se espera que la crisis de las invasiones biológicas se intensifique, pero nuestros resultados muestran que todavía existe una gran brecha entre cómo los científicos y la población reconocen el problema. Cerrar esta brecha es fundamental para proponer respuestas eficaces y socialmente aceptables frente a las invasoras”, concluye Ana Novoa, de la EEZA-CSIC.