Humanidades

Las escritoras religiosas ‘borradas’ de la historia

Artículo de Amelina Correa Ramón
Profesora de la Universidad de Granada y autora de Las venas de los lirios. De místicas, visionarias y santas vivas en la literatura de Granada (ss. XVI-XX)

La historiadora Asunción Lavrin afirma atinadamente que “La escritura de mujeres religiosas no es un cielo negro con algunas estrellas fugaces. Es más bien todo el universo”. En efecto, hasta hace muy poco tiempo ese campo de estudios ha parecido centrarse en unas escasas -si bien deslumbrantes- estrellas fugaces, aunque ese panorama está cambiando afortunadamente en los últimos años, con un interés académico creciente en torno a la literatura conventual.

Teresa de Jesús.

Porque lo cierto es que, a poco que se profundice en ese terreno, se hace evidente que nos encontramos ante un panorama complejo, poliédrico y extremadamente rico, sólo que con demasiada frecuencia ha pasado desapercibido o ha permanecido escondido en las clausuras. Este volumen, centrado en el ámbito geográfico de Granada -ciudad con historia peculiar, pues fue reino musulmán hasta la tardía fecha de 1492-, ofrece la trayectoria biográfica y literaria de treinta sorprendentes escritoras religiosas, muchas de las cuales yacían por completo en el olvido, pero que pertenecen a nuestro patrimonio literario y cultural, y como tal deben ser reivindicadas y valoradas.

Autobiografías por mandato -donde las religiosas ponían por escrito sus vidas por orden de sus confesores, a fin de que se pudiera examinar si transgredían en algún punto la ortodoxia establecida-, visiones de ángeles o santos y ataques de demonios, profecías, estigmas y una amplia gama de manifestaciones sobrenaturales que incluyen apariciones postmórtem -tan llamativas desde el punto de vista del lector actual, pero que ellas nos narran con la sorprendente sencillez de una integración en lo cotidiano-, la anorexia sagrada y la mortificación suma, el éxtasis y la gloria del matrimonio místico, las ánimas en pena que solicitan sufragios.

Pero también la intensa implicación social, la santidad en vida, la entrega al prójimo, la dedicación a la enseñanza, con mucha frecuencia, de los más desfavorecidos, son algunos de los apasionantes temas que muestra “Las venas de los lirios” (en línea con toda una serie de consolidados estudios dados a conocer en los últimos años), que pretende abrir la puerta para que estas treinta escritoras descubran su universo a los especialistas en la materia, pero también al público lector.

Portada de las Las venas de los lirios.

La genealogía femenina de estas treinta escritoras se evidencia en la influencia que sobre ellas ejercieron figuras como Santa Catalina de Siena, Santa Gertrudis de Helfta, Santa Teresa de Jesús, o, ya de manera más contemporánea, Santa Teresa de Lisieux. Si bien la Orden religiosa que se revela más fecunda en el mundo de las letras es, sin duda alguna, la de las carmelitas descalzas (con figuras señeras como María de la Santísima Trinidad, María de la Cruz o Gabriela Gertrudis de San José), encontramos en este volumen representantes insignes de muy diversas congregaciones, como franciscanas clarisas (Beatriz María de Jesús, Ana de San Jerónimo, Martina de la Misericordia), franciscanas terciarias (María Gertrudis del Corazón de Jesús), carmelitas de la Antigua Observancia (Juana Úrsula de San José), capuchinas (Luciana de Jesús o Úrsula de san Diego), dominicas (Juana Maldonado), jerónimas (Cristina de Arteaga) e incluso el caso excepcional de Catalina de Mendoza, que se convirtió en 1600 en la única mujer profesa en la Compañía de Jesús.

Además, llaman la atención los casos notables de fundadoras del período contemporáneo (finales del siglo XIX-comienzos del XX), como María Emilia Riquelme Zayas- Fernández de Córdoba (beatificada en fecha reciente: noviembre de 2019), Trinidad Carreras Hitos, Teresa Titos Garzón o María Angustias Jiménez Vera. O, de la misma época, el de una religiosa no enclaustrada como fue Conchita Barrecheguren (con proceso de canonización abierto, al igual que en los casos de Trinidad Carreras y Teresa Titos), guiada por el ejemplo de santidad de Santa Teresita del Niño Jesús, y de vida tan efímera como la de su modelo.

En cuanto a los géneros literarios cultivados por nuestras autoras religiosas a lo largo de cinco siglos, evidenciarán una gran riqueza y variedad, encontrándose desde las ya mencionadas autobiografías por mandato, a diarios o epistolarios, obras hagiográficas o ensayísticas, crónicas y tratados doctrinales pero también abundante literatura de creación: narrativa, teatro, y, muy en especial, destaca sin duda alguna el cultivo del género poético, en el que alguna voz sobresale de manera más que notable, cual es el caso de Ana Verdugo de Castilla (sor Ana de San Jerónimo), hermana del ilustrado Conde de Torrepalma, quien sería uno de los principales componentes de la célebre Academia dieciochesca del Buen Gusto, hasta la que llevó incluso los refinados versos de su hermana religiosa, que sobrepasaron, de este modo, los habituales límites del claustro.